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Ahora que parece que las cadenas de televisión pueden hablar abiertamente del recorrido argumental de sus series y utilizarlo como excusa para no renovarlas, DAMON LINDELOF (PERDIDOS) y TOM PERROTTA nos sorprenden reinventando THE LEFTOVERS en su segunda temporada. Y no es que este drama hubiese ya agotado todas sus posibilidades argumentales (¿las había agotado ANCLADOS? ¿Hay pena de cárcel por atreverse a compararlas?), pudiendo haber exprimido al menos durante otros diez episodios los conflictos de la ciudad de Mapleton. Esto hace más valiente si cabe la nueva propuesta de sus creadores.

Las nuevas tramas se desarrollan en Miracle, una localidad del Estado de Texas en la que no desapareció ni un solo ciudadano tras la Ascensión. Presos de la fe, las ansias de progresar y el capitalismo, los habitantes explotan comercial y religiosamente lo que ellos consideran un milagro. Y los norteamericanos, a los que les gusta un tour y un dogma más que un arma de fuego, acuden en masa a visitar el lugar e incluso a intentar quedarse a vivir. A este respecto se perfilan algunos de los conflictos que se irán desarrollando a lo largo de la temporada y que servirán de espejo del racismo y la intolerancia de los pueblos hostiles con la gente que huye desesperada desde sus tierras hasta un lugar más seguro (nada que no esté pasando ya en Hungría, por poner un ejemplo).

The Leftovers Murphys

En este primer episodio, que comienza con un precioso prólogo sin diálogos, nos presentan a los nuevos personajes de la serie y la interrelación de los protagonistas con ellos. Muy centrado en la familia Murphy, el capítulo abre nuevos misterios alrededor de sus miembros y de otros habitantes de Miracle. Constantes temblores de tierra, un grillo escondido o los supuestos poderes de un vidente se mezclan con los dramas personales de los protagonistas (con Nora Durst como uno de los personajazos de la década) que tan bien supieron dibujar en la primera temporada.

Por cambiar, han cambiado (radicalmente) hasta la cabecera. Lindelof lo justifica: “Amaba esos títulos de crédito del año pasado, pero no puedo decir que no fueran super-mega pretenciosos”. Hay algo que sí se mantiene: el perfecto equilibrio entre el misterio y el drama bajo esa melodía de piano de MAX RITCHER que pone los vellos de punta.

Fon López

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