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Superficie blanca, plana y lisa, de materia textil o plástico, sobre la que se proyectan imágenes cinematográficas o fotográficas. Superficie de un aparato de televisión, de una computadora, etc., en la que se forma la imagen. Esta es la definición que se encuentra en el diccionario del término “pantalla”. Este dispositivo es un constante en nuestro día a día: en nuestro salón, en nuestro despacho… La disfrutamos en la sala de cine y hasta en nuestro bolsillo. Ha tomado diversas formas a lo largo de su historia, y de esta evolución habla Israel Márquez en su libro UNA GENEALOGÍA DE LA PANTALLA, publicado en Anagrama.

El libro de este doctor en Ciencias de la Información repasa los antepasados de este objeto. Como bien comienza el texto: “Vivimos rodeados de pantallas”. Y es cierto: es algo omnipresente en nuestro día a día. El libro comienza en los orígenes de la pantalla, ubicada en la sala de cine, hasta aterrizar en el teléfono móvil. Y es que la transformación de esta ha conllevado un “ mododiferente de acceso, experiencia y recepción” y, por tanto, un cambio sociológico interesante que incide directamente en el público. Márquez titula cada capítulo con la palabra “pantalla” acompañada de un adjetivo: pantalla antropológica, pequeña pantalla, pantalla videolúdica, etc. Luego los subdivide en apartados más específicos. Siempre comienza con una cita, bien de una pieza literaria, bien de algún ensayo, que recalca el sentido de lo que a continuación narra (detalle metafórico que decora con acierto este estudio). El primer capítulo obviamente se refiere al cine, el segundo a la televisión, y finiquita la obra con la aparición de los teléfonos móviles. Además de explicar de manera asequible la técnica, acompaña siempre el texto con anécdotas históricas interesantes para todo cinéfilo y entendido en medios de comunicación. Y lo más importante: el escritor señala los efectos que marcan las novedades en el público. En esto hace mucho hincapié porque, tratándose de algo lúdico, toda innovación conlleva unas consecuencias en la sociedad.

 

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Márquez habla de los comportamientos de los espectadores, o mejor dicho, los consumidores de esa pantalla que, al igual que esta, progresan como espectadores. Si aquel hombre que fue a la proyección de los Lumière en 1895 percibía aquello de manera novedosa y abriéndose ante él una nueva realidad, la familia media americana que se reunía delante del televisor entendía eso como un comportamiento propio e integrado en su vida. Así hasta llegar al adolescente, cada vez más pendiente de sus mensajes de WhatsApp y de los avisos que le llegan de Twitter y Facebook a su móvil. A medida que su versatilidad avanza, la sociedad cambia. Los asistentes a la sala de cine admirarán a las grandes estrellas de Hollywood en formato Cinemascope. Tras muchos avances, acudirán a las salas para apreciar experiencias visuales únicas como AVATAR (eso en un espacio público; en casa la situación también avanza paralelamente). El televisor irrumpirá y, como afirma Márquez, junto con el frigorífico, sitiará al espectador ya en la comodidad de su hogar. ¿Se convierte en un ser menos social? No. Con sus mensajes, este receptor interactúa luego con sus allegados, compra lo que le marca la publicidad y habla de las series con sus amistades. Los comportamientos evolucionan, al igual que los contenidos (la telerrealidad es un ejemplo de ello). No menos importante es la aparición del ordenador en casa, que cambia la comunicación por completo, igual que los videojuegos, donde ese espectador es el protagonista o tiene la posibilidad de vivir otras vidas, como en Second Life.

 

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El receptor del mensaje recibe diferentes nombres a lo largo de la genealogía de la protagonista: desde flaneurs (“paseantes” en francés) hasta “danzantes”, dada su interacción con los nuevos aparatos que tiene a su alcance. Nuestra implicación ha cambiado con la transformación de la pantalla. Esta aparece en diferentes ambientes, y en cada entorno avanza de forma diferente, ofreciendo variadas opciones (sin desaparecer de las ubicaciones antiguas, como pasó con la aparición de la televisión).

El libro es un complemento perfecto para todo amante del mundo audiovisual. El autor es reiterativo en la explicación de los efectos en el público, porque ellos padecerán los efectos de esta protagonista. Su estudio recopila citas de grandes teóricos de la comunicación, como el profesor Marshall McLuhan, el sociólogo Gilles Lipovetsky o el filósofo Slavoj Zizek, y Márquez recoge las deducciones más interesantes de ellos. Porque, como bien sabemos, nuestra vida está ligada a ella. Invisible, táctil, mágica… La pantalla cambia y su historia no se acaba. Veamos cómo incide en nosotros. Mientras, disfrutemos de esta lectura.

 

 

María Aller

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