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ABEL FERRARA se vuelve a unir con WILLEM DAFOE para traernos PASOLINI, uno de los biopics más extraños de los últimos tiempos. Una producción que generará tantos amantes y detractores como la misma vida y obra del director italiano.

La narrativa ha muerto” es una de las primeras frases que nos aborda cuando empieza a sonar la áspera voz de Pier Paolo Pasolini (WILLEM DAFOE). Teniendo está máxima (que dio, y sigue dando, mucho de qué hablar) como una especie de premisa, el relato de este film se presenta de una forma tan difusa y enigmática que entorpece la tarea de intentar esclarecer cual es su trama. Si hacemos el esfuerzo de desmontar los artificios y desmantelar la serpenteante estructura, nos encontraremos con una retorcida mirada a las últimas horas de vida de uno de los artistas más transgresores que ha dado el siglo XX. Asediado por la incesante censura y los prejuicios imperantes en la sociedad de 1975, Pasolini ha finalizado una de sus obras cumbres y ahora se dispone a estrenarla. Esta pieza, titulada SALÓ O LOS 120 DÍAS DE SODOMA, aumenta las provocaciones que tanta fama le han dado (entendiendo este término como a cada uno le plazca) y empieza a sufrir las presiones estatales. El genio de Bologna, sin prestarle un gran interés a lo que le ocurra a su obra, ya se dispone a zambullirse en sus siguientes proyectos. Algunos fragmentos de su juventud, otros de LAS CENIZAS DE GRAMSCI (uno de sus poemarios), cotidianidad y oníricas imágenes de su próxima creación, son algunos de los paisajes visuales que nos abordan durante este turbio relato.

 

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El talento de ABEL FERRARA es de sobras conocido (TENIENTE CORRUPTO, EL REY DE NUEVA YORK y THE ADDICTION bien podrían estar en una lista de indispensables de los noventa), pero a su vez es cierto que los últimos trabajos del director del Bronx nos han hecho pensar en que su tiempo ya había pasado. La experiencia de WELCOME TO NEW YORK es preferible olvidarla cuanto antes mejor y, respecto a 4:44 LAST DAY ON EARTH, podríamos decir que no es uno de sus mejores trabajos. PASOLINI pudiera haber sido la ocasión ideal para resurgir de sus cenizas o, por lo contrario, confirmar esta tendencia a la baja. El resultado a esta especie de ultimátum es tan difuso como la producción en sí misma. No podemos colocarla a la altura de los frutos que dio su época dorada, pero tampoco sería justo situarla junto los desastrosos experimentos de los últimos años. Con DAFOE, con el que ya trabajó en 4:44 LAST DAY ON EARTH, no podemos hacer otra cosa que quitarnos el sombrero. Siempre se agradece que un actor que ha aparecido en sagas como SPIDERMAN o SPEED, que ha formado parte de carteles históricos y de corte Oscar (NACIDO EL 4 DE JULIO o EL PACIENTE INGLÉS) o que haya hecho algún que otro infumable blockbusters (XXX 2 o LAS VACACIONES DE MR. BEAN), tenga la maravillosa capacidad de reinventarse y ponerse a las órdenes de portentos del cine como son FERRARA o VON TRIER. Su nivel interpretativo es altísimo y en todo momento se destila el profundo proceso de interiorización que ha debido hacer el actor de Wisconsin. Aunque choca y descoloca, el errático y constante cambio de idioma no desvirtúa la magnífica labor que realiza la totalidad del elenco. Dentro de este impecable grupo nos gustaría destacar el habitual carisma de MARIA DE MEDEIROS; una mujer que tanto puede lucir en PULP FICTION, como funcionar a las mil maravillas en AIRBAG.

 

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Los apuntes sobre los aspectos más técnicos, ya son harina de otro costal. Del sonido aún podríamos elegir algunos elementos que sobresalen y nos hacen desear que sigan apareciendo más signos de lucidez; pero lo que no se entiende de ninguna de las formas es el titubeante, desilusionado y torpe montaje. Un concepto tan vital como es el ritmo, se usa sin coherencia o control; se intentan relentir (sin sentido alguno) los momentos más filosóficos, se distorsionan las escenas oníricas y culmina en un final apresurado, pero que a su vez hace que una película que no llega a la hora y media se haga larga. La fotografía y la dirección de arte pasan sin pena sin gloria y, si tuviéramos que destacar algo, elegiríamos la contundente y efectiva planificación. FERRARA consigue que, con el magistral uso que hace de la cámara, se le perdonen varios de los pecados cometidos en otros terrenos. Lo que muestra, y el cómo lo muestra, es valiente y sin restricciones. Las escenas de felaciones tienen una enorme potencia y generan un impacto inusitado en unos espectadores hartos de la sobreestimulación que nos generan las múltiples pantallas que nos rodean. La falta de tapujos con la que se muestra la homosexualidad más salvaje logra que se transmita ese sentimiento tan propio del mismísimo Pasolini: ¡no le tengo miedo a nada!

 

LO MEJOR:

  • Un WILLEM DAFOE que consigue lo imposible: hacernos entender a uno de los personajes más misterioso de la historia del celuloide.
  • La genial manera en la que FERRARA nos traslada la lucha en contra de lo políticamente correcto.

LO PEOR:

  • Un montaje sin pies ni cabeza, que se lleva por delante gran parte de los aciertos de este film.
  • Un planteamiento estructural que salta con demasiada asiduidad de un tema a otro; puede llegar a causar mareo.

 

Adrià Naranjo

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