Compartir

El cine de terror adolescente se ha caracterizado más por su rentabilidad en taquilla que por sus pretensiones artísticas, aunque de vez en cuando tenemos la suerte de contar con películas brillantes como La cabaña en el bosque, tan imaginativa como lo fue Scream en su momento. Y ambas comparten un hecho que quizá sea la salvación para el cine de terror: la comedia. Ejemplos similares son Tucker & Dale contra el mal, Las últimas supervivientes o Lo que hacemos en las sombras. Todas mezclan de maravilla el humor con el terror, por no hablar de la nueva oleada de terror psicológico como It Follows o Déjame salir, películas muy notables que demuestran que aún hay esperanza.

Pero este no es el caso de Siete deseos, que no es una buena película, aunque te pueda arrancar muchas risas. Quizá más risas que sensaciones más genuinas y cercanas al género de terror. Desconocemos si el director pretendía capturar la comedia a través de sus imágenes, pero imaginamos que ha sido algo involuntario. En la película, una chica de 17 años descubre una caja mágica que le permite pedir siete deseos. Lo que no sabe, porque piensa despacio y no ve lo que pasa a su alrededor, es que cada vez que pide un deseo alguien cercano a ella muere en extrañas (y estúpidas) circunstancias.

La película arranca con un flashback que ya nos hace ver por dónde se moverá el terror. A base de golpes de sonido se construye el primer susto y los que vendrán detrás, que son pocos y demasiado evidentes. Y tras el flashback comienza a desarrollarse un guion tosco que necesita de muchas secuencias muy breves para explicar pequeños e innecesarios detalles sobre la vida de la protagonista, su padre y sus amigas.

La trama no mejora, aunque sí se agiliza cuando las muertes empiezan a suceder. Utilizando el recurso clásico de la saga Destino final, intenta despistarnos haciéndonos creer que la persona en cuestión morirá de una forma para luego hacerlo de otra. El problema, más allá de lo irrisorio que resulta en la mayoría de casos esa búsqueda desesperada por generar tensión, es que la forma en que finalmente mueren no es tan distinta a lo que pretendían hacernos creer. Y a lo largo de la película se va haciendo más evidente, llegando a hacer visible una descarada pereza de la guionista por crear situaciones originales o, como mínimo, aceptables.

Pese al enorme lastre que el guion supone para la película, la dirección de John R. Leonetti consigue salvar la obra del fracaso más absoluto. Y no solo la dota de una buena ambientación, sino que consigue hacer que la película sea un entretenimiento realmente veloz. El director de Annabelle y Mortal Kombat: Aniquilación demuestra ser conocedor del género al crear alguna imagen interesante, y por momentos consiguiendo una tensión que podría haber dado mucho más si contara con un guion a la altura.

No ayuda tampoco la sobreactuadísima interpretación que ofrece Joey King en el papel protagonista, que resulta forzada y difícil de creer. El resto del reparto no sobresale ni para bien ni para mal, aunque sí resulta simpática la actuación de Ki Hong Lee, a quien reconocemos por su papel en Unbreakable Kimmy Schmidt.

La cinta no destaca mucho más allá de por su humor involuntario y por lo realmente entretenida que es (lo que no la hace una buena película). Como decíamos al principio, Siete deseos es mala. Podríamos echarle la culpa al exceso de remakes de esta década, o al público adolescente que convirtió las películas mediocres en moda allá por 1980, incluso a Wes Craven por haberle devuelto la popularidad al género, pero no tendría sentido.

Siete deseos no es una buena película porque falla en la mayoría de los departamentos, y los culpables no son otros sino sus creadores, que, por si no hubiéramos tenido suficiente al acabar, te endosan una escena postcréditos. Por si sonara la campana y hubiera opción a secuela. Por si por alguna razón nos hubiésemos vuelto locos.

LO MEJOR:

  • Es muy entretenida gracias a su ágil dirección.

LO PEOR:

  • No ofrece miedo ni tensión.
  • Es predecible y tonta.
  • Joey King no da la talla para un papel protagonista.
  • Imita muy mal a sus referentes.

 

Ignasi Muñoz

No hay comentarios

Dejar una respuesta