Compartir

cartel teatro off OK

Teatro ¿off? es el nuevo documental del dúo formado por Magda Calabrese (directora y guionista) y Richard Zubelzu (productor). En su anterior trabajo, Beti Jai. La capilla Sixtina de la Pelota, el objetivo era evitar el derribo del emblemático edificio de Madrid. En esta ocasión su cruzada se dirige al teatro; a los esfuerzos que debe afrontar para mantener vivo el talento y la creatividad en tiempos de crisis económica y abandono cultural; a la eficaz aunque difícil estrategia que ha supuesto el teatro alternativo.

La estructura del documental es sencilla y directa. Intercala declaraciones de agentes implicados (creadores, actores, gerentes…) con fragmentos de obras que resaltan su gran variedad temática, de estilo, de género y de intencionalidades. Con prólogo y epílogo de Albert Boadella, tratará de abordar este peculiar tipo de teatro desde distintas perspectivas para aproximarlo al espectador: qué es el teatro off; cómo surge y por qué; cómo lo viven sus actores y creadores; cuál es su difícil relación con la administración; y cómo articula su relación con el público. Según el exdirector de Els Joglars, el teatro es un “impulso natural” que nos saca del hombre funcional. No se trata de ocio, se trata de cultura, de las artes que elevan al hombre a una condición superior, la condición humana.

Teatro Off_110

A lo largo de la primera parte, el documental hace un recorrido por las diversas salas alternativas que han proliferado en Madrid en los últimos años. La prensa cultural se ha hecho eco de este fenómeno con denominaciones tan diversas como microteatro, teatro de pequeño formato, nuevos formatos del teatro, teatro alternativo o movida teatral madrileña. Para algunos una peligrosa “burbuja”.

A través de las declaraciones de sus promotores podemos destacar una serie de rasgos comunes, a pesar de la espontaneidad y autonomía de su surgimiento. Se trata de salas pequeñas, acogedoras, muy cuidadas en su decoración, que pretenden emular el salón de la casa del espectador; la duración de las obras suele ser corta, se renuevan con rapidez y el precio es económico. Normalmente ofrecen otras alternativas de ocio y cultura (gastronomía, exposiciones, talleres…). Su objetivo suele centrarse en el público del barrio en el que se ubican, captando nuevos espectadores que se inician en estos formatos.

La Sala Bululú, la Sala Tú, La Puerta de al Lado, La Nao 8 La Escalera de Jacob son algunas de las más de ciento cincuenta salas que han aparecido en los últimos años y cuyos recorridos aparecen en el documental. Destaca, como ejemplo paradigmático, el local Microteatro por dinero. Su primera ubicación, en un antiguo prostíbulo de una de las calles aledañas a la Gran Vía, integraba el espacio a la representación; la ficción en íntimo contacto con la realidad en una especie de neoconstructivismo social. Su representante, Verónica Larios, relata la espontaneidad de su surgimiento que, simbólicamente, transforma el “sexo por dinero” en “teatro por dinero”. Entre el teatro off y el comercial se situarían los Teatros Luchana, que, según su promotor, Jorge de las Heras, vienen a cubrir un vacío en la oferta, tratando de “dar la infraestructura de los grandes teatros a los discursos nuevos de los off”.

A través de imágenes de archivo de intervenciones de políticos, el documental hace una dura denuncia del trato a la cultura por el actual gobierno del Partido Popular. La sangría del IVA en tiempos de crisis ha terminado por condenar a la subsistencia a un sector que siempre se ha movido en una precariedad endémica. Sólo la pasión y necesidad de expresión de sus creadores y actores ha mantenido vivo un arte que traduce las pulsiones de la sociedad, denuncia sus injusticias y relativiza los problemas para tomar las distancias necesarias.

Teatro Off_30

La versión de los actores aporta datos interesantes sobre las características especiales de este tipo de teatro. La cercanía del público, cuya presencia se hace ineludible, hace que el intercambio de emociones sea mucho más directo, rápido y sincero. La necesidad de actuar en un espacio reducido condiciona los movimientos de los actores, generando un nuevo modo de mirar al espectador. Por todo ello, la presión y la necesidad de transmitir se hace mucho mayor; la distancia se ha diluido. De sus declaraciones (y de las del resto de creadores) se desprenden varias críticas (y autocríticas) que suponen una de las reflexiones más honestas del documental. La proliferación de salas y de representaciones hace que la oferta sea amplísima, pero no todo es bueno. Es imprescindible someter este tipo de teatro a una visión crítica. Por otro lado, debe haber una exigencia hacia el ciudadano para que valore la cultura; es una responsabilidad común. No se debe caer en la endogamia, teatro de actores al que sólo van actores, hay que buscar un nuevo público que equilibre el consumo desajustado. Deben crearse nuevas redes, nuevos circuitos, formas de promoción…, que acaben con el “teatro de la miseria”. Y por último, lo más reiterado en el documental y en la mayoría de actos culturales: el cambio en el sistema tributario de la cultura, que, además, debe ajustarse a las características de este tipo de salas.

Contaba la poeta Anna Ajmátova cómo, durante los años de las purgas estalinistas, en una cola ante la prisión de Leningrado, una mujer, aterida de frío, salió de su letargo al reconocerla y le preguntó: ¿Puede describir esto? No se refería a una descripción de la realidad que todos podían ver y sufrir; se refería a la descripción artística, esa que, como explica Alain Badiou, extrae la “confusa realidad” de su forma hasta convertirla en una idea que trasciende. Según este autor, el teatro hace que los sujetos piensen sus vidas como no lo hacen habitualmente. Y esa trascendencia es lo que nos hace humanos. Si perdemos el teatro, la poesía, el arte en general, nos perdemos a nosotros mismos. Y cierto es que, entonces, de nada servirán las cuadraturas de los indicadores macroeconómicos.

 

Marina Calvo

No hay comentarios