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Supergirl y The Flash en El Palomitron

No es ningún secreto que Grant Gustin (The Flash) y Melissa Benoist (Supergirl) saben cantar. Ya lo demostraron en Glee y, por si fuera poco, el hombre más rápido del mundo también se atrevió en el karaoke con Summer Nights, de Grease, junto a una ebria Caitlin Snow (Danielle Panabaker) en una de las escenas más tiernas de la serie hasta la fecha. Debido a este escaparate de versatilidad del cast, no nos sorprende la osadía de The CW al convertir en musical el nuevo encuentro entre los dos superhéroes más entrañables del panorama seriéfilo actual.

A la cadena estadounidense le encantan los crossovers, a la vista está. Y además, con la proliferación de sus series basadas en personajes de DC, las posibilidades también se multiplican. Esto no es algo necesariamente negativo; al contrario, al igual que ocurre con el universo cinematográfico de Marvel, es beneficioso que diversas entregas de la factoría converjan en algunos puntos cimentando así una red de historias mucho más sólida. El problema llega cuando los crossovers no aportan lo suficiente y canta demasiado (nunca mejor dicho) que se hacen para ver si cuela arrastrar audiencia de una serie a otra. A continuación os contamos lo que nos ha parecido a nosotros esta innovación no tan innovadora (Anatomía de Grey ya tuvo un episodio musical que no contó con mucha aceptación).

Si aún no habéis visto el episodio y tenéis intención de hacerlo no sigáis leyendo. ¡Llegan los spoilers!

Para empezar, esperábamos un crossover del doble de duración. Es decir, que empezase en Supergirl y continuase al día siguiente en The Flash. Esto es exactamente lo que ocurre, con la salvedad de que el crossover solo ocupa el último par de minutos del capítulo de Supergirl, haciendo una pequeñísima introducción al evento que se desarrollará por entero en The Flash. Lo único de musical que tiene el episodio protagonizado por la prima de Superman son las menciones a Funny Face y Hamilton. Por lo demás, Winn (Jeremy Jordan) tiene problemas con su nueva novia ladrona, y Kara (Benoist) conoce a sus suegros, descubriendo a su vez que Mon-El (Chris Wood) no le ha contado que es el príncipe heredero de Daxam. La superheroína no perdona que le haya mentido y corta con él. ¿Tiene esto alguna importancia? Sí que la tiene, ya que después de ver el crossover en The Flash queda muy claro que la ruptura era necesaria para poder introducir un musical que todo lo arregle.

El villano de esta peripecia de duetos es Music Meister, al que da vida Darren Criss (estrella invitada forjada también en Glee). Este metahumano, que ya existe en los cómics, tiene el poder de inducir a cualquiera a una ensoñación fruto de su propia mente a través de la hipnosis. Y esto es lo que hace con Barry y Kara, quienes al ser grandes fans de Cantando bajo la lluvia y El mago de Oz respectivamente, se ven atrapados en un musical de época del que tendrán que salir llegando hasta el desenlace de la trama. Este “universo” paralelo es la excusa ideal para acoger en el episodio a otras caras de Broadway y The CW como son Jesse L. Martin, Carlos Valdés (Joe West y Cisco en The Flash), Victor Garber y John Barrowman (actualmente en Legends of Tomorrow como el Dr. Stein y Malcolm Merlyn). Lo cierto es que ellos salen bastante airosos de sus números musicales Put a little love in your heart y More I cannot wish you. Esta última canción se la dedican Martin y Garber a su hija (Candice Patton), pues en este universo onírico son pareja (¿otro posible guiño a la diversidad que siempre enarboló Glee?).

La chica vive un amor imposible junto a Chris Wood, que en palabras de Kara y Barry recuerda a West Side Story o The Fantasticks. Los padres de la pareja son mafiosos enfrentados, pero nuestros superhéroes ayudarán a que triunfe el amor por encima de sus diferencias, porque “en los musicales se convence a todo el mundo muy fácilmente”. Misión cumplida. Al más puro estilo de La bella durmiente, Iris (Patton) despierta a Barry del estado de ensoñación y lo mismo hace Mon-El (Wood) con Kara. Al parecer, esta era la intención de Music Meister, quien al final resulta no ser malo, sino que simplemente pretendía enseñar una lección a los protagonistas: el amor consiste en dejar que te salven, no solo en salvar a los demás (por mucho que seas un superhéroe).

En conjunto, el crossover no es apto para aquellos que no toleren altas cantidades de azúcar. No pocos seguidores de The Flash y Supergirl habrán dejado pasar este capítulo como dejarían pasar La ciudad de las estrellas: La La Land por ser un musical. En este caso, no se habrán perdido nada. La trama avanza (muy poco) nutriéndose del retroceso, es decir, sirve exclusivamente para arreglar las rupturas entre Barry e Iris y Kara y Mon-El (algo totalmente secundario en una serie de superhéroes). “Duet” se limita a andar lo desandado y se hace evidente que dichas crisis de pareja han sucedido en los capítulos inmediatamente anteriores para constituir de cara al crossover un argumento con el mismo peso y credibilidad que dejar de pelearte con tu enemigo porque su madre también se llama Martha. Pero no todo es un despropósito: los amantes de los musicales esbozarán una sonrisa al reconocer frases de El mago de Oz o El rey león. Disfrutarán igualmente con la clásica Moon River, armoniosamente homenajeada por Benoist. Aunque, sin duda, el momento más emotivo llega al ritmo lento de la canción original con la que Barry reitera su petición de matrimonio a Iris al final del episodio. Running home to you es una pieza escrita nada más y nada menos que por Benj Pasek y Justin Paul, letristas de la galardonada La La Land.

¿En cuanto al dueto prometido? Super Friends es una inyección de energía con una letra construida a base de gags con mayor o menor gracia, y cuya coreografía por momentos roza lo excesivamente efusivo. A nivel vocal tampoco es un número musical que destaque si lo comparamos con el resto.

En definitiva, este capítulo no nos ha aportado mucho más que un ameno libreto que sirve de receso y cambio de aires hasta la próxima semana. Habrá que esperar al siguiente crossover para ver con qué nos sorprenden.

Aitziber Polo

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Criminóloga con sueños de directora. Pisé el cine por primera vez a los dos años. Con siete vi cómo un cocodrilo gigante se zampaba una vaca entera de un bocado en Mandíbulas, y empecé a leer a Stephen King (y así me he quedado). Mi película perfecta tendría guión de los Coen, banda sonora de Zimmer + Horner y plotwist made in Shyamalan.

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