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Jorge Sanz en El Palomitrón

Debutó en el cine hace más de tres décadas, por eso Jorge Sanz ya está habituado a que lo reconozcan por la calle. Lo que aún consigue sorprender al protagonista de películas tan inolvidables como Valentina, Belle époque o Amantes son las curiosas reacciones de algunos de sus seguidores cuando se lo encuentran. “Me paran y me preguntan si estoy bien y si necesito algo”. La culpa la tiene Qué fue de Jorge Sanz, la serie de Movistar+ dirigida por David Trueba. Recién estrenado su octavo capítulo, la serie juega con la efímera línea entre la ficción y la realidad presentando al intérprete como la definición misma del desastre con hilarante credibilidad. “Mucha gente se piensa que es un documental. Yo les digo que no, que es televisión. Una serie vendida, comprada y pagada”, sostiene Sanz con humor.

Esquiva, no obstante, revelar qué hay de realidad en su alter ego. “Es mejor no saber cómo es el auténtico. Siempre que descubres como es la gente que admiras al final te llevas un disgusto”, bromea. “La verdad es que no lo sé ni yo. Cada vez me cuesta más distinguir al Jorge Sanz real del personaje”.

La serie acaba de estrenar su octavo capítulo con el aplauso unánime de crítica y público, incluido el del protagonista. “Es uno de los episodios que más me gustan de todos”, confiesa. La nueva entrega aterriza casi siete años después del estreno de la serie en 2010. Empezó mostrando a un Jorge Sanz ficticio pasado de moda, olvidado por la industria y por un público para el que era carne de los 90.

A lo largo de las entregas, sin embargo, ha vuelto a reconquistar la estabilidad y el éxito. En el último episodio, por fin, el actor vuelve a brillar. Es más, retoma uno de los personajes más recordados por el público y hace doblete en Budapest mientras rueda también con un tal Fernando Trueba. “Compaginar el rodaje de Qué fue de Jorge Sanz con el de La reina de España ha sido una doble voltereta lateral, pero ha supuesto para mí el gran placer de los placeres”, asegura. “Me lo he pasado como nunca, no sabes lo que es trabajar con David y Fernando a la vez”.

Afortunadamente, el mayor encanto del personaje sigue intacto. Por muy bien que le vayan las cosas, en el fondo continúa siendo un tierno fracasado muy perdido en la vida, algo que el actor agradece porque considera que a los perdedores todo el mundo los quiere y es más fácil empatizar con ellos. “Las situaciones que le pasan son como las miserias de todo el mundo. Tiene sus días buenos y sus días malos. Como todo el mundo”. Para construirlo, David Trueba y el propio Sanz beben de los estereotipos que recaen sobre la profesión.

De hecho, los cameos de actores que han pasado por la serie son uno de los ejes sobre los que se vertebra y, de paso, han dejado los momentos más memorables. Todos, sin excepción, dejan los reparos atrás y se ríen de la fama con la que cargan parodiándose a sí mismos. “Yo cargo con un muerto que tiene toda la profesión. Pero no soy tan mezquino”, asegura el actor. “Jugamos con la concepción que tiene el público de nosotros. Como ejercicio nos resulta muy divertido”.

Esa meta de pasarlo bien mientras dan forma a la serie no la han perdido con los años, ni con la evidente mejora de los medios con los que cuentan para grabarla. “En su día no nos dio miedo arriesgar. Lo que nos apetecía a David y a mí era trabajar, grabar por grabar. Y por reírnos, y por hacer risas. Ya está, así empezamos”. Por eso también dejan pasar tanto tiempo entre capítulo y capítulo. “La gracia que tiene es que es una serie anormal de un anormal. Es una ficción anormal en todos los aspectos, incluyendo el protagonista”.

Asegura que Movistar+ no les ha puesto nunca ningún tipo de cortapisas, sobre todo con las premisas de Trueba de no enseñar ningún guion y mostrar ya el episodio hecho. “Nos dejan total libertad para hacer lo que nosotros queramos”. Es lo que seguirán haciendo. Aunque no se sabe dentro de cuando, la historia continuará. “David y yo siempre estamos dándole vueltas. El proceso es un poco así. Nosotros somos así”.

Una serie cuyo visionado os recomendamos para que podáis disfrutar de su ácido humor, y sobre todo, de una estrella nacional que ya goza de su representación en el museo de la fama de este país, o dicho de otra manera, en el Museo de cera de Madrid.

María Robert

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