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Tras la intensa jornada del lunes, marcada por las subversivas Staying Vertical y I, Olga Hepnarová y por la esperadísima Solo el fin del mundo, dos comedias y una posible favorita aterrizan en la Sección Oficial del SEFF justo en el ecuador del festival. Y todas con el beneplácito del público. O, al menos, de un determinado tipo de público.

Mimosas

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(Por Fon López)

Un anciano jeque quiere morir y ser enterrado en la ciudad marroquí de Sijilmasa, donde nació y descansan los suyos. Para ello, organiza una caravana que le acompañe a través de las montañas del Atlas y le ayude a llegar a destino. Sin embargo, el sheikh (como se denomina su figura en árabe) fallece durante el camino y algunos de los hombres de la caravana prometen a su viuda que el cadáver será enterrado según su voluntad.

A partir de este momento, comienza una aventura árida en la que el terreno y el clima serán los principales obstáculos que impidan que la misión se complete con éxito. Los “renacidos” que la acometen no luchan contra grandes animales, y Oliver Laxe, el director de la película, no se mide el pene en cada una de las escenas como otros colegas con ansias de reconocimiento. Al contrario, coloca la cámara a la distancia suficiente para no interferir en la propia historia, la cual parece que, por momentos, le viene dada.

El director hispano-francés ha venido hasta Sevilla para presentar la película y, en rueda de prensa, se ha referido al hecho de querer contar esta historia en particular: “Lo interesante del cine es cómo puede acoger cosas que no son tuyas, cuando sobrepasa al autor”.

Quizá sea la lejanía cultural (que no geográfica) la que nos haga valorarla así, pero Mimosas funciona como un estupendo retrato antropológico sobre la cultura de la muerte, del sacrificio y de la fe en el norte de África.

El visionado puede hacerse por momentos algo cuesta arriba, como la propia travesía de los protagonistas. Laxe recurre a largas tomas y un uso limitado de la música, pero el magnetismo de las imágenes y las interpretaciones, en particular la de Shakib Ben Omarnos ayuda a superar las ligeras dificultades que encontramos desde nuestra butaca.

El pase de prensa ha gustado mucho y tiene un perfil de película premiable en el SEFF. Habrá que ver cómo se desarrolla la segunda mitad del festival, pero no sería de extrañar encontrarla el próximo sábado en el palmarés.

Ma Loute

Ma Loute El Palomitrón

(Por Pablo Herrera)

Esta alocada comedia de Bruno Dumont narra tres delirantes historias paralelas que se entrecruzan en el canal de la Mancha:por una parte, una familia de aristócratas acude a su mansión a pasar sus vacaciones; por otra, una familia de mariscadores trata de ganarse la vida, y, por último, dos cómicos inspectores de policía comienzan a investigar una serie de desapariciones en la zona.

Las tramas van confluyendo y alejándose a lo largo de la película, en la que el cinismo y la ironía no logran abandonar un solo segundo de metraje. La endogamia ha hecho mella en la familia aristócrata, en la que solo el fascinante personaje de Billie Van Peteghem, considerado el más extraño por los protagonistas, logra revestir algo de normalidad y complejidad (los demás abusan de la teatralidad y el histrionismo en una crítica demasiado fácil a su clase social).

También la familia de Ma Loute, el mariscador que se enamorará de Billie y que da nombre a la película, está fuertemente estereotipada, así como la pareja de policías, algo así como un cruce entre Hernández y Fernández y el Dúo Sacapuntas. La dificultad de entrar en la historia con un humor básico, basado en golpes, caídas y exageración de los gestos, más propio del cine mudo de principios del siglo XX que del contemporáneo, hace complicado aceptar la propuesta para un público que ya no está preparado para esos códigos.

Aun así, especialmente entre los más mayores de la sala, la película consiguió las mayores carcajadas de lo que llevamos de festival, mientras los más jóvenes se miraban con cara de no entender nada.

Quizá, además de la constatación de que el personaje más raro era el único normal, son los pequeños toques de realismo mágico que aparecen al final de la película los que le dan algo más de sentido y nos hacen reconciliarnos con esta a los que no hemos sido capaces de entender lo que Dumont nos estaba tratando de proponer.

La fotografía, llena de grandes planos que nos hacen disfrutar tanto como a los personajes de un entorno natural privilegiado, es el otro punto positivo de una película excesiva, grandilocuente y a la que le falta sutilidad.

Amor y amistad

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(Por Fon López)

Nos acercábamos temerosos a la enésima adaptación de una obra de Jane Austen (el relato Lady Susan) y un poco sobrecargados de dramas británicos de época. El comienzo de Amor y amistad, presentando teatralmente a sus personajes, parecía cumplir nuestras profecías, pero Whit Stillman ha conseguido construir una comedia de enredo lo suficientemente ágil y divertida como para que acabemos comprando la idea.

La historia presenta a lady Susan Vernon, interpretada por una Kate Beckinsale en estado de gracia y en su mejor papel hasta la fecha. Lady Susan es una joven viuda que aprovecha todas las grietas de las estrictas normas y costumbres sociales británicas para hacer lo que se le antoja y conseguir todos sus propósitos.

Cuando comienzan a propagarse las habladurías sobre su peculiar estilo de vida, acude a casa de su familia política para salvaguardar su imagen. Aprovechando la ocasión, intenta sacar de su estancia un marido para ella y otro para su hija.

Es en las idas y venidas de lady Susan a la casa familiar en las que el personaje se engrandece y la comedia empieza a funcionar. Stillman logra justo lo que Bruno Dumont no consigue en Ma Loute: parodiar a la burguesía de su país y a la propia ficción sobre las clases acomodadas sin caer en el estereotipo fácil.

Cierto es que Stillman parte con ventaja, pues adapta a Jane Austen, y Amor y amistad busca la comedia en la situación y no en la clase social que retrata. Aun así, se nota el esfuerzo por equilibrar lo puramente descriptivo con la crítica a la sociedad del siglo XVIII a través de la picaresca del personaje protagonista.

Por si faltaran argumentos para verla, el reparto cuenta con la genial Chloë Sevigny como mejor amiga de lady Susan. Ambas forman uno de los dúos cómicos más divertidos del año y han sacudido de intensidad una Sección Oficial que, a partir de hoy, vuelve a ponerse dramática.

Ahora que el frío se ha apoderado de Sevilla, apetece más todavía pasarse el día en los cines de Nervión. Hoy el calor nos llegará a través de la pantalla con Safari, que también promete escandalizar a los presentes.

Fon López y Pablo Herrera

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