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Ken Tucker, crítico televisivo para Entertainmet Weekly, afirmó allá por 2009 que “la interacción entre los miembros de una familia en la televisión es lo que crea un visionado persuasivo”. No es ningún secreto que JASON KATIMS maneja como nadie el drama familiar, llenando de sutilezas lo cotidiano y de complejidad la más simple de las situaciones. Siguiendo la línea crítica de Tucker, KATIMS ha conseguido elevar las cotas del contexto y la representación de la familia en la pequeña pantalla a un nivel diferente. Ya lo demostró con FRIDAY NIGHT LIGHTS, pero mientras en ésta había una trama que funcionaba de marco contextual y telón de fondo (el fútbol americano), PARENTHOOD se vale únicamente de los lazos familiares y los nodos relacionales entre los diferentes personajes. La familia por encima de absolutamente todo.

 

DULCE Y TRÁGICA DESPEDIDA

El pasado 29 de enero presenciamos el fin de PARENTHOOD, una de las últimas creaciones de KATIMS, y que ha puesto de relieve una vez más el saber hacer de este profesional en el terreno de las emociones. Con el último capítulo, PARENTHOOD cerró las tramas de una de las familias más queridas de la televisión, con una de las series finale más completas, bellas e intensas que se recuerdan. “May God Bless and Keep You Always” es el colofón final al ciclo de la vida que prometía el creador: amor, vida y muerte; narradas de una forma mucho más dulce que trágica, seña de identidad de la ficción.

 

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Han sido seis temporadas plagadas de una profundidad y una carga emocional a veces complicada de digerir y soportar, y cuesta mucho despedirse de una ficción que despierta tanto cariño en el espectador. Y es que una de las grandes cualidades de PARENTHOOD es hacer al público uno más de la familia, un Braverman en pleno derecho. Esto se debe al gran conocimiento que tiene JASON KATIMS sobre cada uno de sus personajes, y a una estupenda y cuidadísima dirección de actores (el ejercicio es tal que muy pocas escenas parecen guionizadas, dando la sensación de que la interacción en las grandes reuniones familiares es completamente espontánea). El creador comprende, entiende y sobre todo, domina, las aristas y los puntos más ocultos del carácter de todos los protagonistas de la ficción. La evolución de todos ellos resulta creíble, natural y necesaria, por lo que la inclusión del espectador en la serie es total.

 

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Hemos de reconocer que PARENTHOOD no es una ficción perfecta, y han sido muchos los fallos a los largo de los más de 100 capítulos emitidos; pero sí que se trata de una de las serie más sinceras y autoconscientes de los últimos años, características propias de esas ficciones que saben perfectamente lo que son y lo que quieren ofrecer. Sin llegar al nivel de las ficciones de cable, PARENTHOOD se ha configurado como uno de los referentes de calidad en las network de los últimos años.

 

PRIMERA TEMPORADA: BIENVENIDA A LA FAMILIA

Los primeros 13 episodios nos abrieron la puerta de los Braverman. Todo comienza con la vuelta de Sarah (LAUREN GRAHAM) a la casa de sus padres. Pronto nos daremos cuenta de la especial relación que tienen todos los miembros de la familia, y poco a poco iremos conociendo más de cada uno de ellos (y de sus respectivas parejas e hijos). Los torrentes emocionales ya aparecen aquí, aunque de una forma mucho más sutil, y la comedia todavía ocupaba una gran parte del metraje de cada uno de los episodios. La temporada nos dejaba en una complicada situación, cuando descubríamos la realidad del matrimonio Braverman, las infidelidades del pasado y los secretos de algunos personajes.

 

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Cabe destacar que se grabaron dos pilotos: en el primero de ellos, el personaje de Sarah estaba interpretado por MAURA TIERNEY (que actualmente triunfa con THE AFFAIR), pero la complicación de su cáncer la obligó a abandonar el proyecto. LAUREN GRAHAM, la siempre eterna Lorelai Gilmore, fue una sustitución de último momento, y  paradójicamente se convirtió en uno de los principales reclamos de la audiencia para darle una oportunidad a PARENTHOOD (lo mismo que sucedería con PETER KRAUSE, conocido por dar vida a Nate en A DOS METROS BAJO TIERRA).

 

SEGUNDA TEMPORADA: EL GOLPE DE TIMÓN

Después de una relativamente exitosa primera temporada, PARENTHOOD renovó por otra tanda de capítulos, que ahora se verían aumentados a un total de 22. Siguiendo la estela de su hermana mayor, FRIDAY NIGHT LIGHTS, la serie intentó dar un importante golpe de efecto en su segunda temporada, con la intención de atraer audiencia. Esta maniobra nos dejó situaciones tan extrañas como el accidente de coche de Amber y su consiguiente cliffhanger (magistralmente resuelto en toda la sexta temporada, por cierto), que no parecían enmarcarse en una serie como la que estábamos viendo. A pesar de que la serie mantuvo siempre una calidad notable, el resultado final fue ligeramente decepcionante comparado con el buen comienzo de la ficción.

