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Riverdale en El PalomitrónNo pocos espectadores en España hemos crecido enganchados a las ficciones norteamericanas con un marcado corte juvenil. Y no pocos espectadores hemos acabado somatizando aspectos y claves de su cultura popular, hasta el punto de reconocer casi como nuestro un estilo de vida que nunca nos ha pertenecido, que nunca hemos vivido, pero que, curiosamente, nos resulta más cercano y conocido que el de otras sociedades más próximas o afines a la nuestra.

Estados Unidos lleva décadas exportando su way of life a todo el planeta en una suerte de colonización ideológica que ha encontrado en su producción de ficción (cine, series, cómic) un formidable embajador. Riverdale es quizá su apuesta más clara en estos últimos años de continuar esta senda, y desde luego tiene todas las papeletas para repetir el éxito que en la década de los noventa ya cosechaban series como Sensación de vivir, Dawson crece o las más cercanas, e instaladas ya en el nuevo siglo, One Tree Hill o Glee.

Riverdale es la materialización de un proyecto que Greg Berlanti (que ya escribió ocho capítulos de la mencionada Dawson crece y está detrás de series como Political animals o Arrow) y Roberto Aguirre-Sacasa (un peso pesado del cómic norteamericano y guionista de series como la también ya mencionada Glee, Looking o Supergirl) llevaban acariciando de manera oficial desde 2014 para celebrar el 75 aniversario de la serie del cómic Archie, muy popular en Estados Unidos y protagonista ya de muchos guiños y homenajes en series tan icónicas como Los Simpson, Friends o Phineas y Ferb, amén de esa primera adaptación que llevó a cabo la cadena CBS en 1968 (Archie y sus amigos), y algún que otro largometraje muy poco afortunado. Un proyecto que tras ser barajado por la cadena Fox ha terminado encontrando su lugar en la cadena The CW, y que Movistar Series Extra acercará a la audiencia española desde este mismo viernes 27 de enero.

Archie y sus amigos El Palomitron

El equilibrio entre cumplir el canon y explorar nuevos caminos

Tras ver el piloto de Riverdale, hay una cosa que nos queda clara: estamos ante algo diferente. Y nos embarga esta sensación porque aunque la serie cumpla escrupulosamente con todos los clichés juveniles que tenemos almacenados en nuestra memoria seriéfila juvenil, estos han aprendido a convivir con las nuevas formas de comunicación y de relacionarnos que imperan en nuestros días. Así que sí, tendréis pueblecito, instituto, hamburguesería como punto de encuentros (y desencuentros), animadas charlas (y cotilleos) en las taquillas, equipo de rugby, animadoras, baile de promoción, la popular, la nueva en el insti… pero también os vais a encontrar con teléfonos móviles, WhatsApp o redes sociales. Todo ello bajo un calculado tono que se mueve entre el puro festival de hormonas propio del subgénero y una ironía que flirtea en muchos momentos con la parodia a esos mismos modelos juveniles.

Riverdale en El PalomitrónPero lo que realmente distancia Riverdale es su atmósfera, mucho más misteriosa, oscura (y por momentos insana) que las habituales en este tipo de ficciones. Porque Riverdale incorpora como eje secundario en sus primeros compases (un eje que poco a poco todo apunta a que acabará siendo la columna vertebral del relato) la misteriosa desaparición del chico más popular del instituto. Un suceso que saca a la luz el espíritu adulto de la serie, y que probablemente sirva como epicentro para destapar los secretos de todos los protagonistas de la serie. Porque en Riverdale se mastica que las apariencias son una fachada perfecta para la supervivencia y la aprobación social de sus habitantes. Y porque en Riverdale da la sensación de que hay muchas cuentas que ajustar.

Riverdale en El PalomitrónY como era de esperar, y teniendo en cuenta que hablamos de la adaptación de un cómic como Archie, la galería de personajes en Riverdale es muy amplia. Todos, en mayor o menor medida, rotan sobre el astro rey, Archie, y todos gozan de varios niveles de lectura que se irán revelando según avance la trama. Destaca la presencia de Luke Perry (sí, Dylan forever) como padre de Archie, y que funciona como puente y nexo generacional (ahora él es el testigo de cómo su hijo se debate entre la rubia y la morena, siguiendo la tradición familiar), y alguna que otra incorporación sonada del cine juvenil ochentero según avance la temporada.

Con solo un capítulo visionado es complicado emitir un juicio de valor sólido, pero las sensaciones son positivas, los paisajes canadienses fabulosos, y podemos hablar de una serie que busca romper las limitaciones de los géneros que toca, combinando con eficacia la comedia juvenil y el thriller para buscar nuevos públicos, o quizá para conducir hacia la madurez a los espectadores más jóvenes con un discurso fílmico que se adivina deudor de ese indiscutible icono televisivo que es Twin Peaks.

Bienvenidos a Riverdale, donde (una vez más) nada es lo que parece.

 Alfonso Caro

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