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OITNB

Nos enfrentábamos con escepticismo a la cuarta temporada de Orange Is the New Black (OITNB) tras una tercera bastante más floja que las dos anteriores, plagada de tramas menores e insustanciales y con una Piper Chapman totalmente desdibujada. Afortunadamente, tras unos primeros episodios en la misma línea, la serie parece volver a haber encontrado su camino. O un camino distinto, pero senda al fin y al cabo. Con la certeza de que Netflix la mantendrá al menos durante un par de años más, esta temporada ha servido para abrir algunos arcos argumentales que se mantendrán en el futuro.

Que OITNB podría sobrevivir sin su protagonista principal es algo que ya casi nadie pone en duda. Da la impresión de que Jenji Kohan, showrunner de la serie, perdió el pulso del personaje al intentar transformarla, deprisa y sin motivos de peso, en una suerte de explotadora capitalista descorazonada y carente de empatía. Ese soy malota porque el mundo me ha hecho así se podría justificar casi en cualquier personaje menos en ella y no ha funcionado, pero al menos ha servido para, tras el conflicto con las dominicanas, (re)humanizarla y devolverla al punto de partida en la segunda mitad de esta temporada. Ahora habrá que ver cómo vuelve a evolucionar, aunque todo apunta a que en el futuro más próximo se enfundará el disfraz de Barbie activista.

El nazismo llega a Litchfield

Litchfield

Hasta cierto punto podría parecer inverosímil la pacífica convivencia multiétnica en la prisión de Litchfield. Sin embargo, la fundación involuntaria del grupo de supremacía aria por parte de Piper y el clan mafioso de Ruiz han servido para potenciar los conflictos raciales. Aún es pronto para saber si Kohan traspasará determinados límites o ese giro de guion más próximo a los de abajo frente a los de arriba acabará por matar una trama que nunca llegó a explotar. Hasta el momento, la creadora ha salido airosa con su enfoque respetuoso del tema, sin caer en lo políticamente correcto ni herir sensibilidades. A su favor también juega el dominio de las escenas cómicas, principalmente las protagonizadas por Black Cindy y Alison Abdullah, uno de los nuevos personajes. Sus conflictos judeo-musulmanes y el papel de Taystee como mediadora internacional son de lo mejor que nos ha dado la temporada.

Las nuevas reclusas

Orange is the New Black

En una serie con tantos personajes como OITNB, las nuevas incorporaciones nunca han encajado bien desde el principio. Vee resultó excesivamente mala y odiosa y empañó demasiado la segunda temporada; Brooks nunca ha dejado de ser cargante, pero, al menos, ha protagonizado la relación más adorable de la serie con Poussey, y Lolly desquiciaba un poco cuando no sabíamos si fingía su locura. Sin embargo, esta temporada las nuevas internas han estado mejor perfiladas y han encontrado rápidamente su hueco en las tramas. La nazi semiarrepentida frente a sus amigas las skinheads; la ya mencionada Abdullah; la genial Hapakuka, primer personaje hawaiano de la serie que ha sabido aprovechar muy bien sus contadas líneas de diálogo y la celebrity Judy King.

La famosa cocinera, que nos ha recordado un poco a la Pantoja (y eso que su plato estrella no era el pollo), ha servido para reflejar la estancia privilegiada de determinados presos con poder en las prisiones. Su relación de amor-odio con Yoga Jones, su inteligente acercamiento a las afroamericanas y sus consentidos abusos a los funcionarios le han permitido pivotar distintas tramas y ser uno de los personajes más transversales de la temporada.

El drama se apodera de los últimos episodios

Poussey dead

La aparición del cadáver del hombre asesinado por Alex y, sobre todo, la muerte de Poussey han marcado el final de la temporada. Lo primero deja muy marcado al grupo de las caucásicas, con Alex a riesgo de ser descubierta, Lolly en psiquiatría y Red tratando de recomponer a su círculo. Nicky y Lorna, por su parte, parecen volver a su estatus de las primeras temporadas, con todo el peligro que eso puede suponer a los personajes.

La muerte de Poussey es más tangencial. No solo afecta a las afroamericanas, sino a todas las reclusas, más aún tras ese cliffhanger final con todas ellas revolucionadas y Dayanara apuntando con un arma a Humphrey.

Dayanara

Una de las cosas que mejor se le ha dado a OITNB es la crítica a la gestión privada de las instituciones penitenciarias, la búsqueda constante del incremento de beneficios a costa de la deshumanización de las presas y el aumento de la brecha desigual no solo entre las internas y el resto de la sociedad, sino contra los propios funcionarios.

La naturalidad con la que un guardia habla de los abusos que cometió en Afganistán, la constante crítica a los poderes económicos, civiles y religiosos y la permanente defensa de la igualdad de género y orientación hacen de OITNB una serie valiente y necesaria, incluso cuando se mueve en terrenos tan pantanosos como el de la violación de Doggett.

En las cárceles norteamericanas se violan los derechos humanos (la trama de Sophia Burset no se aleja mucho de la realidad). Está bien que, incluso desde la dramedia, se aborden estos temas. Dos temporadas después, nos hemos reconciliado con Orange Is the New Black.

 

Fon López

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