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Crisis en 6 escenas El Palomitrón

Septiembre es el mes de Miley Cyrus. Este mes, la actriz y cantante texana se estrena de coach en la versión norteamericana de La Voz y, mucho más interesante, como protagonista de Crisis en seis escenas, la miniserie de Amazon dirigida por Woody Allen, quien ya ha confirmado que ha sido su primera y última incursión en la televisión. En ella, una familia norteamericana de clase media verá sacudida su vida tras una visita inesperada. El reputado director y guionista neoyorkino decidió contratar a Cyrus en uno de los papeles principales tras conocer su vena cómica en Hannah Montana y varios sketches del popular Saturday Night Live. A continuación, repasamos la carrera de una polémica artista que, con apenas 24 años, lleva más de la mitad de su vida bajo los focos.

Destiny Hope Cyrus (solo unos sádicos llamarían Destino Esperanza a su hija) fue un icono infantil la década pasada (es imposible no encontrarse su cara en alguna mochila o estuche de nuestro Carrefour más cercano) y, lejos de ser engullida por la industria, ha renacido como fenómeno cultural. Un talento innegable (solo hay que encontrar en Youtube cualquiera de sus Backyard seasons para caer rendido ante ella) y un dominio del marketing ejemplar la han convertido de nuevo en un personaje mediático imprescindible de este siglo. A continuación, repasamos algunos de los motivos que nos hacen, si no querer, al menos sí respetar a una artista que todavía tiene mucho que decir.

Ese vertedero llamado cine

MILEY CYRUS LOL El Palomitrón

Todos hemos visto el debut cinematográfico de Miley Cyrus (aunque pocos nos hayamos dado cuenta). A los 11 años firmaba un pequeñísimo papel en Big Fish, la popular cinta dirigida por Tim Burton. Fue un comienzo prometedor, pero desde entonces no ha vuelto al cine de prestigio.

Sus siguientes papeles protagonistas también se dieron en películas de poca monta: La última canción se basaba en una novela del temible Nicholas Sparks y trataba sobre la típica adolescente que se vuelve rebelde tras el divorcio de sus padres pero se va domesticando gracias a la música. La película resultó ser un taquillazo y Cyrus conocía al amor de su vida: el hermano de Thor. Sus siguientes proyectos como cabeza de cartel se quedaron en tierra de nadie: en LOL (sí, se llamaba LOL) tenía una complicada relación con su madre (Demi Moore) y se sentía superincomprendida, y en Peligrosamente infiltrada se hacía pasar por estudiante en una hermandad que Jeremy Piven (nuestro icónico Ari Gold en El séquito) estaba investigando. Ante semejante percal, la propia Cyrus decidió que actuar ya no era lo suyo y que ya tenía suficiente dinero como para encima levantarse todos los días a las 6 de la mañana para grabar una película que ni ella recordaría un par de meses más tarde.

“—Vale, deja de llamarme Miley Cyrus.

—¿Cómo quieres que te llame?

—Hannah”.

El inolvidable y paródico cameo de la actriz y cantante en Los tres reyes malos culminaba con la popular Wrecking Ball a dúo con Joseph Gordon-Levitt, y es, probablemente, lo único reseñable de una filmografía paupérrima que, quién sabe, podría despegar de verdad tras su incursión en la miniserie dirigida por Woody Allen. Para comprobar sus verdaderas dotes interpretativas, os invitamos a ver Miley: The Movement, donde tras un monumental cabreo por la logística de su aparición en los VMA 2013, abre la puerta del coche y se muestra tan encantadora con todo y todos que cuesta creer que segundos antes estuviese escupiendo fuego por la boca.

Fenómeno de masas

Hanna Montana El Palomitrón

Los inicios musicales de Miley Cyrus están íntimamente ligados a Hannah Montana, la serie que la lanzó al estrellato. En la popular ficción de Disney Channel interpretaba a una joven de Nashville que llevaba una doble vida: al ponerse una peluca rubia se convertía en la superestrella del pop Hannah Montana y ni sus amigos la reconocían. La serie se convirtió en un filón mundial que dio lugar a muchos millones en concepto de ventas de la banda sonora, películas, conciertos en 3D que también llegaban a los cines y todo el merchandising que os podáis imaginar.

