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Después de los tres primeros capítulos, ya tenemos un diagnóstico claro sobre la adaptación estadounidense de la fantástica ficción catalana POLSERES VERMELLES. Apadrinada por STEVEN SPIELBERG al otro lado del charco, RED BAND SOCIETY se estrenó el pasado 17 de septiembre en FOX con unas cifras de audiencias nada halagüeñas. Desde la emisión del episodio piloto, las audiencias no hacen más que descender, y ya parece claro que el público americano le ha dado la espalda a la versión yanqui de una de una de las mejores ficciones que se han hecho en nuestro país. Pero, ¿merece la serie este escaso reconocimiento? Nuestra respuesta es un rotundo sí.

 

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UNA IDEA DESPERDICIADA

Lo que antes llama la atención de RED BAND SOCIETY es la falta de personalidad de la que adolece. Ni sus personajes ni sus tramas están bien introducidos, por lo que la empatía con todos los arcos argumentales y situaciones es totalmente nula. Es curioso cómo una idea tan buena ha sido desperdiciada de esta forma. La ficción española salía airosa a la hora de recrear un ambiente mágico y con muchísima personalidad, que conseguía emocionar y entretener a partes iguales; sin embargo, su adaptación en EEUU parece que ha sido hecha rápido y ha quedado sin pulir. Es un producto profundamente soso y sin ningún tipo de corazón.

La serie se centra en la historia de cinco adolescentes y un niño en el hospital de Ocean Park. Siguiendo una estructura similar a la de la serie original, encontramos a dos chicos con cáncer (Leo y Jordi), una chica con problemas alimenticios (Emma) y una chica con problemas de corazón y drogadicción (Kara). La rubia animadora viene a sustituir en la versión estadounidense al futbolista Ignasi, aunque desempeñan un rol similar. El problema es que el personaje femenino ha sido introducido para incitar las tramas amorosas y crear conflictos personales que, seguro, veremos próximamente.

 

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EL “TODO VALE” DISFRAZADO DE DRAMA MÉDICO

Hay muchas cosas malas que podemos destacar de RED BAND SOCIETY, pero lo peor sin duda es la sensación de libre albedrío e improvisación que reina en ese “hospital”. Escribimos hospital entre comillas porque parece que allí las normas no se aplican, y ese centro tiene pinta de todo menos de centro sanitario. El realismo que hacía grande a PULSERAS ROJAS,a nivel narrativo y a nivel emocional, se difumina por completo en un escenario que parece un hotel de cinco estrellas. Asumimos de primeras que es un centro privado, y podemos entender los lujos hasta cierto punto, pero que los jóvenes tengan habitaciones que parecen una casa -llenas de guitarras y televisiones de plasma y decoradas al gusto hasta el más mínimo detalle- dota a la ficción de SPIELBERG de un aire totalmente in-creíble y de un tono infantiloide nada apropiado para la network en la que se emite.

Ya hemos visto a algunos de sus protagonistas asistir a fiestas universitarias (ojo, que frente al hospital se encuentra una fraternidad), a Kara traficar con droga e invitar a su novio a la habitación y practicar sexo con él, o a todo el grupo beber cervezas en la azotea en una terraza chill-out perfectamente diseñada. A este surrealismo, le sumamos además la bochornosa promo del siguiente episodio: los chicos van al baile de graduación o incluso al cine.

Muchas voces apuntan a que RED BAND SOCIETY se emite en la network equivocada. En un principio, la serie parece más apropiada para otros canales como ABC Family, The CW o incluso MTV, pero no encaja demasiado con el público que sintoniza diariamente FOX (ya veíamos lo mal que funcionaba últimamente GLEE).

 

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UNOS PROTAGONISTAS SIN PERSONALIDAD

Si bien los personajes adolescentes pueden llegar a tener cierto interés, los adultos no llaman en absoluto la atención. Es bastante molesto e incluso ofensivo ver desperdiciado de esta forma el potencial interpretativo de la ganadora del Óscar, OCTAVIA SPENCER. La doctora no termina de despegar como personaje, y lo mismo sucede con Brittany o el doctor Jack (aunque este ahora parece que va a ganar protagonismo debido a la relación que mantiene con la madre de Jordi).

Para rematar este apartado, no podemos olvidarnos de Dash. Este personaje está interpretado por el ídolo adolescente ASTRO (participó en The X Factor e inclusó grabó una canción con CHER LLOYD), y después de tres capítulos, todavía no sabemos qué hace en ese hospital, aparte de pasearse por ahí con su monopatín. Toni, su versión española, no merece que le hagan esto. Por último, el narrador de la historia es un chico en coma que se llama Charlie. En este aspecto sí se ha mantenido algo de la esencia de la serie catalana, aunque el personaje es ajeno a la trama de RED BAND SOCIETY, y se limita a ejercer de narrador omnisciente.

 

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EL CÁNCER COMO EXCUSA

No se puede pretender realizar un drama profundo sobre la adolescencia y la enfermedad y quedarse a medio camino. La ficción se encuentra en tierra de nadie, en un continuo “quiero y no puedo” que no logra emocionar y mucho menos mantener el interés del espectador (esto explica su progresiva bajada de audiencia). En la serie de FOX falta emoción, falta magia, falta sentimiento de verdad. Todo lo que tenía de bueno PULSERAS ROJAS se ha desperdiciado en su traslado a EEUU, y se ha preferido dejar al cáncer en un segundo plano.

El nivel es tal que da la sensación de que la serie podría transcurrir perfectamente en cualquier otro contexto situacional. El hospital y la enfermedad son simples excusas para conseguir unir a varios personajes en un mismo lugar, pero los pacientes no nos importan en absoluto. Nos da igual que los chicos tengan cáncer, problemas alimenticios o problemas de corazón, porque al final lo importante es quién consigue a la chica guapa del lugar.

No sabemos si en algún momento tendremos que tragarnos nuestras palabras y la serie resurgirá de las cenizas en las que ahora se encuentra, pero de momento esta adaptación nos deja una sensación bastante amarga. De los dos productos televisivos que hemos exportado este año, THE MYSTERIES OF LAURA es sin duda la mejor opción para disfrutar de la ficción en televisión durante esta temporada.

 

Ricardo Lampérez

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