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Sólo hay dos razones por las que el espectador puede darle las gracias de corazón a R.I.P.D. La primera de ellas es no haber caído en esa terrible y cansina moda de Hollywood de oscurecer y engravecer cualquier historia por pequeña o ridícula que sea creando armatostes de más de dos horas de duración protagonizados por personajes atormentados por traumas infantiles y/o culpabilidades pesadillescas. Apuntamos a NOLAN con el dedo. La segunda razón, por desgracia, no representa una virtud en sí misma. Viendo a estas almas caídas en el limbo en busca de redención persiguiendo a demonios perdidos en un mundo que no les corresponde uno recuerda y valora aún más todas esas películas que entremezclan nuestra realidad con un mundo fantástico. Obras que lo hacen con encanto, magia, personalidad y sobre todo, y perdónenme la sorna, con alma. R.I.P.D. contagia las ganas de revisitarlos, porque tan sólo ofrece un raquítico reflejo de ellas. Su divertida premisa guardaba potencial para jugar en la liga de LOS CAZAFANTASMAS, ¿QUIÉN ENGAÑÓ A ROGER RABBIT?, AGÁRRAME ESOS FANTASMAS u HOMBRES DE NEGRO, pero confunde un espectáculo liviano y disfrutable con algo insustancial, previsible y hueco.

 

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Resulta sorprendente la falta de imaginación con la que los responsables afrontan una historia que debería ser un alarde de fantasía. Las reglas de ese limbo están por escribir, pero salvo la inspirada escena del paso del protagonista al otro mundo, y algún gracioso golpe de slapstick, el grueso consiste en escenas cien veces vistas, persecuciones insertadas en la historia con calzador, chistes repetidos hasta la saciedad y un 3D prácticamente desperdiciado. El otro gran problema es que R.I.P.D. parece no tener claro a qué público va dirigido; demasiado blando para el adulto, demasiado aburrido para el infantil. La ausencia de química entre JEFF BRIDGES y RYAN REYNOLDS tampoco ayuda a levantar el espectáculo: el primero, con un toque LEBOWSKI marca de la casa, insufla alguna sonrisa de compadreo, y el segundo añade otro soso papel protagonista a su irregular carrera.

 

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El fallido casting se queda en anécdota porque el verdadero problema de R.I.P.D. es un guion de segunda categoría que no exprime una historia simpática y resultona, y una premisa que en otras manos nos habría regalado un buen puñado de escenas originales, frescas y descacharrantes. Si estas almas buscaban su redención, no la han encontrado.

 

 

LO MEJOR:

  • La escena del paso al otro mundo.
  • Su ocasional humor de sal gorda.

LO PEOR:

  • El conjunto es olvidable.
  • Desaprovecha una premisa con mucho potencial.

 

 

José Colmenarejo 

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