Nacía así Miley Cyrus, artífice de la épica Party in the USA (cualquier cosa con USA en el título suena épica) y todo un icono en las fiestas de esta nueva generación del 98 que habita entre nosotros. Tras deshacerse en 2010 del doble personaje que engordó enormemente la cuenta bancaria de sus progenitores, la cantante publicó un nuevo disco de transición que se presentaba con la típica canción de adolescente rebelde que se va a comer el mundo (“nadie me puede domar, estoy desatada”, decía). Pero la mayoría de seguidores de Hannah Montana, autodenominados smilers (juego de palabras entre Smile y Miley), se vieron horrorizados al descubrir que su ídolo de infancia empezaba a renegar del personaje y parecía una drag queen en Can’t be tamed. Aquel videoclip comenzaba con una poco sutil metáfora de la infancia de Cyrus: enjaulada y observada por cientos de personas, desplegaba sus alas (ojalá de forma metafórica, pero no) y sorprendía a los atónitos espectadores. El fracaso del álbum supuso un punto y aparte en su carrera y el nacimiento de la verdadera Miley Cyrus.

Sobrevivir al fenómeno de masas

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“—Eh, Pharrell Williams, ¿qué te parece si me corto el pelo y me tiño de rubia para mi próximo disco?

—¿Y a mí qué me cuentas? Haz lo que quieras”.

Así daba comienzo el radical cambio de imagen con el que Cyrus esperaba hacer que todo el mundo hablase de ella. Y objetivo conseguido. Ya antes de lanzar canción alguna, todas las revistas sensacionalistas del mundo publicaban fotos del cambio físico de la ex Hannah Montana. ¿Que casi todos le sacaban parecido con Draco Malfoy? Daba igual, la promoción de la nueva Miley Cyrus ya había comenzado y le había salido gratis.

Una de las principales claves que la han mantenido en la cresta de la fama fueron sus videoclips: si en We Can’t Stop hasta una Demi Lovato recién salida de rehabilitación por alcohol y otras sustancias afirmaba públicamente envidiar a Cyrus por correrse semejante juerga, en el viral clip de Wrecking Ball lloraba, se balanceaba, lamía martillos y se desnudaba en una bola de demolición. Aquel videoclip también tiene un director’s cut más cristiano en el que Miley se marcaba un Anne Hathaway’s Les misérables aguantando un único primer plano durante sus tres minutos de canción en los que llora y se limpia lágrimas y mocos con su manicura francesa. Ya nadie se escandalizó demasiado cuando su siguiente vídeo se basaba en verla masturbarse bajo las sábanas y en la bañera.

¿Cómo llamó Miley a toda su nueva maquinaria publicitaria? The Movement. En 2013 vio la luz en la MTV un documental sobre el estudiado cambio de imagen de la cantante que resumía sus escasos 60 minutos en una frase: “Es mejor dar un buen espectáculo para que hablen de ti dos semanas en lugar de dos segundos”, decía tras su polémica actuación en los VMA Awards junto a Robin Thicke.

El disco que escandalizaría a cualquier padre

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¿Recordáis cuando todo el mundo se esperaba un Drive 2 de la segunda colaboración entre Nicolas Winding Refn y Ryan Gosling pero en su lugar parieron Solo Dios perdona? Pues Cyrus hizo musicalmente lo mismo: tras el muy comercial (y convencional) Bangerz, sorprendió a propios y extraños con un nuevo disco en las antípodas de lo que había hecho anteriormente. Miley Cyrus & Her Dead Petz, escrito y producido por la propia artista en su estudio casero, es el disco de corte experimental que ninguna diva del pop actual se atrevería a grabar. Este nuevo CD se publicó de forma totalmente gratuita en diferentes plataformas de internet (ninguna discográfica lo habría lanzado comercialmente) y está compuesto por 23 temas que tratan sobre sexo, (muchas) drogas, amores, desamores y animales muertos.

En Miley Cyrus & Her Dead Petz, la hija de Billy Ray Cyrus (auténtico artífice del No rompas más de Coyote Dax) se lamenta de la muerte de su perro Floyd, de su pez globo Pablow (atención a la vegana letra de Pablow the blowfish, con anécdota de sus amigos yendo a comer sushi y llantos incluidos), de exnovios empalagosos (Fóllame y deja de hablar como un bebé, decía en BB Talk), de una tal Karen que sufre bullying en Karen don’t be sad, pero que, entre sus muchas lecturas, también puede hablar sobre la propia Cyrus y los continuos “¿Qué ha hecho esta vez la guarra esa?” que los lectores (¡y hasta los redactores!) de diferentes medios le dedican día sí día también. Estamos hablando de un disco tan ambicioso que hasta incluye un canto tibetano. No se sabe a ciencia cierta cuántas drogas se consumieron en casa de la ex Disney Channel durante la grabación del CD, pero a raíz de las letras (Sí, fumo hierba. Sí, amo la paz, pero no soy una hippie) podemos suponer que el making of de Miley Cyrus & Her Dead Petz daba para secuela de Trainspotting.

