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Lo más curioso de todo son las constantes referencias que se están haciendo a la fabulosa 24 y a la saga LA JUNGLA DE CRISTAL cuando en realidad OBJETIVO: LA CASA BLANCA está mucho más cerca de AIR FORCE ONE, por su hilarante patriotismo, y de ALERTA MÁXIMA, por el festival de frases, gestos y macarradas que BUTLER despliega en las dos horas de metraje que ANTOINE FUQUA, y esto es una teoría, se ha visto obligado a rodar.

Si LOS MERCENARIOS homenajeaba al cine ochentero, y lo hacía despertando una melancolía por lo juvenil, OBJETIVO LA CASA BLANCA hace lo propio con las cintas de acción patrióticas de los noventa, una década en la que terminada la guerra fría, los terroristas o grupos radicales no paraban de planear los más variopintos asaltos a los más sagrados símbolos norteamericanos. A finales de los noventa, los avances en efectos especiales y el 11-S acabaron con este tipo de productos, que con fotografía muy cuidada planteaban situaciones inverosímiles.

En lo nuevo de FUQUA no hay sorpresas, todos son deja-vus. El guion es plano y las interpretaciones también, así que no busquemos tres pies al gato. Es una película ideal para los que añoran al mejor STEVEN SEAGAL, y para los que se lo pasaron pipa viendo a HARRISON FORD poniendo fuera de combate, él solito, a todo un grupo de malísimos que amenazaban, no sólo el status capitalista, sino lo que es peor: su familia; y todo esto jugando con sólo dos registros (o muecas…) faciales: ceja arriba y medio labio en curva.

Ésta recreación tan detallada de ese cine, que insisto nada tiene que ver con la magnífica dirección que MCTIERNAN o RENNY HARLIN desplegaron con sus junglas o con las andanzas del infalible JACK BAUER, nuestro agente de inteligencia favorito, tiene en su virtud, la de la recreación, su mayor defecto. Nos da la sensación que los guionistas no se han esforzado mucho. Ni siquiera el director parece haberse tomado en serio ni un solo minuto de la cinta, porque OBJETIVO LA CASA BLANCA es un ejemplo perfecto de poderío, poderío de Hollywood porque es capaz de colocar un producto en las carteleras de medio mundo sin un atisbo de esfuerzo o dedicación mínima. Industria y rentabilidad. Así se sucede la acción sin ninguna sorpresa, cumpliendo (o copiando) los cánones del subgénero: Agente retirado tras una traumática experiencia, asalto milimétrico de los malos, vida del presidente en juego, gabinete de crisis donde los generales pierden los papeles cuando oyen la palabra amenaza nuclear, agente abriéndose paso entre los malos mientras suelta frases por el móvil que poco a poco van haciendo sudar cada vez más al líder de los malos, resolución de la crisis que ha subrayado el patriotismo de los más allegados al presi, y con la resolución festival de aplausos, golpecitos en el hombro, y miradas de complicidad entre los que inútilmente han estado siguiendo los progresos del agente que nunca debió estar allí, pero que gracias a dios pasaba por ahí.

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Nada. Absolutamente nada de lo que vemos es nuevo. Eso no quiere decir que no sea entretenida, o hasta divertida, para una gran parte del público. EMMERICH entra en escena en verano con ASALTO A LA CASA BLANCA, y este sí que no se corta. Si aquí revientan la casa blanca y se cepillan el obelisco de Washington, esperar a ver qué está tramando el alemán… Nos da la sensación que la cinta de EMMERICH será algo más sorprendente, que no mejor. En cualquier caso, y en ambos a la vez, que dios bendiga América.

LO MEJOR:

  • La secuencia del ataque a la casa blanca.
  • Todas las frases lapidarias y patrióticas.

LO PEOR:

  • El hijo del presidente. Sin lugar a dudas.
  • Que esperábamos que ANTOINE FUQUA dejara huella en el producto. ¿realmente la ha dirigido él?

 

 

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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