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 Philippe Lesage - Entrevista en El Palomitrón

El proceso de evolución de la infancia a la adolescencia es, con suerte, uno de los más complejos que existen. El abismo que se abre ante un nuevo mundo de posibilidades y experiencias resulta tan grande que abruma y nos obliga a cambiar. Es el miedo a la inmensidad; a lo desconocido. Para Philippe Lesage los demonios son “la crueldad, la maldad y el sentimiento de culpa; todo aquello que nos impide interrelacionarnos con la sociedad”. Los demonios, por lo que puede desprenderse de las palabras del cineasta, trata sobre este punto de inflexión en la vida humana.

Toda la cinta gira en torno a Félix, un niño de ocho años que observa su entorno desde un aislamiento voluntario que le permite analizar lo que ocurre de manera objetiva. Es un observador distante; un voyeur hitchcockiano que casi nunca interviene. La cámara de Lesage se acerca a los ojos de Félix, el niño raro, el ausente, el eterno incomprendido, y en él se vislumbran todos los miedos de la adolescencia.

Los demonios, de  Philippe Lesage - El Palomitrón

Cuando vemos a los niños nos olvidamos de que ellos lo comprenden todo, de que tienen una gran lucidez. También nos imaginamos que son seres puros e ingenuos, pero a veces se nos olvida que son capaces de hacer mucha maldad y ser crueles. Félix permanece en silencio y distante porque en la infancia realmente estamos solos: es un momento de la vida marcado por la soledad”.

El hito de Lesage es combinar la objetividad de todo lo que ve Félix con el proceso de transformación emocional que se desarrolla en su interior. A través de la mirada, de los diálogos y de las acciones del pequeño (encarnado por un estupendo Édouard Tremblay-Grenier) la película se desarrolla en ese estado que oscila entre primera y tercera persona: a veces la cámara es la mirada del protagonista y otras observa la acción estática desde la lejanía. Pero esto supone una transposición de facultades: mientras que la mirada subjetiva convierte en objetivo lo que vemos como espectadores, en la objetiva es en la que se comprenden los sentimientos subjetivos de los protagonistas.

Marcado por su experiencia en el cine documental, Lesage confirma que siente cierta atracción por este estilo aséptico y distante. “Por mi experiencia en los documentales aprendí a ser muy paciente. Me gusta poner la cámara fija y ver cómo se desarrolla la vida que pasa por delante, ese ‘ballet humano’ imprevisible”.

Escena piscina Los demonios - El Palomitrón

El plano secuencia es otro protagonista indiscutible de la película: escenas largas, sin cortes, que a veces solamente tienen movimiento porque los personajes bailan de un lado a otro del encuadre o a consecuencia de un ligero travelling frontal que se desliza sutilmente, como si se tratara de una representación teatral sacada de las obras barrocas de Peter Greenaway. Lesage cree que “el plano secuencia crea desazón y tensión, porque en un plano así se espera constantemente que ocurra algo. También me gusta porque el espectador, como es un plano amplio, puede elegir a dónde mirar”.

Hay quien ha comparado esta extensión de los planos con el cine de Michael Haneke, y es cierto que en ocasiones recuerda a Caché. Sin embargo, Lesage niega cualquier tipo de influencia de su cine. “La historia de Haneke viene de un periodista que lo comentó en el Festival de San Sebastián. Luego se ha repetido una y otra vez. A la gente parece que le gusta encasillar. No hay una influencia de Haneke, y si la hay es inconsciente. Sí que hay homenajes a Stanley Kubrick, Steven Spielberg e incluso a la Cría cuervos de Carlos Saura (la escena en la que los tres hermanos cantan frente a la cámara), pero no a Haneke”.

Lesage da mucho lugar a la improvisación verbal, pero sobre todo a la física, la de los movimientos. “En la escena en la que el amigo de Félix se desviste y se pone ropa de chica, los niños sabían cuál era la secuencia, pero yo no les dije que tenían que hacerla para que improvisaran. Utilicé su incomodidad y su pudor y escogí la primera toma, que es la más verdadera. Lo que más les decía a los niños es que fueran lo más naturales posible, que actuaran como lo harían ellos en la vida real“.

Elenco Los demonios - El Palomitrón

Los demonios también habla sobre el descubrimiento de la sexualidad en una etapa de efervescencia hormonal. La desnudez, las dudas sobre la homosexualidad, el descubrimiento del cuerpo humano ajeno… todo está plagado de connotaciones sexuales. Solo hay que coger cualquier plano en el que los protagonistas aparecen únicamente con ropa interior o las imágenes en las que se muestra el cuerpo perfecto, casi afrodisíaco, de la profesora de gimnasia. “Son los temas centrales de la película: la sexualidad del niño que se despierta y esta fuerza misteriosa que mueve a las personas a actuar de una manera u otra. Y, por supuesto, el cómo los miedos siempre acaban teniendo un trasfondo sexual”, añade Lesage.

Los demonios es una película de emociones complejas y estilo pausado. El cine de Lesage, que se estrena en la ficción con esta obra, se prevé intenso, emocional y distante. Serio y crudo; perverso y cruel; pero siempre desde lo convencional, desde el punto de vista de los seres humanos corrientes que se limitan a vivir sus vidas convencionales. Específicamente narrada para cinéfilos, el propio autor considera que su película no es nada convencional y puede resultar difícil de ver, aunque no pierde la esperanza: “Creo que todavía es posible hacer películas que te hagan pensar y que al mismo tiempo diviertan y creen una experiencia enriquecedora”.

Los demonios se estrenó el pasado viernes 5 de mayo, y nuestra recomendación es clara. Aunque algunas escenas se nos antojan demasiado alargadas y alguna historia de la trama desentona (el pederasta que asesina a niños), las interpretaciones de su elenco, el retrato de la sexualidad en la infancia y su banda sonora bien merecen que le hagáis un hueco en vuestra agenda de los próximos días.

David G. Maciejewski

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