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Desde que el 17 de marzo de 1986 se celebrase su primera edición en el madrileño Teatro Lope de Vega, los Premios Goya reconocen cada año los mejores trabajos de nuestra industria. Una noche de celebración para nuestro cine a la que el año pasado se sumaron una media de casi cuatro millones de espectadores (un 29,4 % de cuota de pantalla frente al 19,8 % de 2014), una cifra espectacular y casi incoherente con los números que baraja nuestro cine en la taquilla (las cinco nominadas a Mejor película apenas suman juntas 1,1 de los 94 millones de entradas vendidas en nuestros cines en 2014), pero que encuentra buena parte de su explicación en el masivo seguimiento colectivo que tienen estos acontecimientos, tanto en los hogares en forma de reuniones de amigos, como en redes sociales, se hayan visto o no las películas. El caso es pasar un buen rato, suspirar por ellos y por ellas, emocionarse con la alegría de los premiados o solidarizarse con la estoica decepción de los perdedores, y también, cómo no, para que más de uno critique con los mismos argumentos de siempre a los de siempre.

Pero la noche de los Goya no es la noche del público: es la noche de los académicos. Son ellos los que votan y poco o nada deberían importar las cifras de recaudación. Lo que sí está asegurado es esa segunda vida en la cartelera para las cintas triunfadoras, sobre todo si su ristra de premios resulta muy abultada y su carrera comercial previa ha sido muy discreta. TESIS, EL BOLA, LA SOLEDAD o PA NEGRE son claros ejemplos de segundas carreras comerciales (y en el caso de PA NEGRE hasta terceras gracias a su posterior precandidatura a los Oscar). En cualquier caso, y aparcando los números, lo que es seguro es que durante la noche del sábado muchos volveremos de una nueva velada bañada de cine y muy salpicada de aquellas teorías que muchos forjan a última hora sobre el devenir de los nominados.

 

UNA GALA EN BOCA DE TODOS

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De los cinéfilos y de los no tantos, de los defensores del cine español y de sus más acérrimos enemigos. Los Premios Goya nunca pasan de puntillas, especialmente desde que en su edición de 2003 el colectivo Animalario concibiese la gala más politizada de la historia de los premios en su protesta contra la guerra de Irak. Desde entonces, el distanciamiento de nuestra industria con el gobierno del PP ha sido muy notable, y realmente preocupante si hablamos de ese sector del público que no aprobó (ni entendió) esa actitud, condenando casi eternamente al conjunto de todos los implicados en nuestro cine. Y es que en los últimos años hemos asistido a galas donde los reproches eran los protagonistas y también el cemento para seguir dotando de solidez un muro entre artistas y políticos de turno que nunca debería haberse planteado. Un tema espinoso que ha alimentado pulsos, individuales y colectivos, con un solo perdedor: nuestro cine.

Solo Cristina Cifuentes ha confirmado su asistencia a la gala de entre los pesos pesados de los populares, y así también los harán los secretarios generales de PSOE, Ciudadanos y Podemos. Quizá la ausencia más notable en el apartado de autoridades es la de los Reyes, que se pierden el 30 cumpleaños de estos galardones por razones desconocidas (como curiosidad podemos apuntar que el rey Felipe VI solo acudió a la edición del 2000, la única que de manera excepcional se celebró en Barcelona). Una nueva lista de ausentes y presentes que, con seguridad, alimentará más de un debate y volverá a dar alas a los argumentos menos conciliadores.

Porque pese a que todo apunta a que las relaciones con la industria y el gobierno entrante (si es que finalmente entre alguno) mejorarán en buena parte, la salud de nuestro cine es precaria (no se puede depender de los apellidos de turno para maquillar, año tras año, un panorama realmente desalentador) y lo cierto es que el escándalo del fraude de las ayudas al cine basado en la falsificación de entradas (que no compra masiva), y en el que ha visto involucrado ¡un presidente de la Academia de Cine! ha supuesto una nueva estocada a la trastocada imagen de una industria que lucha a diario como ninguna por derribar prejuicios a golpe de talento.

