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¿Quién determina qué es políticamente correcto? Cuando se habla de sexualidad y adolescentes se intenta abarcar de la forma más natural, pero termina convirtiéndose en un tabú tanto para los que están en esta etapa como para los adultos. Tras muchos intentos de normalizar actitudes relacionadas con el tema, Netflix estrenaba Big Mouth a finales del mes pasado.

Vamos a hacer un repaso de los principales temas que se exponen, sin demasiados spoilers, pero recomendamos a todo el que quiera seguir leyendo que visualice su primera temporada para disfrutar al completo de este artículo. A primera vista, Big Mouth se plantea como una serie gamberra y sin pelos en la lengua (y no deja de serlo), pero su contenido va más allá de esa primera y simplificada visión.

La historia se basa en dos personajes protagonistas, Nick (Nick Kroll) y Andrew (Andrew Goldberg), amigos de la infancia que comienzan una nueva etapa repleta de cambios y aventuras en las que nunca se habían visto envueltos. Las otras dos protagonistas son Jessi (Jessi Klein) y Missy (Jenny Slate) en estadios diferentes: la primera, en pleno descubrimiento de su sexualidad recién convertida en mujer, y la segunda descubriendo los primeros atisbos de los cambios que están por llegar. De igual forma, Nick y Andrew se encuentran en otros dos polos: el primero, aún considerado un niño, preocupado por el atraso que su pubertad está experimentando, y el segundo recién adentrado en el mundo de la masturbación.

Masturbación: el tabú por excelencia

Aquí vemos el primer tabú que afecta tanto a hombres como mujeres: la masturbación. Sí, es un hecho. Y sí, a pesar de que una amplia parte de la población lo hace, está totalmente estigmatizado, sobre todo en el sector femenino. La cuestión es ¿por qué? ¿Se trata de “proteger” al niño de los “peligros” de descubrir su sexualidad? ¿Es verdaderamente algo depravado y reservado solo a aquellos pervertidos mentales? La primera es posible que se entienda así; la segunda es totalmente absurda.

El descubrimiento de la sexualidad y el deseo es un estadio natural en todos los seres humanos que socialmente se ha visto oculto por concepciones como la que en su día dio la religión, llegando a decir que producía ceguera a largo plazo. Aun no tratándose de forma natural el tema de la masturbación, se intenta concienciar y enseñar a los jóvenes sobre educación sexual, siendo en la mayoría de los casos un auténtico fracaso. Es necesario que los jóvenes adolescentes sepan los riesgos de realizar el acto sexual sin protección o cómo funciona su aparato, pero nunca se ahonda en el tema de forma correcta. Muchos recordaremos clases de sexualidad en las que un par de vídeos y un debate en el que se intentaban obviar las carcajadas no hacían más que reforzar el prejuicio social ante el tema.

Esto no quiere decir que tengan que poner un capítulo de la serie a adolescentes de 12 o 14 años en las escuelas, pero sí sirve para darnos cuenta de que el problema existe y debería ser solucionado por medios diferentes a los que estamos acostumbrados.

La serie realiza una amplia muestra desde el punto de vista de jóvenes en plena pubertad, etapa en la que más oculto y perverso parece. Y solo hay que pararse a ver el episodio Las chicas también están salidas, en el que los chicos se escandalizan, literalmente, al darse cuenta de que las chicas tienen los mismos deseos sexuales que ellos. Esto supone un avance importante para normalizar un terreno en el que la igualdad de género todavía tiene mucha batalla que librar, y aun así a más de uno le habrá parecido excesivo, totalmente alejado de la realidad.

Empoderamiento femenino

Otro de los tabús en los que se adentra Big Mouth (menos de lo que nos hubiera gustado, también hay que decirlo) es en la menstruación femenina, en el capítulo Todas sangramos. A Jessi le baja la regla por primera vez en una excursión escolar y tiene que lidiar con ello como puede.

