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SOBRAN LAS PALABRAS (NICOLE HOLOFCENER), buen título para una buena película. Hacía tiempo que no teníamos la oportunidad de disfrutar de una comedia romántica tan tierna y madura a la vez. Qué género este, el de la comedia romántica. Renació como ave fénix en los ’90 y durante la década que acabó recientemente no se supo reinventar (LOVE ACTUALLY, aunque sea una de las mejores películas de la historia, es una heredera directa del legado noventero) y los fans de esta temática tuvimos que padecer una infinidad de films que intentaban emular un estilo ya caduco. Olvidémonos de HUGH GRANT, JULIA ROBERTS o RICHARD GERE; son agua pasada. SOBRAN LAS PALABRAS ratifica, y de qué manera, una nueva tendencia más madura y cotidiana (lo celebramos felizmente). Nos sorprenden historias más humanas, más adultas. Lo de ver a una chica debajo de la lluvia pidiendo perdón, ya quedó atrás. Con obras como CRAZY, STUPID, LOVE. o COMO LA VIDA MISMA descubrimos personajes antes impensables. Personajes que por lo general están divorciados, con hijos adolescentes, con una encantadora aura de perdedores y, como es lógico, algo sobrepasados por las situaciones que se suceden a su alrededor. Tanto JULIA LOUIS-DREYFUS (la fascinante Elaine de SEINFELD) y JAMES GANDOLFINI (el temible Tony Soprano), encajan a la perfección en este perfil de personaje. Gente que lleva un tiempo sola y que parecen haber arrojado la toalla en cuanto al amor. Ocupados con su trabajo y sus respectivas hijas, ni se plantean ponerse otra vez a buscar esa improbable media naranja.

 

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LOUIS-DREYFUS como buena protagonista que es, lleva el peso en todo momento y complementa a la perfección al gran GANDOLFINI y a los maravillosos secundarios que van apareciendo de una manera pausada, como la película en sí, pero firme y decisiva argumentalmente hablando. Destacar las actuaciones de CATHERINE KEENER (Maxine en CÓMO SER JOHN MALKOVICH) y TONI COLLETTE (LITTLE MISS SUNSHINE o VELVET GOLDMINE) que bordan sus papeles y aportan un ambiente distendido y con algunos toques muy finos de humor. Lo primero que se dicen los dos protagonistas de este romance es que no se atraen en absoluto el uno al otro. Seguramente GANDOLFINI mienta y desde el minuto uno tenga el corazón abierto de par en par, pero lo interesante es el apasionante enamoramiento que va sufriendo ella. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, va viendo la persona que se esconde debajo de ese físico tan exageradamente enorme (a uno le saltan las lágrimas cuando se habla sobre el peso de GANDOLFINI, y lo malo que es para su salud, y recuerda que el actor nos dejó tristemente hará unos pocos meses por un ataque al corazón. “Ese corazón tan grande pero a la vez tan débil”).

 

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A nivel de guión no hay ninguna novedad respecto a lo que llevamos años viendo. La trama se sustenta en parte por un par de enredos, la casualidad le juega una mala pasada a la protagonista y esta, al verse superada por las circunstancias, no resuelve el embrollo y la bola de nieve se hace más grande hasta que le explota en la cara en el clímax del film. Nada nuevo, pero no por ser poco original significa que esté mal hecho. Puede ser que sea un argumento trillado, pero está escrito e interpretado con elegancia y precisión. La estética es coherente con la narración y la localización. Nos sitúa instantáneamente en la costa Oeste norte-americana, pero sin caer en los cansinos clichés de playa y chicas en bikini. Como la película en sí, es humana, te imaginas los personajes y los espacios. Te ves viviendo allí y teniendo a esa gente como vecinos. La fotografía, al igual que el arte, la dirección o el sonido, se ajusta al todo y crea un aire homogéneo que es de agradecer. En estos aspectos nos puede recordar a LOS CHICOS ESTÁN BIEN, aunque el mundo que se plantea aquí es más acogedor y amigable. Se nos presenta una película que distrae, emociona y nos levanta más de una sonrisa.

LO MEJOR:

  • Unos personajes verosímiles.
  • Ninguno de los actores comete el mínimo desliz.

LO PEOR:

  • Una trama previsible.
  • La maldita, pero satisfactoria sensación de querer un poquito más.

Adrià Naranjo

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