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Si hay algo que hacemos bien en este país, es reírnos como nadie de las desgracias. Y si es tocando un tema de actualidad, mejor. He aquí, con PERDIENDO EL NORTE, un gran ejemplo. La película de NACHO GARCÍA VELILLA se centra en la generación perdida, la mejor preparada pero que más frustrada se siente al no haber oportunidades para ellos, y que ven que las únicas salidas posibles son por tierra, mar o aire.

El drama del que habla (convertido en comedia, claro) se centra en dos chicos españoles, jóvenes aunque sobradamente preparados que deciden probar suerte en el punto neurálgico de la economía europea: Alemania. Ellos son Hugo y Braulio, mejor dicho, YON GONZÁLEZ y JULIÁN LÓPEZ, que ya en Berlín conocerán a otros exiliados por cuestiones del desempleo como Rafa (MIKI ESPARBÉ) o su hermana Carla (BLANCA SUAREZ). Y en la fría urbe será donde se darán de tortas con la vida, con las desilusiones y con el no tan inesperado amor. Y es que emigrar no es tan rosa como lo pintan los programas de “quienes sean por el mundo” (En este caso quien nos la vende es ARTURO VALLS, no podía ser otro). Qué se lo pregunten a esa horda de españolitos que partieron en los sesenta, como Andrés, el personaje de JOSÉ SACRISTÁN ¿Quién mejor que él para hacer este papel? Porque esta cinta se podría considerar como un homenaje a otra muy nuestra: imposible es olvidar VENTE A ALEMANIA, PEPE (PEDRO LAZAGA, 1971), e imposible es no ver los paralelismos entre estos chavales y Angelino, el alter ego de Sacristán en aquella comedia.

 

Pelicula PERDIENDO EL NORTE de Nacho G.Vililla Produccion Aparte

 

Hugo y Braulio son el ying y el yang, lo que les convierte en una pareja de lo más punzante. Hugo es un crecidito que cree que el Máster pagado por sus papás le va a abrir las puertas de Europa entera, mientras que Braulio es un buenazo que ansía trabajar de científico, algo imposible en España por los recortes. Por eso parten para allá, pero claro, la mentalidad española no está hecha para las hechuras teutonas. Eso por no hablar de que no saben alemán. En su experiencia en el extranjero les acompañan también varios personajes, cada uno loco con su tema.

Pese a la simpatía que desprende la historia, a estos sujetos ya los hemos visto, bien en la industria o en otras series punteras de televisión: La resabida (Esa es Suárez), los padres orgullosos (qué grandes están siempre CARMEN MACHI y JAVIER CÁMARA), la novia inocente (ÚRSULA CORBERÓ), el fumeta gandul (un más que correcto MIKI ESPARBÉ), la desesperada (MALENA ALTERIO), etc.

 

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El guión, basado en muchas experiencias reales, sabe sacar jugo de la situación y posee momentos de ingenio. Otras no sorprenden tanto pero no molestan. El final sin embargo se alarga innecesariamente, porque todo el mundo sabe lo que va a pasar. Aunque hay que decir que también nosotros sabemos hacer finales típicos de comedia, eso ya no es dominio exclusivo de Hollywood. De hecho aquí se pone todo el arsenal: con aeropuertos de por medio, maratones, bodas,… Todo para que el predecible idilio culmine.

Otra cosa son nuestras posibilidades a la hora de rodar, y ese Berlín que se precia recuerda mucho a ciertos barrios de Madrid… O el Kebab donde trabajan, que recuerda más a un bar restaurado del actual Malasaña que un establecimiento de comida turca.

OCHO APELLIDOS VASCOS ha puesto el listón alto en lo que a humor se refiere. Aun así, PERDIENDO EL NORTE se disfruta y se agradece en momentos difíciles como el que pasamos, independientemente a que lleve moralina intrínseca en su argumento. Al mal tiempo, buena cara. Sin duda en eso somos los números uno de Europa.

 

LO MEJOR:

  • El Casting de primera división, que recopila grandes rostros de nuestro cine: caras asentadas o nuevas, hasta algún que otro cameo
  • Ciertas perlas del guión que los actores mejoran
  • La interesante crítica que hace a las aspiraciones que nos han vendido siempre

 

LO PEOR:

  • Pese al bonito lazo de envoltorio que tiene, el final se hace extenso
  • Algún que otro chascarrillo sobra

 

 

María Aller

1 Comentario

  1. Por el tema elegido el director ya merece todo mi respeto, los jóvenes, un sector del cual los políticos pasan olímpicamente. Me gusta todo el reparto, y la comedia basada en personas en apuros siempre es un filón que no está lo suficientemente explotado, y da para mucho. Digo que merece todo mi respeto porque el film deja caer una crítica bastante amarga sobre la situación de España pero endulzada lo suficiente para no caer en el drama de la realidad; que es una Europa de vodevil y una casta política ausente del pueblo.
    Lo mejor: efectivamente el reparto y su caracterización; el montaje y la fotografía.
    Lo peor: en los diálogos decir palabrotas no hace más realista ni mejor una frase.

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