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Stockholm es un juego. Es un juego al que todos hemos jugado. Es ancestral, es universal, es necesario. Stockholm es un juego al que todos seguimos jugando.

El primer contacto visual, la atracción, el reto, la apuesta, la seducción, la conquista. En Stockholm no hay ganadores porque en el ritual del cortejo el cambio de testigo es constante en un duelo bipolar donde cada jugador es lobo, pero también cordero.

Una noche más. Chico conoce chica. Comienza el juego. Lo que parecía una conquista más en la abultada lista de un joven acostumbrado a conseguir sin mucha dificultad lo que se propone se convierte en un juego de poder donde sorprendentemente nada resulta ser como en un principio parecía. Y sintiéndolo mucho, hasta aquí os podemos contar.

Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña firman un guion estructurado en dos bloques definidos. Por un lado, una primera parte ambientada en la noche de Madrid. Por otro lado, el amanecer del día después, la luz de la mañana que toma el relevo a la noche. Comienza STOCKHHOLM.

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Javier Pererira y Aura Garrido despliegan durante 90 minutos lo mejor de ellos. Sobre ambos recae todo el peso de la trama, y el resultado no puede ser más satisfactorio. Nos llama mucho la atención el cambio de registro para un Javier Pererira que nos tiene acostumbrados a interpretaciones de personajes “amables”, un Javier Pererira que es capaz de mantener el tipo frente a un despliegue interpretativo de Aura Garrido que la confirma como una de las mejores actrices que atesora nuestro cine. Necesariamente fría y hermética, Aura Garrido (otra que va a oír su nombre en los próximos Goya) atrae y atrapa al espectador con una interpretación de escuela. No es de extrañar que Aura se llevara la Biznaga a Mejor actriz en Málaga ex aequo con Candela Peña, ésta última por su labor en Ayer no termina nunca, en ambos casos por trabajos muy similares: películas donde toda la atención de la cámara se centra en una única pareja protagonista.

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Stockholm no es una película sencilla en su concepto. Es un producto que arriesga desde su misma gestación. Sacada adelante con 60.000€, que todo sea dicho de paso lucen de maravilla, se encuadra dentro de una corriente de filmes que llegan a nuestras pantallas con la ayuda de la financiación colectiva, el últimamente muy oído por todas partes crowdfunding, la herramienta definitiva para que los creadores con pocos medios acerquen sus historias al público. Su ajustado presupuesto es el responsable de que la película se estructure en apenas ocho o nueve capítulos que conforman los dos grandes bloques que articulan la narración. En tan sólo 13 días se filmó la película entera, algo que exige una altísima planificación previa y un planteamiento de rodaje que ha derivado en el uso del plano secuencia para resolver muchas limitaciones técnicas y económicas. El resultado final es virtuoso porque la narración se beneficia enormemente de estos planos, que nos ayudan a meternos en la historia y sientan de maravilla a su pareja protagonista, que ve como su trabajo gana enteros irremediablemente gracias a que la cámara no les pierde en ningún momento.

Cualquier transporte al plano personal del propio espectador de lo que está pasando en pantalla no es mera casualidad. Stockholm es una radiografía generacional porque plantea y desarrolla situaciones en las que todos de alguna manera nos hemos visto envueltos alguna vez.

Una de las mejores películas españoles de 2013, y cita obligada para los espectadores de toda condición.

 

LO MEJOR:

  • El trabajo de Javier Pereira y Aura Garrido. Impresionante.
  • La labor en fotografía. La Gran Vía madrileña nunca ha lucido tan bien en nuestro cine.
  • Va a ser muy complicado que os deje indiferentes.

 

LO PEOR:

  • Nada.

 

Alfonso Caro

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