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STEPHEN FREARS apareció en la década de los 80 con títulos como MI HERMOSA LAVANDERÍA, ÁBRETE DE OREJAS o LAS AMISTADES PELIGROSAS, películas en las que el drama se aliaba con el cinismo y daba lugar a historias con un enorme calado social, pero fue a partir de los 90 cuando su cine se fue,  digamos que endulzando no tanto en la concepción y el desarrollo de las historias que contaba, sino más bien en cuanto a dejar de arriesgar en la conclusión final de las mismas.  La mordacidad y la acidez del humor inglés han conseguido que el cine de FREARS se escape de lo que llamaríamos cine de sobremesa gracias a la composición de sus personajes pero que sin embargo no termina en esta última etapa de su filmografía de provocar las sacudidas que su cine de los 80 causaba en el espectador.

Y es esto mismo lo que sucede con la película que nos ocupa. PHILOMENA es una historia como tantas otras, tan de actualidad en los últimos tiempos, en la que al cabo de muchos años salen a la luz prácticas llevadas a cabo por la Iglesia en bien de la moral cristiana pero tremendamente crueles y amorales desde cualquier otro punto de vista. Philomena es una mujer sexagenaria, profundamente creyente y con una vida tranquila que esconde un secreto, un secreto que lleva atormentándola 50 años. Cuando era adolescente se quedó embarazada y fue recluida en una residencia para jóvenes “impuras” regentada por monjas, donde las chicas tenían a sus hijos que eran dados en adopción a familias pudientes ante la impotencia de sus madres. Durante los 47 años que vivió separada de su hijo, Philomena no dejó de buscarle en vano hasta que un periodista sin mucho que hacer se interesa por su caso y la ayuda en pos de una buena historia que le haga volver a trabajar.

 

 

Bien, estamos ante un argumento digno de cualquier programa de historias de calado humano (todos sabemos qué tipo de programas son), o de un guión para un telefilm de sobremesa como decía antes en el que se dé rienda suelta a un torbellino de emociones dispuestas para sacarnos las lágrimas hasta la deshidratación. ¿Qué tiene pues de especial esta PHILOMENA que ha conseguido colarse en la carrera hacia los premios más codiciados de la industria cinematográfica? PHILOMENA se sostiene gracias a sus dos protagonistas y a un guión que dota a ambos de una personalidad única que va más allá de la historia que se nos cuenta. Como si de una buddy movie se tratara, Philomena, una JUDI DENCH entrañable, devota, con el encanto de una mujer que no conoce más literatura que la de las novelas románticas y sorprendentemente tolerante pese a su educación, forma una pareja cinematográfica con STEVE COOGAN que interpreta al cínico y agnóstico periodista Martin Sixmith con un nivel de complicidad y de química entre los dos como hace tiempo no se veía en dos personajes tan opuestos.

 

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El propio STEVE COOGAN firma el guión junto a JEFF POPE sobre un libro en el que se narra la verdadera historia de la búsqueda del hijo de Philomena, el mismo libro que en la película va dando forma Martin Sixmith. Si bien el acierto de dar más importancia a las personalidades tan encontradas de los dos protagonistas sobre la historia en sí, hace que PHILOMENA destaque como algo más que un melodrama sobre niños robados, precisamente la falta de profundidad en los temas más escabrosos como son el de la implicación de la Iglesia católica en la venta de niños o el de la hipocresía vivida en Estados Unidos durante la administración Reagan sobre ciertos temas, deja una sensación de estar ante una película incompleta. No deja de ser una película más centrada en la concepción de la fe de los dos protagonistas que en el episodio en sí de la búsqueda del hijo robado que incluso nos deja un final demasiado light, demasiado civilizado quizá, que da la sensación de quedar al servicio de una posición de superioridad moral sobre quienes no aceptan las cosas tal como son, que desarma toda esa ironía y esa forma de llevar la historia que tiene FREARS hasta ese momento, y que muy probablemente no tenga el beneplácito de un gran sector del público que la vea.

En cualquier caso, sin ser tan grandiosa y espectacular como alguna de sus rivales en los Oscar, PHILOMENA es una película agradable y sencilla, sin grandes pretensiones más allá que la de trasladar la historia de Philomena Lee a la pantalla y dejarse llevar por las actuaciones de estos dos monstruos de la interpretación.

 
 

LO MEJOR:

  • Las interpretaciones de STEVE COOGAN y de JUDI DENCH, impecables los dos.
  • El uso tan inteligente del cinismo inherente al humor inglés para no caer en el melodrama.
  • La banda sonora exquisita a cargo del no menos exquisito ALEXANDRE DESPLAT.

LO PEOR:

  • Que no arriesgue más a la hora de la crítica hacia la Iglesia católica que comienza con dureza y termina consiguiendo que la historia parezca una simple anécdota.
  • El final, no apto para mentes inquisitivas y críticas.

 
 

Mari Carmen Fúnez Galán

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