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Él fue uno de los encargados de dar al cine de terror español una nueva sensación, una nueva vida al género, y triunfó por todo lo alto con la saga Rec. Este año nos regaló su profesionalidad y su buena conversación en Sitges 2017, donde fue uno de los representantes del jurado en la sección Brigadoon. Recientemente ha sido nominado a los Premios Goya por la Academia de Cine (aquí el listado completo) para ser uno de los posibles candidatos a ganar el Goya a la Mejor dirección por su última cinta, Verónica, que acumula también nominaciones a Mejor guion original, Mejor película, Mejor actriz revelación, Mejor sonido, Mejores efectos especiales y Mejor música original. Efectivamente, os hablamos de Paco Plaza. Y esto es lo que nos contó:

¿Qué destacarías de la sección de los Cortometrajes de Brigadoon en Sitges de la que has sido jurado?

Paco Plaza: Lo que me ha gustado es que entre la selección había cuatro cortometrajes españoles y cuatro extranjeros, y me ha satisfecho mucho que los españoles tengan un nivel bastante más alto, hay cantera. Brigadoon es la masía de Sitges y es de donde salen los que están llamados a seguir haciendo cine de terror en los próximos lustros, y creo que estamos en buenas manos: hay mucho talento emergente.

Imaginamos que habrás visto la película Musa, de tu compañero y amigo Jaume Balagueró.

P. P.: Sí, la vi antes de Sitges. Demuestra que Jaume es uno de los grandes maestros del fantástico español. Tiene ese tono como de película de brujas de Argento, mezclado con su elegancia. Quizá es la película que más me ha gustado de este festival.

¿Qué crees que regala Verónica al género de terror?

P. P.: He intentado a hacer la mejor película posible, una película que sigue unos patrones bastante clásicos en cuanto a trama, pero lo que me gustaba era sumergirme en las raíces de España. Crear una historia que hemos visto ambientada en diferentes lugares; acercarnos a un territorio tan propio como son los bloques de edificios. En este caso se rodó en Madrid, en Vallecas, pero si hubiese sido en Barcelona hubiéramos ido a Bellvitge a rodar, o si fuese en Valencia en la Avenida de la Plata… Apela a un sentimiento de extrarradio que es muy propio nuestro; es el equivalente a la mansión gótica inglesa o a la cabaña en el bosque norteamericana que nosotros aquí no tenemos. Aquí tenemos bloques inmensos llenos de gente con ropa tendida fuera. Mi interés era traer una historia de terror clásica a nuestro entorno para hacerla más reconocible.

¿Por qué crees que enganchan tanto este tipo de películas basadas en hechos reales?

P. P.: No sé si el hecho de estar basada en hechos reales en sí mismo es un estímulo para el espectador. Sí creo que hay un plus de inquietud cuando sabes que algo similar sucedió. Lo que pasa es que cualquier historia que cuentas se convierte en una ficción, no hay más que ver los informativos. Cualquier cosa que pasa por el filtro de la persona que lo explica se convierte en mentira automáticamente, porque la verdad no existe. Entonces hay que ser muy cuidadoso cuando decimos que algo está basado en hechos reales, porque, dependiendo de quién lo cuente, las cosas son de una manera o son de otra. Hay que asumir que la denominación “inspirada en hechos reales” sí te apela para sugestionarte a que algo similar a lo que cuenta la película pueda haber pasado, pero siendo consciente de que estás elaborando una ficción.

¿Te esperabas estar dentro del Top Ten de la taquilla cinematográfica durante tantas semanas, y más siendo un filme de terror, un género que está tan descuidado?

