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Entre NIJINSKY y TREN DE NOCHE A LISBOA han pasado 34 años. Más de 3 décadas desde que un joven JEREMY IRONS, prototipo ya por aquel entonces de lo que se denomina “british gentleman” hiciera su incursión en la gran pantalla y decidiera que lo suyo era eso de actuar. Y más que actuar, de vivir en y por la actuación. De seducir a jóvenes estudiantes en LOLITA, evangelizar tribus indígenas en LA MISIÓN o enmascararse tras el mosquetero Aramis en EL HOMBRE DE LA MÁSCARA DE HIERRO. De pasar de 18 a 80 años, de adelgazar a engordar, de mimetizarse con un personaje hasta convertirse en uno sólo. Las 1001 caras conocidas por todos de un hombre que en realidad sólo tiene una. Y que, 34 años después, sigue sin cambiar. Misma mirada caída. Mismo encanto genuino. La sonrisa espontánea de quien es actor, artista, padre y, ante todo, humano. Y de quien, ataviado con ese estilo ‘gentleman/bohemio chic’ que le caracteriza, vuelve a Madrid para presentar su último proyecto, TREN DE NOCHE A LISBOA, ‘un viaje emocional invisible, una película para esas personas que aprecian lo glorioso de los momentos que suelen ser ignorados y robados’. No merece la pena debatir si esta producción produce esos sentimientos de los que IRONS habla o no. Lo único que está fuera de debate es que, con su grave voz que por momentos parece que nos someta a un examen de first certificate, lo que es seguro es que roba toda la atención de su interlocutor. Y qué suerte poder haber sido uno de ellos.

Pese a una extensa filmografía a sus espaldas, rodar sigue suponiendo para IRONS un reto, ‘en este caso, era no hacer nada. Contenerme. A los actores nos encanta actuar, hacer cosas, ser activos. Mi reto ha sido hacer todo lo contrario’. Y un reto que, en su caso, llega a obsesionar: ‘Sufro obsesión cada vez que me enfrento a una nueva película. Mi vida es una serie de obsesiones’. Su última obsesión, TREN DE NOCHE A LISBOA, le sumerge en la piel de un profesor suizo de lenguas clásicas que, tras salvar la vida a una joven, y con un libro y un billete de tren perdidos como culpables, decide abandonar su trabajo y lo que hasta entonces era su vida por Lisboa y la esperanza de encontrar una vida que, sin haberla experimentado, siente como suya. ‘Un personaje totalmente opuesto a mi, que hasta ese encuentro fortuito controla sus decisiones. Las mías se basan en impulsos, en lo que siento. A él le cambia toda su vida sólo un tren, a mi no. Cuanto más envejezco, valoro más pasar tiempo con personas en cuya compañía me siento a gusto y haciendo películas en las que realmente me siento bien. No me arrepiento de nada y volvería a coger todos y cada uno de los trenes que en su día elegí a nivel profesional y personal, pero no sólo una de esas oportunidades ha cambiado mi vida radicalmente’.

 

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Y es que la vida de JEREMY IRONS, a nivel profesional, ha estado llena de oportunidades, de trenes conocidos por todos, ‘de historias que necesitamos para sacudirnos, para cambiarnos, esa es una de las funciones del arte’. Una montaña rusa como la que suele suponer una carrera en el mundo del séptimo arte, donde Irons ha sufrido algún fracaso, ‘lo que recuerdo es el placer del dolor, los momentos difíciles, los altibajos durante un rodaje. El producto final, que tenga o no algo que ver con lo que tú recuerdes, es lo de menos’, pero también éxitos: ‘¿De qué me siento orgulloso? LOLITA, LA MISIÓN, INSEPARABLES, EL MISTERIO VON BULOW, LA CASA DE LOS ESPÍRITUS… ¡Y TREN DE NOCHE A LISBOA!’.

Una carrera de 34 años donde, Oscar, Emmys, Tony, SAG y Globo de Oro aparte, ha sido capaz de conquistar y permanecer en la memoria de varias generaciones, pese a su reticencia a creerlo en algunos casos: ’Es curioso cómo he hecho películas para jóvenes de hoy en día como ERAGON o HERMOSAS CRIATURAS, pero siempre me recuerdan por papeles como el de Scar en EL REY LEÓN, que teóricamente deberían ser ajenos a una generación. Fue un gran fenómeno del que me siento aún hoy orgulloso de pertenecer. Por ejemplo, probablemente si preguntaras a mis hijos ese sería uno de los primeros papeles que te dijeran. No creo que se hayan olvidado de cómo les perseguía por la casa entonando con la voz de Scar sus nombres cuando uno de ellos se portaba mal. Y pese a su edad, tampoco creo que hayan visto aún LOLITA. Es curioso, como te decía antes. Un trauma que prefirieron ahorrarse, según me dijeron. Peor para ellos, ¡es una lección interpretativa magistral! (risas)’.

