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El cine de terror con casas encantadas, fantasmas, posesiones, y toda suerte de entes sobrenaturales haciendo de las suyas mientras traumatizan a una familia ha sido explotado hasta la saciedad. AMITYVILLE (1979) y AL FINAL DE LA ESCALERA (1980) pasan por ser los referentes más notables de un subgénero de terror que especialmente en los últimos años ha perdido su capacidad de sorpresa entre los espectadores más asiduos a este tipo de cintas. Por suerte el terror es un género muy juvenil, por lo que la repetición de tramas y efectos poco importa cuando el goteo de nuevos espectadores, que descubren películas de esta naturaleza por primera vez, es incesante. Como todos los géneros, el terror no sólo vive de espectadores legos, también cuenta con una legión de seguidores avezados y curtidos en esto de los portazos que son capaces de distinguir en pequeños matices un destello original que les compensa el tiempo dedicado.

Servidor no es un erudito en este tipo de filmes, y aunque sí presumo de haber visionado las más referenciales y un puñado de esas modernas que prometían experiencias realmente novedosas, reconozco que no me suelen llamar la atención, ni mucho menos sorprender. La mayoría más de lo mismo. Esta mañana he acudido al pase sin muchas ganas y con unas expectativas bastante serias de volver a ver la misma historia de siempre: sustos que se ven venir y que juegan en los estridentes efectos de sonido su mejor baza. Me equivoqué, y de qué manera.

THE CONJURING

JASON WAN nos acerca la misma historia de siempre: familia que se muda cargada de buen rollo, caserón comprado con prisas lleno de fantasmas, y un par de expertos (Cualquier parecido con Iker Jiménez y su mujer es mera casualidad) en todo lo referente a la parapsicología en general y lo demoniaco en particular que les ayudarán a comprender y combatir las maléficas fuerzas que amenazan sus vidas. WAN, que llamó la atención de medio mundo con SAW (2004) y demostró maneras con INSIDIUS (2010), supera todas las barreras narrativas propias del género y firma un filme de terror clásico que es novedoso, y bienvenido, por su excelente labor en dirección y la conseguidísima atmósfera de tensión y desasosiego que transmite la cinta durante prácticamente todo el metraje.

Los cinco minutos de prólogo y los créditos ya nos dan pistas de que el joven director malayo (36 años) se va a tomar muchas molestias en  hacer que pasemos un mal (o buen) rato en la butaca. Lo consigue, y vaya si lo consigue. WAN logra que no despeguemos la vista de la pantalla gracias a una planificación ejemplar de todos los encuadres. El uso que hace de la cámara en EXPEDIENTE WARREN creará escuela en futuras realizaciones, perfecciona los avances introducidos por ANDRÉS MUSCHIETTI en MAMÁ y juega y explora las posibilidades en todas las vertientes (todo tipo de planos medios, americanos, picados, contrapicados, cenitales, cámara en mano, planos secuencia…) con mucho cuidado de no marearnos y con un único objetivo: trasladar la tensión al patio de butacas. El maravilloso trabajo en dirección se apoya en una acertada elección del silencio como complemento indispensable para terminar de fabricar una de las atmósferas más perturbadoras del cine de terror de los últimos años.

THE CONJURING

Desde luego, todo este esfuerzo no luciría tanto con unas interpretaciones regulares, y este es otro de los grandes aciertos de EXPEDIENTE WARREN. JASON WAN exprime al máximo las capacidades de interpretación de sus actores, con lo que nos encontramos con un trabajo colectivo bastante bueno, la otra llave del éxito de esta producción.

Sorprendente cine de terror, por su calidad, fabricado para uso y disfrute de los veteranos en el género. Adivinamos que los espectadores más asustadizos lo van a pasar realmente mal, mientras que los más acostumbrados, agradecerán enormemente la efectividad de la propuesta, recordando la película durante muchos años.

La puntuamos con un 4/5 porque me parece la mejor película de terror de los últimos años.

 

 

LO MEJOR:

  • VERGA FARMIGA. Su trabajo es especialmente bueno.
  • JAMES WAN, que nos brinda la mejor dirección de su carrera. La continua escalada de  tensión se traduce en un climax final realmente impresionante.
  • Toda la cinta, desde el arranque hasta el fin, es cine de terror de primera división.

 

 LO PEOR:

  • El final puede parecer demasiado simplón, en parte gracias a toda la tensión acumulada, que estalla en el último acto.
  • Nada más.

 

 

Alfonso Caro.

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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