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Nostromo de David Lean

David Lean era un artesano de la imagen. Con casi ochenta años quería culminar su carrera con un proyecto épico que estuviese a la altura de Lawrence de Arabia, El puente sobre el río Kwai y Doctor Zhivago. En una desesperada búsqueda de ideas, dio con la novela Nostromo, del polaco-británico Joseph Conrad. Obra coral situada en una ficticia república del Golfo de México, la trama de Nostromo era tan compleja que hasta grandes cineastas de la talla de Martin Scorsese intentaron adaptarla sin éxito. Sin embargo, la historia tenía todos los ingredientes necesarios para encajar en el cine épico de David Lean. En un reto colosal que acabaría ocupando sus últimos seis años de vida, el director de Breve encuentro y Cadenas rotas intentó por todos los medios cumplir su sueño: llevar Nostromo a la gran pantalla.

Canal TCM ahonda en el proceso de creación de esta cinta inacabada en el documental Nostromo: el sueño imposible de David Lean, obra de producción propia que inauguró el pasado 30 de noviembre el Festival TCM de Madrid. En el documento se entrevista a numerosos artistas que estuvieron involucrados en el proyecto desde el primer momento y a la propia mujer de David Lean, Sandra, quien además de dar detalles sobre las ideas del cineasta en relación al guion de Nostromo, también habla de su vida personal: manías, miedos y obsesiones.

David Lean: el eterno perfeccionista

Nostromo de David Lean

El documental hace hincapié en el perfeccionismo de Lean y en su batalla por dar con el reparto perfecto. Admirador de las caras desconocidas, a las que amaba descubrir (o si no que lo digan a Omar Sharif, a quien lanzó al estrellato gracias a Lawrence de Arabia), Lean preparó varias audiciones para Nostromo. Sus favoritas: las de Alan Rickman, en quien veía gran talento y de quien sabía que iba a convertirse en una gran estrella, y Georges Corraface, el candidato definitivo para dar vida al protagonista de la película.

Cuentan sus amigos y colaboradores más cercanos que Lean era uno de los pocos cineastas que quedaban de la vieja escuela: perfeccionista hasta el milímetro, podía pasarse horas rodando una misma toma hasta que quedaba como estaba prevista en el guion. Cuando algo no funcionaba, como buen cuáquero, se quedaba en silencio reflexionando. A veces hasta límites exasperantes. “Durante los rodajes era un hombre muy difícil“, recuerda su sexta esposa. Por mucho que arrojase cientos de ideas sobre el papel junto al guionista Christopher Hampton (ganador de un Oscar en 1988 por Las amistades peligrosas, película por la que tuvo que abandonar a Lean y ser sustituido por Robert Bolt, habitual colaborador de Lean), el proyecto nunca despegó.

La Nostromo de David Lean: un rodaje imposible

Nostromo de David Lean

Nostromo podría haberse rodado de no haber sido por los cientos de inconvenientes que llegaban desde la producción. El documental de TCM narra cómo Warner Bros. tenía un presupuesto de 30 millones destinados a El imperio del sol, de Steven Spielberg, y otros 30 millones para Nostromo. Spielberg, quien también colaboraba como productor en la película de Lean (y con quien Lean tuvo varios roces por motivos creativos), acabó superando los costes de rodaje de El imperio del sol y la Warner, en un acto de prudencia, decidió dejar de lado la ambiciosa adaptación de Conrad, ahorrando costes e invirtiendo todo el dinero en el rodaje que ya estaba comenzado.

David Lean tuvo que buscar otro productor, cambiar el guion y reformular las ideas que tenía previstas desde un principio. Sin embargo, una vez la preproducción del rodaje estaba establecida (con Almería como principal destino de rodaje), las compañías de seguros pedían cifras astronómicas por financiar a un director de 81 años. Estas trabas se alargaron hasta la eternidad. Finalmente, en 1991, cuando el rodaje ya había visto la luz verde y estaba a punto de comenzar, a Lean le diagnosticaron cáncer de garganta. Falleció poco antes de pisar el set de rodaje. Tenía 83 años. Aunque dejó un gran proyecto inacabado, su figura siempre será recordada por las innumerables obras maestras que dirigió con su mano de hierro y perfeccionismo obsesivo.

David G. Maciejewski

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