En definitiva, no tenemos ni idea de qué derroteros tomará la carrera musical de Cyrus a partir de ahora, pero al menos nos ha regalado un dignísimo disco sin fines comerciales y alejado de las ataduras comerciales impuestas por las grandes discográficas. Y eso con solo 24 añitos. ¿Qué hemos hecho nosotros?

Personaje mediático indispensable

Miley y Katy Perry beso El Palomitrón

Igual que Ellen DeGeneres popularizó mundialmente el término selfie tras aquella famosa foto con el hermano de Lupita Nyong’o chupando cámara en los Oscar 2014, Cyrus hizo lo propio con el twerk o twerking (perreo en cristiano) tras su comentadísima actuación en los VMA 2013. ¿Habría sido tan duramente criticada por aquella performance en la que se insinuaba a Robin Thicke si se hubiesen intercambiado los papeles? ¿No es lo que Drake le hace a Rihanna cada vez que salen juntos al escenario y estamos todos encantados?

Alejada de esas cochambrosas estrategias comerciales de hacer regalos a tus fans para lograr ruido mediático en redes sociales (¡ay, Taylor Swift! menudo dardo envenenado te clavaron en Scream Queens) y con una conciencia social bastante poco habitual en el mundo del espectáculo, la nueva Cyrus no tiene pelos en la lengua a la hora de mostrar su opinión sobre temas polémicos.

En 2014 fundó la Happy Hippie Foundation, una organización benéfica de ayuda a jóvenes sin recursos que se han visto obligados a vivir en la calle (especialmente del colectivo LGBT). Además, se ha mostrado muy crítica con el anaranjado Donald Trump, ha denunciado a través de sus redes todo tipo de maltrato animal (sí, a lo mejor sus selfies llorando en Instagram al enterarse de alguna crueldad animal eran excesivos, pero…) y ha sabido vender y defender una imagen de mujer fuerte, sin complejos y que no se oprime ante los cánones sociales (atención a su ferviente defensa del polémico #FreeTheNipple).

Básicamente, Miley Cyrus hace lo que le da la gana. Y lo mejor de ello es que nos ha dejado ver en cientos de entrevistas que, además de tener la cabeza muy bien amueblada, tiene una mente más abierta que gran parte de sus (y nuestros) compatriotas.

Citas célebres

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No siempre estoy desnuda. Una vez estuve vestida en el escenario y los medios dijeron: Está vestida, no se ha desnudado y es aburrida. No importa lo que haga: o me llaman aburrida o me llaman zorra”. (Entrevista con Barbara Walters)

No estoy asustada o insegura por nada porque estoy acostumbrada a que la gente me juzgue. Estoy acostumbrada a que la gente intente hundirme, así que ya sé cómo levantarme después“. (En The Hollywood Reporter)

¿Soy un mal ejemplo a seguir porque voy por el mundo enseñando las tetas? No entiendo por qué las tetas son peores que las armas”. (En Newser.com)

La razón por la que me hice vegana es porque tengo un pez muy inteligente”. (En The Tonight Show” with Jimmy Fallon)

Mi padre es guay porque, aunque seguro que prefiere que no tenga las tetas fuera todo el rato, prefiere que tenga las tetas fuera y sea buena persona a que me ponga una camiseta y sea una zorra”. (En Jimmy Kimmel Live!)

Los humanos no están asustados del pecho femenino, el problema es el pezón. Estoy enseñando mis pechos y no hay problema porque no se ven los pezones. América no está asustada de los pechos: está asustada de los pezones”. (En Jimmy Kimmel Live!)

Quiero ver la nueva de Los juegos del hambre, pero eso significaría que tendría que estar viendo a mi novio durante dos jodidas horas”. (En Twitter)

No te preocupes por Liam. Podrás hacerlo mucho mejor y tienes tiempo para ello. ¡Sé fuerte!“. (Donald Trump, sobre su ruptura con Liam Hemsworth, en Twitter).

Miley Cyrus El Palomitrón

”Por supuesto que no digo palabrotas. Lo más desagradable que puedo llegar a decir es ouch” le contaba la joven Miley Cyrus en pleno apogeo de Hannah Montana a la María Teresa Campos norteamericana, Barbara Walters, durante la promoción de la serie en Estados Unidos. Afortunadamente, y en estos ocho años que han pasado desde aquella entrevista, la artista ha dado un cambio de imagen radical que pocos de sus compañeros de generación han compartido (recordemos que la angelical Selena Gomez sigue siendo una niña buena hasta cuando se junta con la peor calaña en la salvaje Spring Breakers…). Con un futuro tan prometedor como el suyo, solo esperamos que no acabe perdiendo el norte y se muestre tan consecuente con sus acciones como ha hecho hasta ahora.

Jose Cruz

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