 

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TERCERA TEMPORADA: AUGE Y RECONOCIMIENTO

Como todo en esta vida (y más en la televisión), las cosas necesitan su tiempo para encontrarse a sí mismas, pulir su esencia y demostrarla a los demás. El gran salto de calidad de PARENTHOOD tuvo lugar tras la segunda temporada, cuando JASON KATIMS se metió de lleno en el proyecto: salto de cabeza, carpados y tirabuzones por doquier. Tras el fin de FRIDAY NIGHT LIGHTS en 2011, PARENTHOOD sufrió una evolución cualitativa en cuanto a calidad y perfección. Ahora KATIMS podía dedicar todo su tiempo a una sola serie, y su completa incorporación dio como resultado una de las temporadas más redondas de la serie, y que elevaría a PARENTHOOD al primer nivel (en cuanto a calidad, las audiencias siempre fueron muy ajustadas) en las network estadounidenses.

 

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Ya conocíamos bien a los Braverman, y la serie jugó con nosotros como quiso. Nos introdujo ya en un vórtice dramático y entrañable del que no pudimos salir hasta el final mismo de la serie. PARENTHOOD nunca tuvo grandes audiencias, pero consiguió sobrevivir gracias a un reconocimiento prácticamente unánime por parte de la crítica y a un público extremadamente fiel (los datos de su segunda temporada son similares a los de la última). Esta tercera temporada supuso el comienzo de la verdadera esencia de la serie, e introdujo las tramas que se alargarían durante el resto de la serie.

Una de las más importantes, que ha movilizado al fandom, fue la problemática maternidad de Julia (ERIKA CHRISTENSEN), que desencadenaría toda una serie de entrelazadas consecuencias. Y es que KATIMS nos enseñó aquí todo su potencial, y mostró su arsenal: conseguir que todas las tramas y los personajes evolucionasen de forma orgánica, sin fallidos golpes de efecto o situaciones límite; donde la comunicación es más importante que la acción, donde importa más el cómo que el qué, y donde vamos a tardar el tiempo que haga falta en contar y resolver el más pequeño de los conflictos. Nada es banal o casual, y todo va a ser importante a la hora de desencadenar el drama familiar.

 

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Como curiosidad, el episodio número 12 titulado “Road Trip”, en el que toda la familia comienza un largo viaje por carretera, y se comunican entre ellos a través de walkie-talkies desde los diferentes coches, está considerado por muchos como el mejor de toda la serie.

 

CUARTA TEMPORADA: EL CLÍNEX COMO COMPAÑERO DE VISIONADO

Si le preguntas a un fan de PARENTHOOD cual es su temporada favorita, te dirá (con muy poco temor a equivocarnos) que su preferida es la cuarta. No tenemos que buscar ninguna razón oculta: la realidad es que el pico de calidad se alcanzó, probablemente, aquí. Con unos lazos familiares ya trenzadísimos y un cariño del espectador en aumento, la cuarta temporada introdujo el cáncer de Kristina (MONICA POTTER) como piedra angular del relato. Su actuación le valió el Critic’s Choice Award a Mejor Interpretación Secundaria en 2013, y una nominación al Globo de Oro en esta misma categoría.

 

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Fue una trama descorazonadora, muy dura y, en ocasiones, muy complicada de visionar. Aún así, PARENTHOOD se las apañaba para contarnos todo con un cariño y un respeto absolutos, donde incluso la más trágica de las situaciones podía ser contada de forma bella (impagable la escena de Adam, un excelente PETER KRAUSE, viendo el vídeo que su mujer había dejado grabado para sus hijos). Llegaba un momento en el que se hacía muy complicado ver un episodio sin un paquete de clínex, y cualquier diálogo insignificante (aparentemente) nos hacía derramar una lagrimilla. La magia de KATIMS había llegado a la cumbre, y estábamos metidos por completo. PARENTHOOD no utilizaba grandes suspenses o sorpresas, simplemente necesitábamos saber más de esta familia, y de cómo afrontaban la más cotidiana de las realidades.

 

QUINTA TEMPORADA: DE TRAMAS ODIOSAS Y GRANDES EPISODIOS

Si creíamos que después de la tormenta llegaría la calma, no estábamos preparados para lo que venía. La quinta temporada introdujo una de las tramas más criticadas y odiadas por toda la audiencia: la separación de Julia y Joel, el que parecía el matrimonio más ensamblado de la serie, y una de las parejas con más química de todo el reparto. A pesar de que nos pueda disgustar la situación, lo cierto es que PARENTHOOD en ningún momento se volvió incongruente, y convirtió una trama por primera vez en algo totalmente imprevisible. Desde la lejana tercera temporada, el personaje de Julia (el más complejo e interesante de toda la serie) venía sufriendo serios problemas familiares y laborales, y culminaban aquí en un progresivo distanciamiento de su marido, tremendamente bien narrado y estructurado. Donde otras series intentan sorprender al espectador, PARENTHOOD utilizó toda una temporada para contarnos el distanciamiento de la pareja, la complicada situación en casa y los tremendos problemas de comunicación en el entorno familiar. Una vez más, la serie sobresalía por su perfecta medición de los tempos.

