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ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers y no es recomendable leerlo sin haber visualizado la primera temporada al completo

El 16 de diciembre llegaba a Netflix su nueva producción propia: The OA. Una serie dirigida y creada por Zal Batmanglij (The East) y Brit Marling (Orígenes), que además de co- creadora es la protagonista. La serie nos presenta a Prairie Johnson, una chica ciega que desaparece siendo joven y vuelve al cabo de los años a su hogar. ¿La novedad? Cuando vuelve, puede ver. Ante tales acontecimientos, su comunidad natal se revoluciona y Prairie, envuelta de nuevo en la investigación que había abierto el FBI años antes, encuentra amistad en cinco personas totalmente diferentes que tendrán que ayudarla a conseguir una extraña pero embaucadora misión.

Un universo propio

La serie nos presenta un formato alternativo a las grandes superproducciones fantásticas estadounidenses, tanto en su guion como en su fotografía, donde se le da importancia a la cámara en mano y se trata una notable fotografía de la mano de Lol Crawley (Utopía).

Gracias a la fotografía y al diseño de vestuario con el que cuenta la producción, desde el principio nos adentramos tanto en el pueblo ubicado en el presente como en el sótano-laboratorio narrado en flashback, escenarios donde se desarrollarán parte de las principales tramas. Asimismo, las elecciones de exteriores ajenas a estas ubicaciones (desde planos aéreos de bosques hasta la ciudad de Cuba) siguen la misma homogeneidad visual.

El mayor contrapunto se encuentra en los viajes que realiza Prairie “al otro lado”, constituido como un universo donde la oscuridad destaca salpicada por innumerables puntos de luz, creando un ambiente fantástico y de ensueño que carece de sentido lógico, tal y como podría caber imaginar un lugar situado “en ninguna parte”, tanto espaciotemporalmente como de la existencia humana. La figura de Khatun (Hiam Abbass), envuelta en un halo de misterio tribal deshumanizado, contribuye a la fantasía en la que, en puntos clave de su vida, Prairie recibe ayuda.

A pesar de la construcción fantástica en estos breves episodios de ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte), la serie demuestra que no necesita abusar de ese efectismo para sorprender al espectador. Prueba de ello son los cinco cautivos en el sótano del Dr. Hunter (Jason Isaacs) que, tratando de descubrir los diferentes movimientos para abrir el portal interdimensional (entraremos en detalles más abajo), estimulan al espectador con movimientos casi animales provistos de una fuerza hipnótica.

Un reparto enigmático

Respecto al reparto, encontramos caras conocidas, como el actor Jason Isaacs (Capitán Garfio en Peter Pan) en la piel del que será el antagonista por excelencia, que da vida a un científico cuya ansia de conocimiento y avance científico lo llevará a cometer actos moralmente detestables. La elección del actor es magnífica, lo que queda demostrado en la personalidad paternal, arrolladora y ambiciosa del Dr. Hunter.

Frente a él encontramos a nuestra protagonista, Brit Marling, actriz fetiche de Zal Batmanglij con la que colaboró en The East o Sound of my voice. Aquí representa a Nina Azarov/Prairie Johnson (alias OA), una joven con un pasado turbulento, hija del magnate ruso Roman Azarov (Nikolai Nikolaeff) que, con siete años , sufrió su primera ECM, volviendo a la vida pero perdiendo la visión. Desaparecido su padre, Nina pasa a vivir con su tía hasta que es adoptada por Abel (Scott Wilson) y Nancy Johnson (Alice Krige), que le cambian el nombre por Prairie. Vive con ellos hasta que desaparece.

Las actuaciones de ambos, en la piel de padres preocupados que recuperan a su hija tras muchos años sin perder la esperanza, no se convierten en sobreactuaciones, sino más bien en los elementos que dotan de coherencia y estabilidad a una historia totalmente fantástica.

Destaca también la actuación de Emory Cohen (Cruce de caminos) en el papel de Homer, otro de los cautivos del Dr. Hunter del que Prairie se enamora. Existe entre ambos personajes una conexión especial apreciable en las miradas que expresan, ya que, salvo durante dos segundos, en los ocho episodios nunca tienen contacto físico. La fuerza de la interpretación y la transmisión de emociones demuestran así el poder del personaje de Emory.

Completan el grupo de cautivos Scott Brown (Will Brill), Rachel (Sharon Van Etten) y Renata (Paz Vega), cuyas actuaciones, aun estando en un plano secundario, ayudan a completar este núcleo argumental.