Hablamos con un actor, un artista, un padre, pero también un ser humano, un ciudadano con opinión propia, muy crítico con el sistema y muy concienciado con la situación actual: ‘Vivimos bajo la ilusión de una democracia. El hecho de cada 5 años echar una papeleta en una urna no creo que marque mucha diferencia en nuestras vidas. No las controlamos nosotros, nos controlan las grandes multinacionales, amorales. Nos dicen que estamos saliendo de una crisis, pero yo creo que no, que las cosas deben cambiar y que no pueden hacerlo cuando siguen arriba los mismos, atrapados en una espiral ridícula de intereses, outsourcing y explotación. Debemos adaptarnos a un nuevo mundo de recursos limitados, pero es algo que los gobiernos y su política de consumismo no contemplan y nos lleva hacia el caos. Restar poder al control de las multinacionales, ganar menos y trabajar menos, pero todos, dos días a la semana quizás, pero reducir ese enorme desfase entre ricos y pobres’.

 

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Y esto no nos sorprende. Embajador de la FAO, es frecuente ver a JEREMY IRONS implicado en campañas y charlas que fomentan el cambio de ciertas conductas, como la de sensibilización por el reciclaje, y no es raro escuchar declaraciones similares ante medios. Declaraciones y medios que, por otra parte, le han jugado alguna mala pasada: ‘Los tiempos han cambiado, Internet lo ha hecho posible. Un arma de doble filo. Recuerdo la polémica generada por las declaraciones que hice referentes a la homosexualidad, y cómo todo fue distorsionándose y malinterpretándose. Ya no entro en el juego de Facebook o Twitter’.

Y sí, los tiempos cambian, las generaciones se suceden pero a sus 65 años, IRONS sigue siendo considerado por un amplio sector femenino el gentleman por excelencia y uno de los hombres más atractivos del panorama, lo que además de una carcajada y una amplia sonrisa, le provoca incredulidad: ‘Oh, dios, eso fue hace mucho tiempo, dejo esa tarea a mis hijos, ahora soy muy mayor. ¿Las mujeres siguen pensando eso? Yo sigo pensando en las mujeres (risas). El concepto de ‘ser sexy’ es ambiguo. Para mi es la atracción inesperada’. Una atracción que no niega reconocer por España, que visita con asiduidad y a la que dice adorar: ‘Me encantaría rodar en España. Y lo haré cuando alguien me pregunte y me de un gran guión, porque me encantaría tener una excusa para estar aquí mucho más tiempo. No tengo preferencias de con quién trabajar, Almodóvar por decir alguien, pero hay grandes directores aquí’.

No se puede decir que JEREMY IRONS no sea un hombre viajado. Sus intereses y motivaciones personales y su extensa carrera le han hecho visitar un gran número de países, y no duda en hablar de sus ciudades predilectas, comenzando por su última localización de rodaje, Lisboa, ‘su arquitectura destartalada, su encanto decaído, su cercanía con los ríos. Para mi el placer está asociado con el contraste. Las ciudades son como las personas, te gustan y te atraen por razones distintas, por razones que realmente no sabes explicar, y por eso precisamente te gustan. Madrid es energía, me encanta. Sevilla, Barcelona, España entera, con su gente, sus mujeres, su gastronomía, su espíritu… París, Venecia, Estambul, Nueva York, pese a que no sé si me gustaría vivir allí. Dublín, donde paso mucho tiempo. Londres, de la que me siento muy orgulloso, donde tienes que andar calles y calles hasta encontrar un inglés. Maravilloso’.

 

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‘Es la idea del placer, el contraste, el cambio. Llegar y experimentar, captar la luz, el olor, esas diferencias a las que, después de 2 o 3 días, te acostumbras’. Y es que reconoce que, pese a esto, pocas oportunidades le dejan los rodajes para aclimatarse a una ciudad: ‘No pasa con frecuencia que pueda llegar a conocer las ciudades en las que trabajo, pero he tenido la suerte de vivir 15 meses en Budapest y te redescubre toda esa idea de los contrastes, de dejarte sorprender, por lo bueno y por lo malo, y poder llegar a apreciar lo desconocido. Tener una moto en el rodaje fue uno de los mayores placeres, me permitió descubrir países como Rumania e Italia. Y por supuesto el llevar falda todos los días (risas).’

Las décadas de experiencia en la profesión no sirven para ocultar la ilusión que siente por nuevos proyectos. Y es que tener todo ganado no le impide al británico seguir disfrutando de una profesión tanto o más que el primer día, ‘el año que viene interpretaré a Alfred, el mayordomo de Batman, en los zapatos de MICHAEL CAINE, grandes pero no en sentido literal (risas). Tengo también unas cuantas películas independientes, de las que prefiero no hablar mucho, son como plumas que van volando en el aire. También haré una obra de teatro que me mantendrá ocupado la mayoría del año.’

Y pese a seguir afrontando retos y no tener miedo a las nuevas experiencias que su carrera le pueda aportar, el actor también tiene inseguridades. ¿Una de ellas? Trabajar con sus hijos: ‘Quizás algún día, me gustaría, pero tengo mis reticencias. Samuel es un gran fotógrafo, Max es un gran actor, ambos artistas que saben forjarse un camino por su cuenta. Quizás juntarnos al final fuera mala idea. O quizás no. Quizás yo terminara siendo muy mandón, y ellos muy desobedientes (risas)’.

 

A continuación podéis ver todas las fotos del photocall vespertino así como del de la premiere de TREN DE NOCHE A LISBOA, presentada por JEREMY IRONS.

 

 

 

Lydia Martinez

 

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