Compartir

Clara Lago en Órbita 9- El Palomitron

Hay muchos nombres propios en el ilustre panteón de los arquitectos de mundos imposibles, pero hay uno que sobresale por encima del resto. El verdadero Hombre Ilustrado, el explorador que nos trajo crónicas desde Marte, el que nos enseñó a qué temperatura arden los libros: Ray Bradbury. Este señor nos invitaba incansablemente a embarcarnos en aventuras descabelladas (“primero salta por el precipicio, ya construirás las alas durante el descenso”, decía) que derivaban en relatos de una humanidad en ocasiones hiriente. Así, la historia de un astronauta flotando en el espacio podía acabar convirtiéndose en un estudio sobre los remordimientos, y la llegada de una especie alienígena a la Tierra en realidad nos hablaba de la soledad. La influencia de este poeta del espacio está presente en la literatura y el cine contemporáneos, aunque en España, país poco dado a explorar la ciencia ficción, su huella parece estar más diluida. Y aquí es donde entra en acción Hatem Khraiche y su debut en el largometraje, Órbita 9.

Khraiche, que trabajó como guionista en La cara oculta y Retornados, ya navegó por las aguas de lo desconocido en su cortometraje Audacia, que tenía más de Spielberg que de Bradbury. En esta ocasión, ya en formato largo, el director salmantino ha concebido una historia de amor futurista en medio de un caos de experimentos científicos, clones y supervivencia planetaria. Una propuesta innovadora que arranca con una premisa preciosa: una joven que lleva años viajando sola en una nave espacial recibe la visita de un mecánico que acude a reparar los desperfectos de la nave. El punto de partida es tan seductor, tan rico en posibilidades, que un paso en falso podría echarlo todo a perder. Y donde Bradbury habría visto una pizarra en blanco para hablar de la vida y la muerte, Khraiche prefiere andar caminos ya largamente andados y recrear imaginarios de sobra conocidos.

No hay nada intrínsecamente malo en ello, y es que no todo el mundo está destinado a redefinir el género y construir nuevas simbologías. Algunos prefieren recrearse en las virtudes estéticas de obras como Blade Runner o en hilos argumentales más proyectados a la acción que a la reflexión. Órbita 9 está hueca de reflexión moral, pero su caparazón es atractivo y lo exhibe desvergonzadamente y con elegancia. Que no es poco.

Clara Lago y Álex González en Órbita 9 - El Palomitron

Clara Lago y Álex González entienden a sus personajes y los manejan con soltura, aunque en ocasiones se percibe un halo de aburrimiento, como si asistiéramos a la vigésimo novena toma de una escena y los actores estuvieran hartos de repetir el mismo diálogo. Esto sucede en momentos puntuales que, por fortuna, no lastran un conjunto construido con pulso y energía, e interpretado en su mayor parte con solidez. La película avanza trepidante en una huida hacia adelante, casi orwelliana, y está repleta de buenas ideas, aunque lamentablemente ninguna iguala la premisa inicial.

Órbita 9 no es una obra genial, pero es una buena noticia. El camino que marcaron en los 90 películas como Acción mutante, de Álex de la Iglesia, y Abre los ojos, de Alejandro Amenábar, y que siguieron bestias pardas de nuestra cinematografía como Nacho Vigalondo, encuentra un digno sucesor en Khraiche. Claro que la ciencia ficción española no empezó con aquellos (El hotel eléctrico, sin ir más lejos, es un cortometraje de 1908, de origen francés pero dirigido por el turolense Segundo de Chomón), pero han sido algunos de los más influyentes en la historia reciente.

Ray Bradbury tenía dos normas en la vida: al diablo con ello, sea lo que sea, y haz tu trabajo. También decía que la mitad de la diversión de un viaje está en la belleza de sentirse perdido. A él ya nada podemos pedirle, al menos hasta que nos reencontremos con él en otra vida, frecuentando algún oscuro bar en Marte. A Khraiche, en cambio, creemos que podemos exigirle algo más, que no se lo piense dos veces antes de lanzarse al vacío porque, qué demonios, ya construirá las alas durante el descenso. De momento, celebraremos un debut prometedor y lleno de esperanza.


LO MEJOR:

  • Una premisa seductora que engancha al espectador.
  • El ritmo y la intensidad apenas decaen.

LO PEOR:

  • Alguna decisión de guion no demasiado acertada.
  • No es Bradbury.

Álex Merino

No hay comentarios

Dejar una respuesta