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Sherlock, Watson y Mycroft El Palomitrón

La serie más esperada de la BBC, Sherlock, ha vuelto a marcharse dejándonos el corazón en un puño. Su estreno en España vino de la mano de Netflix, plataforma que se encargó de disponer los capítulos a las 00.00 de los tres primeros lunes de enero (pocas horas después de su emisión en la BBC). Algo inusual, pues Netflix ofrece las temporadas enteras de sus series. Pero Sherlock no es una serie cualquiera.

Con un primer episodio, Las seis Thatchers, que nos dejó fríos y descolocados, la temporada llegó a su punto más álgido con un maravilloso segundo capítulo, El detective mentiroso. Sin embargo, El problema final nos transportó a un lugar inhóspito al que no se nos preguntó si queríamos ir: el corazón de Sherlock Holmes.

Sherlock: la esencia perdida

Sherlock elenco El Palomitrón

Cuando una serie nos acompaña a lo largo de los años, exigimos una evolución, cambios, giros de guion que nos roben el aliento, pero, al mismo tiempo, que nos dejen con las ganas. Pero a pesar de estas exigencias, implícitas en la relación entre el espectador y el personaje, existe una esencia, un núcleo imperturbable que conforma cada personaje que ni debe ser modificado ni sustituido por otro.

Sherlock es su cinismo, su inteligencia y su astucia. La capacidad de observar donde todos los demás solo miran hace de este detective una especie única en la literatura, el cine y la televisión. Todas y cada una de las adaptaciones de este personaje (House, Elementary o Sherlock Holmes, la cinta de Guy Ritchie) han conservado este canon incorruptible que, en esta temporada, Gatiss y Moffat han dejado que se diluyera en sus propias palabras y actos.

La individualidad que arruina el trabajo en equipo

Sherlock y Watson El Palomitrón

Como dijimos al inicio de la temporada, el trabajo de Benedict Cumberbatch (Doctor Extraño) y su aportación al personaje del detective son indiscutibles. Pero si la serie funcionaba era por todo su conjunto, sus dosis de humor, de drama, la novela negra que se fundía con la crítica social más mordaz y que, al mismo tiempo, nos dejaba entrever un poco de la intimidad de cada uno de los personajes.

En esta temporada, los secundarios pasan a ser mero atrezzo. El problema es que para el espectador todo es importante en Sherlock, desde los muebles de Baker Street hasta Molly (Louise Brealey), personaje bastante vapuleado en esta temporada. No es que pequemos de puristas, pero hay cosas que no se deben cambiar, porque entonces lo que vemos ya no es lo que reza el título.

Toby Jones Sherlock El Palomitrón

El primer episodio se excedió de dramático. Lo ocurrido tenía que pasar, “es lo que hay” como tantas veces oímos decir a Watson (Martin Freeman, Fargo). Sin embargo, el segundo episodio resolvió las carencias del estreno: un villano despiadado (magnífico trabajo de Toby Jones), la constante y necesaria presencia del personaje de Mary (Amanda Abbington), unos secundarios que sirven de unión en la trama y unos Sherlock y Watson que siguen con el juego, a pesar de que ya no les guste. ¿Dónde está el problema entonces?

El problema de su final

Los primeros minutos del episodio final son una escena de terror y son puro Sherlock. El viento del este cada vez está más cerca y seguimos sin saber nada de Moriarty (Andrew Scott), ni de esa extraña mujer que se ha colado en sus vidas (Sian Brooke). El cliffhanger del segundo capítulo no es tal y Watson está intacto, pues el disparo con el que se cerraba el episodio no era más que un dardo tranquilizante. Una trampa, un truco, como lo es esta temporada.

Sherrinford hace su aparición estelar. Este nombre es clave para el personaje de Conan Doyle, pues este era el nombre original que le otorgó al detective, Sherrinford Holmes, que finalmente se cambió, pasando a ser el nombre de su hermano mayor. Sherrinford, Mycroft y Sherlock, los tres hermanos Holmes, aunque del primero poco se hable en las novelas. Gatiss y Moffat vuelven a usar los relatos originales para crear algo distinto y Sherrinford no es más que el lugar donde su hermana Eurus (el viento del este tan temido por Sherlock) lleva encerrada toda su vida.

Eurus y Sherlock El palomitrón

Y aquí de nuevo el error. Aparcamos al resto de personajes para centrarnos solo en Sherlock, en abrir su corazón y volver a diseccionarlo, en saber más de su pasado y en intentar justificar por qué es como es. La respuesta es que nos da exactamente lo mismo: Sherlock no es un animal social, su mente no funciona como las demás y sus sentimientos son algo que le molestan, y por eso nos gusta.

Si bien es cierto que hay detalles del capítulo magistrales, como saber quién era realmente Barbaroja y entender finalmente la sobreprotección que Mycroft ejerce sobre su hermano. Lo molesto es esa resolución de casos, como si en un concurso de puertas y cajas se tratase, prescindiendo casi en su totalidad de Watson o Mycroft, porque es un truco de relleno fácil. Por otra parte, no es más que un gasto de balas por parte de los guionistas, que resuelven diversos casos en un solo episodio, imposibilitándolos para futuras temporadas.

Sherlock trata de decirnos adiós

Andrew Scott Moriarty El Palomitrón

Moriarty ha sido un cebo que, a pesar de regalarnos una escena magistral al ritmo de Queen, no resulta suficiente para no notar el engaño. ¿Qué salvamos de esta temporada? Pues muy pocas cosas, porque si las tres anteriores funcionaban como un todo, incluido el especial navideño, esta cuarta entrega se ha salido de lo establecido y ha acabado por matar al personaje.

Este tercer episodio nos está dando un adiós para siempre. Un discurso final ensalzando la importancia de las figuras de Sherlock y Watson como un ente indivisible que perdura en el tiempo. Tantos casos resueltos atropelladamente (es cierto que en todos los episodios mencionan más de un caso, pero siempre se mencionan con un motivo) y el propio título del capítulo, El problema final, que toma el nombre del relato donde Sherlock moría junto a Moriarty (mientras que el 2×03 en el que ambos “morían” se llamó La caída de Reichenbach).

Si algo nos ha enseñado el siglo XX es que Sherlock se puede resucitar tantas veces queramos, pero ¿de verdad queremos? ¿No preferimos conservar esas tres primeras temporadas magistrales? Definitivamente, sí. Antes que una temporada que se parezca a esta, es preferible que Sherlock diga adiós de forma indefinida y que no regrese si no es convertido en nuestro detective del sombrero.

Lorena Rodríguez

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