 

HABLEMOS DE CINE

¿Y cómo se van a repartir los premios este año? Pues la verdad es que la gala más que sorpresas lo que nos reserva son duelos. Duelos en varias categorías que van a asegurar el disfrute de todos los que sois muy aficionados a las quinielas y que impedirán que nadie se marche a la cama antes de la finalización de la gala. Lo más sencillo sería apostar por EL DESCONOCIDO en montaje, sonido y dirección novel; reservar a TRUMAN para guion, actores (principal y secundario) y regalar el resto de los gordos a LA NOVIA, pero quizá no todo sea tan fácil para el equipo comandado por PAULA ORTIZ. Pero vayamos por partes, y veamos en qué categorías podéis hacer un alto para acercaros a la cocina o al baño y en cuáles puede haber sorpresas, en el fondo siempre tan necesarias.

 

LOS TÉCNICOS

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Tanto en canción original y vestuario como en diseño de producción, la televisiva PALMERAS EN LA NIEVE tiene muchas papeletas para llevarse los (¿únicos?) premios para casa. Pero hasta ahí, porque en maquillaje y dirección artística se las tendrá que ver con LA NOVIA, que tiene asegurados también fotografía y música original. EL DESCONOCIDO no tiene rival en montaje y sonido, y es posible que se lleve también el Goya a efectos especiales, aunque este debería ser de ANACLETO: AGENTE SECRETO.

 

LOS NOVELES

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El futuro de nuestro cine. Nuestras categorías favoritas porque los que hoy recogen sus premios a Mejor dirección o actuación novel, mañana lo recogerán en las categorías mayores (FERNANDO LEÓN y ALEJANDRO AMENÁBAR no solo ganaron en estas categorías con sus respectivas FAMILIA y TESIS, sino que junto a DAVID TRUEBA son los únicos cineastas que han recogido después dos veces el cabezón a Mejor dirección).

Esta edición la categoría dirección novel reúne a cuatro directores que han firmado algunos de los trabajos más interesantes del último año: LETICIA DOLERA, DANIEL GUZMÁN, DANI DE LA TORRE y JUAN MIGUEL DEL CASTILLO. Y pese a que el filme de LETICIA DOLERA, REQUISITOS PARA SER UNA PERSONA NORMAL, goza de un estilo muy personal y anuncia la llegada de una directora capaz de mantener una impronta propia y diferenciadora en sus futuros trabajos, o que TECHO Y COMIDA revela la facilidad con la que JUAN MIGUEL DEL CASTILLO es capaz de abordar la que, lamentablemente, es la problemática social más actual para demasiadas personas en este país, todo indica que serán DANI DE LA TORRE y DANIEL GUZMÁN los que pelearán en última instancia por el Goya, con quizá un pelín de ventaja para A CAMBIO DE NADA, ese proyecto tan personal de DANIEL GUZMÁN que le ha costado diez años sacar adelante y al que le avalan sus Biznagas malagueñas a Mejor dirección y película. En cualquier caso, lo que hace DANI DE LA TORRE en EL DESCONOCIDO con la cámara, un trabajo sin complejos ni concesiones, debe tenerse en cuenta con mucha seriedad.

Si hablamos de actores noveles, MANUEL BURQUE tiene el mejor posicionamiento para hacerse con el cabezón a actor revelación por su trabajo en la ópera prima de LETICIA DOLERA, aunque no debemos perder de vista al veterano director FERNANDO COLOMO en esta categoría, que en los Goya votan los académicos, y la amistad siempre es un grado, amén de que también firme una interpretación más que correcta, y a ratos muy divertida, en su propia película ISLA BONITA.

En la categoría de actrices noveles, IRENE ESCOLAR y su inmensa labor en UN OTOÑO SIN BERLÍN directamente no tienen rival, aunque no estaría mal que alguien nos explicase qué hace la actriz en esta categoría cuando lleva desde 2003 haciendo cine y cuenta con 15 títulos estrenados a sus espaldas…

 

LOS DE REPARTO

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En Mejor actriz secundaria hay alguien que debe estar muy tranquila. Soberbia, honda y profunda. La interpretación de LUISA GAVASA como “la madre” en LA NOVIA le asegura el Goya. No hay lugar para las sorpresas en esta categoría. Como Mejor actor de reparto es JAVIER CÁMARA quien parte con más papeletas para llevarse a casa su segundo Goya, y no es para menos después de aguantar el tipo durante todo el metraje de TRUMAN ante un monstruo como RICARDO DARÍN. Sería su segunda estatuilla, después de llevarse en 2013 la de Mejor actor por VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS.

