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ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS. Crítica en El Palomitrón

Pese a que muchos andan llevándose las manos a la cabeza, lo cierto es que se antoja bastante lento el proceso de expansión de la franquicia más universal de la historia del cine. Y resulta especialmente llamativo porque es probable que el universo Star Wars y sus posibilidades no tenga rivales si tenemos en cuenta no solo la galería de personajes o mundos que descubrir, sino también el índice de penetración cultural del que gozan sus símbolos, sus discursos, e incluso su filosofía. Quizá el mundo ideado por Tolkien sea el único gran competidor a estos niveles, y ambas sagas beben de múltiples culturas para dar forma a sus mundos.

En un presente en el que, si algo funciona, se exprime al límite, se echaba de menos toda suerte de spin-offs o tramas paralelas y complementarias que sirviesen a los fans sus correspondientes raciones visuales del eterno conflicto que nos trae a todos de cabeza desde que el mundo es mundo: el enfrentamiento entre el bien y el mal. Rogue One: Una historia de Star Wars inaugura esta colección de relatos que complementarán sucesivamente la espina dorsal de la franquicia.

Rogue one. Crítica en El Palomitrón

Lo que prometía Rogue One: Una historia de Star Wars eran muchas alegrías. Su trama no podía ser más atractiva, y se focalizaba en el tremendo sacrificio de recursos y hombres de la alianza para obtener los planos de la Estrella de la Muerte, el arma definitiva del Imperio, símbolo del terror galáctico y epicentro de las tramas clásicas de la serie. Finalmente, lo que realmente ofrece es una historia de espías, de héroes accidentales enrolados en una misión suicida, que acaban arriesgándolo todo para evitar que el mal triunfe en la galaxia, pero también movidos por una suerte de lazos de camaradería entre ellos que se van fortaleciendo según avanza el metraje.

El mayor problema de esta nueva entrega es que es demasiado ejemplar y respetuosa con todas las fuentes de un género que vivió su época dorada con el cine bélico de la Segunda Guerra Mundial, plagado de títulos que empujaban a sus protagonistas a llevar a buen puerto misiones como mínimo bastante complicadas. Y este deliberado clasicismo hiere de muerte la identidad de Rogue One: Una historia de Star Wars, porque la cinta cumple sin problemas, pero no consigue reclamar su propio sitio en el género. La dirección de Gareth Edwars (mucho más atrevido vimos al director en su anterior trabajo, Godzilla) es lineal, y en ningún momento parece buscar la identidad propia de la cinta. Todo acontece según los cánones clásicos del género, y todo se resuelve de la misma manera: sin arriesgar, sin dedicar ni un minuto a explorar nuevos senderos o caminos en el género. Una deficiencia (y es que todo hay que tenerlo en cuenta) que se disimula muy bien con el envoltorio y el contexto del producto. Porque hablamos de Star Wars, una saga cuya potencia parece inagotable, nos movamos por el terreno que nos movamos. Así, basta un simple plano aéreo del despegue de una nave (o lanzadera) en el que se abre la lente, acompañado de los compases de sus melodías clásicas, para que muchos le den un buen zarpazo al cubo de palomitas con los ojos muy abiertos. Es la fuerza de la llamada cultura pop. Es la fuerza de la cultura que muchos hemos mamado desde bien pequeñitos.

Rogue one. Crítica en El PalomitrónEsta falta de arrojo por parte del director (o de la productora) a la hora de innovar, y que tanto contrasta con la propia naturaleza de la cinta, convierte Rogue One: Una historia de Star Wars en un título que corre el riesgo de ser olvidado durante la mayor parte del metraje. A excepción, no todo iba a ser insulso, de su media hora final, que vuelve a plantear conflictos en varios planos paralelos y nos regala la batalla espacial más espectacular de toda la saga. Un festival de X-wings, cazas Tie, Destructores Estelares Imperiales, cruceros estelares Mon Calamari y fragatas rebeldes que llenan la pantalla de color y nostalgia, y tira de todos los avances técnicos actuales para multiplicar por diez la fuerza de la mítica batalla espacial de El retorno del Jedi.

Del reparto, muy poco que decir. Sobresalen con comodidad Mads Mikkelsen y Ben Mendelsohn sobre el resto del elenco, y Felicity Jones está correcta, pero a años luz de Daisy Ridley y su papelón en El despertar de la fuerzaDiego Luna, en cambio, parece más un fan de la saga que pasaba por ahí, al igual que el casi siempre correcto Forest Whitaker.

¿Entretenida? Por supuesto. ¿Recomendable? Claro que sí. Pero muy contenida y demasiado benevolente con todos los públicos (o mercados), lo que la condena a carecer de aquellos momentos que sí habitaban en sus hermanas mayores, y que han pasado a la historia del cine.

LO MEJOR:

  • La media hora final, y en concreto la batalla espacial. Formidable.
  • La incorporación de nuevos planetas y mundos (algunos realmente frescos y originales), y cómo lucen en pantalla grande.
  • Reencontrarse con muchos elementos, naves y vehículos de la trilogía clásica sin ningún tipo de limitación, si hablamos de efectos especiales.

LO PEOR:

  • Carece de entidad propia, y desprende mucha falta de valor.
  • No tienen momentos que el paso del tiempo pueda convertir en míticos o reseñables.

 

Alfonso Caro

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