P. P.: La verdad es que la reacción del público nos ha sorprendido muy gratamente. Yo entiendo el cine como una manera de comunicarte con los demás, y entonces sí que aspiras a que a cuanta más gente vea la película, mejor. Aspiras a intentar seducirles y que encuentren elementos que les hagan “tilín” y que les hagan sentir que les apetece ver la película, porque al fin y al cabo haces la película para el público. Lo que me ha sorprendido ha sido el cariño que nos ha dado la gente de vuelta. He recordado muchas sensaciones que tuvimos cuando Jaume y yo hicimos Rec, que la gente por la calle nos decía que lo habían pasado fenomenal viendo la película, y esta es la satisfacción más grande que puedes sentir como cineasta, mucho más que las cifras de taquilla o que las críticas: el pensar que has conseguido emocionar a alguien.

Todo está medido en Verónica (la ambientación, el vestuario, la banda sonora…), sobre todo para la gente de la época, los que vivieron durante los años 90.

P. P.: Todo el equipo somos más o menos de la misma edad y tenemos una infancia común que hemos volcado en la película. El despertador del gallo era el que tenía mi hermana; yo tenía las estrellitas en el techo pegadas… Hemos tirado mucho de una memoria emocional común que tenemos para intentar generar la sensación de que esto sucedió en un momento concreto. De hecho, hay un problema cuando no terminas de entender dónde suceden las películas. A mí me pasa como espectador, por ejemplo. Me gusta mucho una película que sucede en Tokio, o en Estocolmo. Me permite hacer una ventanita y asomarme a cómo se vive en ese lugar y en ese momento. Creo que hemos dado en la diana al contemplar esa España preolímpica que era nuestra infancia.

¿Qué crees que hace de singular el festival de Sitges, ya con 50 años a sus espaldas, comparado con otros festivales del mismo género?

P. P.: Voy a robar una frase que me dijo Jaume y es que es verdad: “Sitges es un festival que genera películas”. Cuando venimos con una película aquí, intentamos buscar cualquier excusa para meternos a ver más películas. Es un festival que te alimenta como espectador, del que sales con ganas de hacer cine y acabas conociendo a gente. Por ejemplo, Jaume y yo nos conocimos aquí, J. Bayona y yo también, con Enrique López Lavigne también… Con mucha gente coincides aquí haciendo colas, viendo películas que luego comentas. Sitges no solo recibe cine, sino que también genera cine. Eso lo hace único. Hay una sensación de comunidad, año tras año, entre la misma gente que nos vamos encontrado, que es muy bonito.

Nos gustó mucho una declaración tuya en la que decías que Sitges es “un refugio para monstruitos”…

P. P.: Sitges es el sitio donde mucha gente que a lo largo de nuestra vida nos hemos sentido un poco raros, de repente hemos salido mucho más raros. Hay gente igual de friki que tú, que tiene los mismos gustos y que, cuando decapitan a alguien, se ríe, y con un gusto por una estética, por una manera de entender el terror muy lúdica. Sitges sí genera un sentido de pertenencia, y eso es muy bonito. Es un sitio donde sabes que estás seguro, que estás rodeado de gente como tú. Es un check point que hay en el año: aguantas tonterías el resto del año, pero aquí vamos a lo que vamos.

¿Recuerdas cuándo descubriste este género? ¿Hay alguna película que te marcase en especial?

P. P.: La película que más me impactó en mi vida fue la de El increíble hombre menguante, que la puso Chicho en Mis terrores favoritos, y recuerdo especialmente una imagen, que si no la habéis visto la recomiendo, porque es la mejor película de la historia del cine. Pues hay una escena en la que un hombre se va haciendo pequeñito y se tiene que enfrentar a una araña que se ha hecho grande porque él es pequeño. Pues cuando se enfrenta a ella, coge un alfiler, que es como una espada para él. Y esa imagen hizo un clic como una palomita de maíz en mi cabeza. Ahí fue cuando descubrí que el fantástico es la mejor manera para aproximarse más a la realidad y para hablar de lo que de verdad importa.

Hay que hacer bien lo que se hizo mal, porque aquello de lo que no te despides se queda contigo… Lamentamos decirte, Paco, que tú lo has hecho muy pero que muy bien desde el principio, y que este triunfo con premios o sin premios (estamos seguros de que con) se queda por y para siempre contigo.

 María Páez

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