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David se verá obligado a embarcarse en la aventura de su vida al tener que transportar un enorme cargamento de marihuana desde México hasta Estados Unidos. Su plan para no ser detenido como traficante de drogas en la frontera incluye hacerse pasar por un aburrido padre de familia que viene de disfrutar de unas vacaciones con toda su troupe – en realidad una stripper, una adolescente que se ha fugado de casa, y un nerd – en una lujosa caravana. SOMOS LOS MILLER no puede engañar a nadie. Tampoco lo pretende. Coge algunos de los lugares comunes más manidos de la comedia moderna norteamericana, y los bate para crear un simpático producto de consumo ligero para treintañeros trasnochados. Quizá no fueran necesarias casi dos horas de metraje para contar esta road movie sobre camellos de barrio con el síndrome de Peter Pan, ni ¡cuatro! guionistas para otra historia sobre el lado más absurdo del sueño americano y sobre la nostalgia (aunque algo ridiculizada) de la familia, de acuerdo, pero provee de unas cuantas carcajadas y su visionado es ameno. Sin más.

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En su retrato sobre ruedas de perdedores con gracia pero sin dos dedos de frente uno puede rastrear la esencia del descacharrante cine de los hermanos FARRELLY. También la acción desenfadada unida al gamberrismo de las películas de TODD PHILLIPS. Sin embargo, a SOMOS LOS MILLER le falta ese punto de carisma absurdo que poseen DOS TONTOS MUY TONTOS o VAYA PAR DE IDIOTAS, y se antoja demasiado episódica y encorsetada en demasiadas ocasiones. Sobre todo para lo que debería suponer un viaje con kilos y kilos de marihuana, un aspecto sorprendentemente desaprovechado.

 

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El oficio para los momentos genuinamente sit-com que demuestra su pareja protagonista (JASON SUDEIKIS más JENNIFER ANISTON) salva la película y ayuda a levantar el ánimo del viaje. Algo que también sucede cuando se nos regalan algunos dosis de acidez, como en el magnífico momento del corte de pelo ‘de clase media’ o en el incidente con el hippie y los inmigrantes en la frontera. Mención aparte se merece la creación del joven WILL POULTER, interpretando a un inadaptado social y convirtiéndose en el auténtico robaescenas de la película. Protagoniza además el golpe de humor más cazurro y tronchante a vueltas con la mordedura de una araña. Si SOMOS LOS MILLER hubiera mantenido ese tono tan provocativo y alocado, habría remontado como una comedia más regular y desde luego más excesiva, que es quizá lo que una trama con strippers, patosos miembros del cártel mexicano y, ante todo, fardos de marihuana y brotes verdes (literal y metafóricamente hablando) como leit-motiv pedía a gritos.

 

LO MEJOR:

  • WILL POULTER y su entrañable imbecilidad
  • Varios puntos de humor políticamente incorrecto

LO PEOR:

  • Su irregularidad
  • Un ED HELMS perdidísimo

José Colmenarejo

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