Compartir

Pablo, el apóstol de Cristo

LOS ANTECEDENTES

San Pablo de Tarso (también conocido como Saulo de Tarso en su denominación judía) fue uno de los principales promotores del mensaje evangélico durante el cristianismo primitivo. Comenzó como tiránico castigador de las primeras comunidades cristianas, pero tras un milagroso proceso de conversión, fruto de una experiencia mística de camino a Damasco, decidió reencauzar su vida y convertirse en uno de los apóstoles de Jesús de Nazaret. A través de decenas de cartas recogidas en el Nuevo Testamento, San Pablo estableció las bases que diferenciarían el judaísmo del cristianismo, convirtiéndose así en uno de los principales mensajeros del Mesías sobre la Tierra.

En aquella época de turbulentos cambios sociales y surgimiento de nuevos movimientos religiosos, el cristianismo se convirtió en uno de los principales enemigos del Imperio romano. Nerón, su fustigador más insigne, se dedicó a dar caza de manera indiscriminada a estas pequeñas comunidades, persiguiendo, torturando y ejecutando a decenas de fieles seguidores del nazareno. Entre ellos se encontraba San Pablo, quien fue decapitado alrededor del año 67 d. C. cerca de Ostia.

La Semana Santa está cada vez más cerca y parece que este año se ha puesto de moda la temática religiosa en el cine: Mel Gibson prepara la secuela de La pasión de Cristo y Garth Davis estrena su biopic sobre María Magdalena, la apóstol de apóstoles. Con Pablo, el apóstol de Cristo, Andrew Hyatt, director de algunas obras menores que no pasaron por el circuito comercial español (entre ellas un biopic sobre María de Nazaret), imagina cómo fueron los últimos días de San Pablo de Tarso (James Faulkner), aprisionado en una cárcel que recuerda a las mazmorras de Juego de tronos en Desembarco del Rey. Acompañado del evangelista Lucas (Jim Caviezel, habitual en películas de temática cristiana), el converso escribe sus últimas cartas, que sientan las bases dogmáticas del cristianismo universal.

LA PELÍCULA

Andrew Hyatt no pretende vender una epopeya bíblica sobre la construcción del cristianismo en Occidente. Ni siquiera busca establecer un rigorismo histórico que sirva como experiencia documental. No. Pablo, el apóstol de Cristo es una película hecha por y para cristianos. Alaba el evangelio, condecora a los apóstoles y ensalza la figura del mártir San Pablo. Sin embargo, a diferencia de María Magdalena, que posee mucha más madurez narrativa, la película de Hyatt cae en las caricaturas convencionales de los buenos y los malos: los cristianos son puros y perfectos y los romanos unos sádicos tiranos (salvo el prefecto Mauritius, un hombre que se encuentra cerca de la redención espiritual).

A pesar de sus numerosos defectos, se agradece el posicionamiento espiritual. Pablo, el apóstol de Cristo ensalza y defiende unos valores puramente religiosos. Independientemente de si al espectador le resulta más o menos interesante el mensaje bíblico, la película busca promulgar lo esencial del Nuevo Testamento: el amor es lo que mueve el corazón del cristiano y, por mucha adversidad que encuentre en el camino, siempre debe poner la otra mejilla. Aunque películas como Milagro en Milán construyeron parábolas más ricas y sutiles sobre el carácter de la bondad cristiana hasta en circunstancias extremas, Pablo, el apóstol de Cristo pretende ser lo que aparenta: una película evangelizadora que ensalce los valores bíblicos neurálgicos. Nada más.

Técnica y narrativamente, Pablo, el apóstol de Cristo es tan buena como un capítulo flojo de Juego de tronos. Es un drama de escenarios cerrados (las mazmorras, los escondrijos de los cristianos, la sala de rituales de Mauritius) en los que ocurren diálogos pueriles y donde los protagonistas demuestran no tener más profundidad que la se desprende del propio mensaje evangelizador que buscan transmitir. Y aunque este sea muy espiritual, los personajes son solo meros escaparates de una fe ciega que no buscan preguntarse el porqué de su creencia, sino que aceptan, sin concesiones, el mensaje de la vida eterna y todo lo que ello implica. Incluido el martirio y el sufrimiento. No son creíbles y parecen meras marionetas al servicio de una propaganda evangélica.

Pablo, el apóstol de Cristo - El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

Ellos. A secas. Los personajes femeninos son simbólicos e involuntariamente representan el alejamiento de la mujer de la vida pública en todo lo relativo al cristianismo primitivo. Mientras que María Magdalena (la comparación es inevitable) buscaba ensalzar el mensaje feminista recordando que la injustamente considerada prostituta durante cientos de años fue una de las apóstoles más influyentes, Pablo, el apóstol de Cristo reduce su presencia femenina a mujer que ama mucho a su marido y a una madre desesperada que critica (de forma bastante infantil) que su esposo no haga lo suficiente para salvar a su hija enferma.

LA SORPRESA

La película está construida a través de secuencias en espacios cerrados con decorados bien recreados. La fotografía es interesante, y las interpretaciones, si bien no son de Oscar, cumplen su función. Sorprendentemente la película funciona como conjunto y entretiene. También se agradece ver a James Caviezel (La delgada línea roja, La pasión de Cristo, Person of Interest) en la gran pantalla después de una temporada rodando cintas de dudosa calidad.

Pablo, el apóstol de Cristo - El Palomitrón

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

No hay ningún momento destacable. El hilo conductor de la película hace que todo funcione como conjunto.

TE GUSTARÁ SI…

Eres cristiano. Si quieres conocer los valores básicos del cristianismo: el amor por encima de todas las cosas, incluso si de ello depende la vida, y poner la otra mejilla cuando alguien te abofetea (o te persiguen y queman vivo en las calles de Roma).

LO MEJOR

  • James Caviezel y James Faulkner funcionan como pareja protagonista.
  • La fotografía y los decorados, que recuerdan al universo televisivo inspirado en la saga de George R. R. Martin.
  • Posicionarse, sin miedo a las críticas, a favor del mensaje cristiano.

LO PEOR

  • Este mismo mensaje se trata de manera superficial a través de unos diálogos que rozan lo pueril.
  • Personajes excesivamente caricaturizados.
  • Los irritantes e innecesarios flashbacks a cámara lenta que cuentan el pasado de Pablo de Tarso como castigador de cristianos.

David G. Maciejewski

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.