 

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Las cosas parecían desmoronarse: Kristina se presentaba a la alcaldía de la ciudad, Sarah se encontraba en su gran dilema amoroso con Hank (RAY ROMANO), Crosby (DAX SHEPARD) se enfrentaba a la paternidad de nuevo con la llegada de Aida, el nuevo miembro de la familia; Drew (MILES HEIZER) sufría por amor en la universidad, Amber (MAE WHITMAN) hacía lo propio con Ryan (MATT LAURIA) y la futura boda, y el gran matrimonio Braverman se enfrentaba a un gran dilema: vender la casa en la que habían visto crecer a todos sus hijos. Es verdad que algunas tramas chirriaban un poco, pero a PARENTHOOD se lo perdonábamos todo gracias a momentazos como el de los hermanos Drew y Amber cantando (con una química durante toda la serie que traspasaba la pantalla), o la primera confesión de Max (MAX BURKHOLDER) al ser consciente de su Síndrome de Asperger (una de las escenas mejor rodadas y más duras de la serie).

La temporada funcionaba como series finale (incluida la revelación de la orientación sexual de Haddie, una siempre comedida SARAH RAMOS) aunque dejaba un frente abierto para una nueva temporada: el posible embarazo de Amber.

 

SEXTA TEMPORADA: EL CICLO DE LA VIDA

Y llegó la despedida. PARENTHOOD renovada in-extremis por una última temporada. Las audiencias seguían siendo escasas, y el sueldo de los actores y los costes de producción parecían demasiado elevados para continuar con la emisión de la ficción. Entre actores y responsables llegaron a un acuerdo: los miembros del reparto no aparecerían en todos los capítulos, sino que su presencia individual se limitaría a 11 de los 13 episodios. De esta forma, nos hemos encontrado unos cuantos capítulos en los que algún Braverman ha faltado. Era algo a lo que no estábamos acostumbrados, pero KATIMS se ha encargado de dar el pego, y la falta no ha sido demasiado evidente.

 

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La última temporada ha decidido cerrar el ciclo de la vida del que hablaba el responsable por todo lo alto. Después de nueve capítulos, la serie sufrió un pequeño parón, del que volvería más fuerte que nunca. Los cuatro capítulos finales de PARENTHOOD funcionan como uno solo, como un gran cierre nada precipitado en el que podemos decir adiós a cada una de las historias y cada uno de los personajes. Destacar uno de los momentos más bonitos de la serie, la escena en la que Zeek (CRAIG T. NELSON) conoce a su nieto, también llamado Zeek.

Desde el comienzo de la temporada nos temíamos lo peor. Habíamos presenciado todos y cada uno de los dramas a los que se puede enfrentar una familia, y solo nos quedaba uno: la muerte. Lejos de una mirada pesimista y oscura, la trama de la enfermedad de Zeek ha fluido y se ha desarrollado con buena letra, sin prisa y sin pausa, dejando un final donde primaba el optimismo. PARENTHOOD cierra con un partido de béisbol de toda la familia, que nos presenta flashforwards de de los personajes, y musicalizado con una estupenda versión de “Forever Young” de Bob Dylan (el nombre del episodio, “May God Bless and Keep You Always” es la frase inicial del tema, que a su vez es sintonía del opening de la serie).

 

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Son muchas las cosas que destacar, y mucho lo que ha pasado a lo largo de estas seis temporadas. Necesitaríamos una entrada por temporada para hablar de la química de los actores, del Emmy que se merece cada uno (hasta los más pequeños) o del papel vital de la música dentro de PARENTHOOD. Aún así, nos quedamos con lo importante: con un final sobrecogedor y emocionante, que se queda en nosotros y no se va a ir por mucho que lo intentemos. La serie nos recuerda todo lo bueno que queda después de las tormentas, esa parte a la que nunca debemos renunciar. Ya lo dice Dylan: ojalá Dios te bendiga y proteja siempre, ojalá se cumplan todos tus deseos, ojalá hagas algo por los demás y dejes que ellos lo hagan por ti, ojalá construyas una escalera a las estrellas y subas cada escalón; ojalá siempre permanezcas joven . Como todo esto es complicado, mejor PARENTHOOD que nada: un verdadero elixir de juventud, vitalidad y felicidad.

 

Ricardo Lampérez

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