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The OA El Palomitrón

Envuelta de misterio (y muy pocos días después de que se hiciese público su primer tráiler), hoy llega a Netflix The OA. La serie aparece en un momento de gran esplendor para la plataforma: varias de sus producciones (Stranger Things, The Crown…) han recibido nominaciones importantes tanto en los SAG como en los Globos de Oro. Además, Netflix ha conseguido crear un fenómeno de culto masivo alrededor de la fascinante Stranger Things. Asimismo, The OA tiene todos los elementos para convertirse en la serie de la que todo el mundo hablará estas navidades: un universo propio muy rico, grandes personajes y actuaciones y una fuerza emocional que puede derribar hasta al más escéptico.

La creadora y guionista de la serie es Brit Marling (Orígenes), quien posee una fuerte legión de fans a raíz de películas como Sound of My Voice y The East. A su lado, tanto en la labor de creación como de guion, se encuentra su fiel colaborador Zal Batmanglij, que también dirige todos los episodios. Pese a contar con solo tres pelis en su trayectoria como realizador (las tres escritas y protagonizadas por Brit Marling), está a la altura de la historia en todo momento. Su aportación más interesante son sus planos, muy próximos al actor, con el fondo desenfocado (similares a los de El hijo de Saúl), que nos provocan desasosiego e intriga. Las caras más conocidas del reparto son Brit MarlingEmory Cohen (Brooklyn, Cruce de caminos), Jason Isaacs (Lucius Malfoy en Harry Potter) y la sevillana Paz Vega (Lucía y el sexo).

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Análisis del episodio piloto (sin spoilers)

La primera regla de un buen piloto es captar la atención del espectador desde el primer segundo. The OA sobresale en este punto. La sorpresa es un elemento intrínseco a la serie desde la primera imagen cuando subvierte nuestras expectativas usando un aspect ratio muy inusual. Las secuencias posteriores son muy intensas y la guionista no afloja el ritmo hasta el minuto 20. En este momento le toca cumplir.
La segunda regla de un buen piloto es condensar todo el universo de la historia (aunque sean solo pequeños destellos de información que cobraran sentido más tarde). Todas las piezas son puestas sobre la mesa en esta primera hora de The OA: personajes, espacios y conceptos. Hablemos detalladamente de cada uno.

Pese a que algunas introducciones de personajes son un poco simples, todos ellos tienen detrás un buen trabajo de guion que los va perfilando y que consigue que nuestro interés por ellos aumente de forma exponencial a medida que la historia se desarrolla. El cincuenta por ciento de este mérito es de los actores. Brit Marling compone una protagonista con muchas aristas, sabe aprovechar cada giro que el guion le da al personaje. Junto a ella, los viscerales Patrick Gibson y Emory Cohen, el debutante pero no por eso menos brillante Ian Alexander, los más sutiles Brandon Perea y Riz Ahmed, el terrorífico Jason Isaacs y las veteranas Phyllis Smith (crea el personaje más entrañable), Alice Krige (tiene un par de monólogos sublimes en un restaurante) y Scott Wilson.

The OA hace un uso brillante de los espacios: cada localización, aparte de encajar coherentemente con la trama, también funciona a nivel conceptual. De esta manera, una casa abandonada es el sitio de encuentro de un grupo que quiere reconstruir las cosas, un laboratorio se encuentra rodeado de vegetación o un área comercial puede ser un síntoma de la soledad de un personaje. La serie también juega con las formas y patrones contenidos en estos espacios subrayando el componente onírico y surrealista de la realidad. El mejor ejemplo de esto es un plano en el episodio 7 de un edificio del FBI que habíamos visto anteriormente, pero no desde esta perspectiva. Como los personajes, las localizaciones cambian con el tiempo y desafían nuestras asunciones.

Ahora, hablemos de los conceptos que baraja la serie. Como en muchas otras series contemporáneas (Leftovers), hay una apuesta por la épica de lo trascendental, acompañada por unos diseños visuales sobrecogedores. En esta línea se tocan temas como la muerte, la conexión espiritual entre individuos, los límites de la ciencia… A nivel más terrenal, trata cuestiones como la pérdida de un ser querido, la discriminación por identidad y orientación sexual, las relaciones paternofiliales (por enésima vez en la ficción actual, el vínculo fuerte es con la figura paterna y la materna asume un rol secundario), la conexión entre personas en situaciones de riesgo, las terapias en grupo…

Para acabar con todo lo referente al piloto, un breve apunte sobre la genialidad que supone la inserción de los créditos iniciales. Este momento tiene una fuerza que te convencerá para que sigas adelante con la serie. Hablando de créditos, también merecen una mención los misteriosos créditos finales.

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Breve análisis de los demás episodios (con spoilers)

Si no has visto TODOS los episodios hasta el último segundo, no sigas

Brit Marling mantiene muy bien la tensión en todo momento y constantemente desafía las expectativas del público. Especialmente ingenioso es el doble giro final del último episodio. Primero se nos presenta una revelación interesante, pero tan usada en cine y televisión que no tiene ningún impacto; parecía que la serie iba a descarrilar en el mismo lugar en el que lo hizo Mr. Robot. No obstante, Marling aprovecha esto para distraernos de cara al gran truco final, que sí tiene un impacto estratosférico en el espectador. Todas las horas invertidas tienen una gran recompensa en estos últimos minutos acompañados de una poderosa banda sonora. Es curioso que la serie trace esta parábola espiritual para acabar retratando un conflicto tan horriblemente real y por desgracia tan común en los Estados Unidos como son las masacres en los colegios.

La única pega que le encontramos en el guion es la irregular gestión de los tempos de la narrativa, puesto que los últimos episodios duran mucho menos.

En resumen, The OA es una gran serie y tiene todos los elementos para convertirse en un fenómeno: niños, personajes “marginados” por la sociedad, misterio, mundos oníricos… Es posible que a mucha gente le tire atrás toda la porción espiritual de la serie, pero está bien compensada con todas las otras tramas y tiene una justificación al final.

Pau Jané

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