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Un ciervo pasea plácidamente por un bosque nevado mientras oímos el padre nuestro fuera de campo. Un disparo certero atraviesa su cabeza, y un padre felicita a su hijo por el bautismo de caza. Así empieza PRISIONEROS, con esa mezcla de brutalidad seca y calma cotidianidad. Una combinación que en manos de DENIS VILLENEUVE deviene en un thriller de primera división, que retrata un mundo, el nuestro, ennegrecido, pesimista, violento y condenado a repetir sus mismos errores. Ya lo mostró con inquietante brillantez en INCENDIES. Aquí se supera.

 

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Uno atiende con pasmo a esta historia en la que dos niñas desaparecen sin dejar rastro alguno sin poder dejar de analizar todos los detalles, todas las pesquisas y todos los interrogantes que con buena mano, con parsimonia pero con intensidad, va desvelando un guión creíble y eficaz con alma de laberinto. Un solitario detective (absorbente JAKE GYLLENHAAL) y uno de los padres (convincente HUGH JACKMAN) se obsesionan con un caso que parece imposible, con una adivinanza envuelta en un misterio dentro de un enigma que abrirá dos vías para solucionarlo y también para empatizar con el respetable: una la de la ley y la frialdad, y otra la de la brutalidad y la desesperación. Ambas van ofreciendo respuestas poco a poco, y cada una de ellas es recibida por el espectador con total entrega, mientras es testigo de las dudas y actos de unos interesantes personajes a los que, en una situación límite, se les presentan dilemas morales sobre la venganza y la justicia.

 

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PRISIONEROS posee además ese carisma oscuro y descarnado de cintas similares como SEVEN, alimentando nuestro morbo por esa destartalada y desquiciada América profunda. Ofrece picos de intriga soberbios, en especial en su último tramo, cuando se adentra en la boca del lobo, en esas casas de pesadilla y mentes perturbadas que de vez en cuando salpican nuestro salón desde el telediario mostrando historias que parecen sacadas del cine más perverso. Ésta es una de ellas.

Con un reparto espléndido (TERRENCE HOWARD y PAUL DANO brillando como secundarios), algunas imágenes poderosas (ROGER DEAKINS, habitual colaborador de los hermanos COEN, en la fotografía), y un guión que juega al misterio como lo hace ZODIAC y al rompecabezas como hace MEMORIES OF MURDER, PRISIONEROS deja un importante poso de desasosiego tras su vibrante e intenso visionado. Es, sin duda, producto del buen cine.

 

LO MEJOR:

  • una historia absorbente y adictiva
  • el personaje compuesto por JAKE GYLLENHAAL
  • el inquietante epílogo

LO PEOR:

  • dos escenas un tanto inverosímiles que no afectan al conjunto
  • el personaje de HUGH JACKMAN puede agotar

 

 

José Colmenarejo

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