 

LOS PROTAS

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Mientras que la categoría Mejor actor todos los que no hayan apostado por RICARDO DARÍN deberían dar por pérdida su porra y dedicarse a ver el fútbol, en Mejor actriz la cosa no está ni mucho menos tan nítida. Porque cierto es que quizá sea el momento de INMA CUESTA, pero es que el recital de NATALIA DE MOLINA desprende también tanta potencia que no nos sorprendería nada escuchar cualquiera de sus nombres cuando toque abrir el sobre.

No obstante, no sería justo no señalar especialmente el inmenso papelón de PEDRO CASABLANC en B, una cinta que debería haber merecido mucho más y que esperamos que abra por fin las puertas a un cine de denuncia que pocas veces se ha prodigado en nuestro cine: el de la política.

 

LOS PREMIOS GORDOS

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El camino de LA NOVIA hacia estas estatuillas parecía inexorable, pero el pasado lunes 1 de febrero, el Círculo de Escritores Cinematográficos otorgaba sus medallas a mejor dirección y película a CESC GAY y TRUMAN, lo que aviva las opciones de que LA NOVIA pueda no llevárselos. Cualquiera de las dos candidatas puede hacerse con los premios gordos de la noche, y aquí hay que tener en cuenta que en los Goya hay muchos intereses en juego, más allá de los estrictamente fílmicos.

Si bien PAULA ORTIZ y su cinta deberían ganar porque hablamos de una cinta atrevida, nada fácil de sacar adelante por su naturaleza, y tremendamente innovadora dentro de nuestro panorama cinematográfico, también es cierto que el acercamiento de TRUMAN a un mal que, lamentablemente, asola a tantas familias, resulta loable y ejemplar en su manera de enfocar una enfermedad que, literalmente, campa a sus anchas en ciertos rangos de edad, castigando esa mayor esperanza de vida de la que gozamos todos actualmente.

 

MÁS ALLÁ DE NUESTRAS FRONTERAS

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Pocos ponen en duda que el Goya a Mejor película iberoamericana irá a manos de PABLO TRAPERO por EL CLAN que, además, ha sido la cinta que más ha circulado de las nominadas con mucha diferencia. Su éxito de público y crítica (en San Sebastián encantó a todos) son su mayor aval. En el apartado Mejor película europea no encontramos una candidata con especial ventaja sobre las demás. MUSTANG, LEVIATÁN, o CAMINO A LA ESCUELA tienen papeletas para llevarse el Goya, y las tres han cosechado muy buenas críticas, si bien es cierto que CAMINO A LA ESCUELA toca un temática muy sensible y proclive a los premios.

En el tintero casi nos dejamos el Goya a Mejor película de animación, que sin duda recaerá en la americanizada ATRAPA LA BANDERA, y la categoría de Mejor documental, que si bien nos encantaría que premiase a CHICAS NUEVAS 24 HORAS, no nos pillaría por sorpresa que finalmente reconociese a THE PROPAGANDA GAME como mejor trabajo, documental que, bajo nuestro punto de vista, carece de falta de riesgo y, en resumidas cuentas, no enseña nada nuevo o que no sepamos ya sobre Corea del Norte.

Y para cerrar el repaso quedarían los cortos de animación, de ficción y documental, pero mentiríamos si dijésemos que los hemos visto todos (o apenas alguno). Categorías difíciles porque fuera del circuito de los académicos resulta muy complicado visionar las piezas que, por otro lado, y paradójicamente, suelen albergar una calidad, creatividad y pericia técnica que las convierten en trabajos interesantísimos, pero desgraciadamente con un visibilidad muy, muy reducida.

Lo que sí tenemos claro es que mañana es una velada para disfrutar y celebrar nuestro cine, que nunca está de más, y para soplar con la Academia esas 30 velas por tres décadas trabajando para impulsar nuestro cine y nuestra industria.

 

 

 

Alfonso Caro

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