En lo narrado en presente, encontramos cinco personajes muy diferentes. “Betty” Broderick-Allen, alias BBA (Phyllis Smith), es una profesora deprimida del instituto; French (Brandon Perea), un estudiante prometedor demasiado exigente consigo mismo; Buck Vu (Ian Alexander), un joven transgénero, y Jesse (Brendan Meyer), un chico huérfano fiel a su amigo Steve Winchell (Patrick Gibson), un joven problemático traficante de drogas totalmente perdido en la vida. Si bien no se profundiza todo lo que nos habría gustado en las tramas de cada uno, serán fundamentales para el desarrollo de la historia de Prairie, a pesar de parecer, a primera vista, los típicos personajes estereotipados.

Viajes interdimensionales y ECM

Las ECM son importantes para el desarrollo de la historia, pero sobre todo para entender la conexión entre Homer y Prairie. Va más allá de una relación amorosa común, por las circunstancias en las que se conocen y por lo que realmente les une. Prueba de ello son los vídeos que Prairie lanza a Internet. Esto puede no tener sentido, pero si nos remontamos al capítulo “Caminos que se cruzan“, en el que el Dr. Hunter le enseña los sonidos de los anillos de Saturno recogidos por la NASA, se explica cómo pueden llegar a registrarse hondas de electrones en el plasma. Esto quiere decir que pueden llegar sonidos de “ningún lugar” a la Tierra. Así, Prairie podría estar comunicándose con Homer y no tener los elementos necesarios para recibir respuesta.

Igual que hace poco veíamos una clara explicación en Stranger Things con el ejemplo del acróbata y la pulga, en este caso existe una escena similar entre la protagonista y el agente del FBI especialista en víctimas Elias Rahim (Riz Ahmed). Prairie está jugando con una bola y un tablero provisto de agujeros que tiene que evitar. Tratando de explicar a Elias dónde están el resto de cautivos, saca la bola del tablero. Vemos una sencilla explicación de algo incomprensible, aunque se queda corta, pues según avanza la serie nos damos cuenta de que no todo es blanco o negro.

Las ECM se plantean como experiencias donde los sujetos mueren y viajan a “ningún lugar”. En el caso de Prairie, puede elegir volver a la vida teniendo que pagar un precio (la visión). Los viajes interdimensionales están ligados a estas experiencias y permitirían a los humanos viajar a diferentes estadios de la realidad. Esta se plantea como un mapa donde cada camino (representando las decisiones de la vida) se bifurca y crea otro. “La misión” que quieren realizar consistiría en pasar de un camino a otro, cambiando de realidad.

Ligado a esto, se introduce la separación del individuo en dos estadios de la realidad: el “yo visible” (exteriorización cotidiana) y el “yo invisible” (cultivo y conocimiento de uno mismo). La búsqueda del “yo invisible” será la clave para lograr “la misión” y para que los diferentes personajes sufran la transformación que los diferenciará de meros estereotipos.

El planteamiento ético-moral respecto a la experimentación con seres humanos también se trata: el propio Dr. Hunter lo consulta con uno de sus colegas científicos (momentos antes de matarlo, todo hay que decirlo), aunque queda planteado en un segundo plano, donde la persecución de la verdad es lo que importa.

El final solo es el principio

Cuando parece que comienzan a esclarecerse las cosas y los protagonistas tienen todos los movimientos para lograr la misión que persiguen, la historia de Prairie se desmorona. Colándose en su casa, French descubre debajo de su cama una caja con La Odisea, libros sobre ángeles y sobre ECM. Como espectadores, nuestra primera reacción es devastadora, pero, analizando todo lo (real) que la serie nos ha mostrado, nos damos cuenta de que no puede haber sido una simple historia para superar un trauma.

Sin embargo, si hubiera que destacar algo memorable del episodio final sería la escena de la cafetería: la verdadera misión. Es imposible no emocionarse en esa secuencia, con los cinco protagonistas realizando movimientos aparentemente incoherentes que consiguen salvar a un instituto entero. En plena hecatombe, Prairie recibe un disparo, desaparece en una ambulancia y, en un plano muy luminoso que focaliza su mirada, la temporada termina con una pregunta sin respuesta: “¿Homer?“. Así, una segunda temporada que ayude a esclarecer y dar forma al sinfín de ideas planteadas (pero no resueltas) es necesaria.

The OA es una serie para disfrutar ininterrumpidamente, que no dejará indiferente a ningún fan de una buena historia con trazas fantásticas. Un guion arriesgado, una elección de casting en su mayoría desconocida, varios saltos temporales en cada episodio… que con todo constituyen una muy interesante apuesta de la mano de Netflix, que está dándonos producciones con una fuerza impresionante.

Cristina Domínguez

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