Para una mujer, la menstruación continúa siendo un estigma social que nos hacen alimentar desde la vergüenza, el miedo y, sobre todo, el desconocimiento. ¿Por qué ignorar un estado natural de todas las mujeres? ¿Por qué ridiculizarlo? La serie toma este problema por la raíz y lo muestra tal y como es, tal y como a cada una de nosotras nos ha podido afectar en algún momento de nuestra vida. A modo de parodia, retrata los estados de ánimo que desarrollamos cuando nuestras hormonas se disparan. Pero ¡oh, sorpresa! no solo las mujeres tenemos hormonas.

También ahonda en la imagen que una mujer tiene de sí misma, otra vez representada por Jessi en el episodio Las chicas también estamos salidas. Previo discurso empoderado feminista, consigue que su madre la compre un sujetador de encaje rojo. Contenta y desprendiendo seguridad, decide llevarlo al colegio, pero termina en el baño llorando por ser el centro de atención de todos. En este mismo episodio se hace un pequeño análisis de la cultura de la violación y el concepto de mujer objeto cuando Andrew, Nick y Jay debaten sobre el nuevo sujetador. Jay afirma que Jessi está deseando que le toquen las tetas, que la halagaría y es lo que pide, y en el momento en el que se cruza con ella y se lo dice, ella le estrangula. Demuestra que cada mujer es libre de llevar y hacer lo que quiera, sin tener que pedir la aprobación de nadie, y aunque termina quitándose el sujetador y guardándolo en la mochila, supone un primer paso de lo que será su empoderamiento y reivindicación como mujer.

Pero no solo vemos el reflejo de la cultura de la violación aquí. En el episodio El empujacabezas, Missy y Andrew asisten a una escena en la que Daniel (Zach Woods), el popular protagonista del grupo de teatro, intenta obligar a la hermana de Nick, Leah (Kat Dennings), a hacer cosas que no quiere hacer empujándole la cabeza e insistiendo cuando esta claramente dice “NO”. A diferencia de la mayoría de los casos en la vida real, todos en la fiesta terminan humillando al acosador sexual y acaba yéndose ridiculizado a casa. Otro punto a favor para Netflix y su peculiar pero efectiva forma de contar las cosas.

Las relaciones de pareja: el nuevo horizonte

En la pubertad no solo se explora la propia sexualidad, sino las interacciones que la producen. Aquí Big Mouth hace un breve pero acertado recorrido sobre ellas, comenzando por Jessi y Nick, que empiezan a salir en el segundo episodio “porque es lo que toca” después de que se hayan besado. Ninguno de los dos está preparado y tienen una relación de palabra, sin más. Jessi también es la protagonista de otro tipo de relación, en este caso con Jay. Jessi no quiere a Jay, solo quiere besarle, y cuando este le pide que defina la relación ella lo acepta solo porque quiere seguir besándole, no porque le quiera. Aquí vemos cómo se trata de llenar un vacío producido (en el caso de Jessi) por una familia desestructurada donde las drogas y los amantes juegan un fuerte papel. Ella solo quiere evadirse, y la forma de lograrlo es a través de un chico que le da igual.

Sin embargo, la relación en la que más se profundiza es en la de Missy y Andrew, dos jóvenes que se atraen pero que son demasiado jóvenes para saber qué hacer cuando dos personas se atraen. Muestran diversos preámbulos, pero no llegan a nada concreto. Y la propia Missy tiene un diálogo fascinante en el que compara a Andrew con el azúcar, y se antepone a sí misma ante la relación que tiene con Andrew: ella considera que su integridad física y mental es más importante que una persona, por mucho que la quiera. Y que esta lección tenga que darla una niña de 13 años tiene tela… También tratan el chantaje de una persona que padece dependencia emocional, en este caso Andrew, que incluso llega a decir en voz alta que si Missy se va, él se suicida. Una relación tóxica a la que ella sabe poner punto final de forma magistral.

Y podríamos continuar hablando sobre las relaciones familiares y el efecto que tienen en los protagonistas, o de cómo se tambalean las amistades cuando una pareja entra en juego, e incluso también de cómo puede afectar una ruptura a un joven o de cómo se trata (sutilmente) la homosexualidad. Pero la serie, sin segunda temporada confirmada, tendrá tiempo de profundizar en estos y muchos temas. Nosotros seguiremos esperando que, a modo de carcajada, nos enseñen lecciones que de otro modo nunca han sabido hacer.

Cristina Domínguez

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