Compartir

LOS ANTECEDENTES

La directora Marta Díaz de Lope acaba de coronarse como una de las futuras promesas del cine español. La cineasta malagueña se estrena en largometraje con Mi querida cofradía, una radiografía muy peculiar de un tema arraigado al máximo en la cultura popular andaluza, pero poco explorado en el cine español: la Semana Santa. El filme ha sido estrenado recientemente en el Festival de Málaga, donde ha recibido una buena acogida y se ha llevado a casa dos Biznagas de plata, la de Mejor actriz de reparto para Carmen Flores y la del Premio del Público. Una prometedora andadura que solo acaba de empezar, porque ya se perfila como uno de los títulos españoles que más van a dar que hablar cuando desembarque en el circuito comercial.

LA PELÍCULA

En Andalucía, ser capillita va prácticamente en el ADN. No es una redundancia, ni una generalización, ni un estereotipo. El fervor por la Semana Santa es una de las tradiciones más arraigadas aún hoy entre el pueblo andaluz. Uno llega a sorprenderse, al llegar esa época del año, de la variedad de individuos que se enfundan los capirotes de penitente o salen a la calle para tragarse el maratón de procesiones, como quien se da un atracón de su serie favorita en Netflix. Da igual la edad, el sexo, el estatus social o incluso el credo. Es una de las costumbres donde milagrosamente, todo dios, valga la redundancia, parece unirse sin fisuras. Cuántos vuelven a pisar una iglesia el resto del año es otra cuestión.

Marta Díaz, natural del espectacular pueblo malagueño de Ronda, forma parte de ese numeroso grupo de andaluces que, sin ser creyente ni pecar de religiosa, se emocionó viendo una procesión. De hecho, fue en medio de esa atmósfera envolvente cuando se le encendió la bombilla para dar forma a Mi querida cofradía. La devoción está personificada en Carmen, quien lleva 30 años desviviéndose por la hermandad de su pueblo y sueña con convertirse en hermana mayor de la cofradía, una utopía que se le escapa solo por ser mujer. Ese es el punto de partida de un largometraje que mezcla sin despeinarse desde las más esenciales reivindicaciones feministas a secuencias que parecen sacadas del camarote de los Hermanos Marx. Afortunadamente, y aunque sin llegar a ser una crítica demasiado dura, la obra consigue transmitir la realidad de una tradición que, desde el punto de vista de la igualdad de género, sigue dejando mucho que desear.

Aunque precisamente por eso, por tratarse todavía de un tema polémico y espinoso, es de agradecer que se ponga sobre la mesa como lo hace la directora, sin evitarlo ni escudarse en el humor insustancial. Al contrario, lo aborda con sobrada delicadeza y usando el infalible arma de la comedia bien hecha. Y ese es también su pequeño hándicap, el de pecar de contenida y de políticamente correcta, porque le resta fuerza al valioso mensaje que se esfuerza en transmitir.

Además, Mi querida cofradía es una buena forma de acercarse a la verdadera Andalucía. A la auténtica y natural, no a la de cartón piedra que a veces retrata el cine mal entendido. Representa sus maneras, sus calles y sus costumbres tal cual se viven allí. Y también los estereotipos, los que son reales. Es una película andaluza hecha por andaluces, y eso resulta más que evidente. Y se agradece que, por una vez, el sur no quede representado como una amalgama de acentos forzados, ni parodias, ni chascarrillos de personajes sin más sustancia que la caricatura. Es un filme 100 % andaluz y cimentado en un conocimiento realista de su idiosincrasia.

ELLOS Y ELLAS

Gloria Muñoz, habitual y excepcional actriz secundaria de nuestro cine, podría llevarse el Goya gracias a su papel de Carmen. Y nadie podría decir ni mu. Su presencia en pantalla casi permanente es asombrosamente natural e hipnótica y consigue, solo con su porte y la expresión deslumbrante de su mirada, construir un personaje tan recto e infalible como justo y entrañable.

Mención aparte merece también el resto de secundarios que completan el reparto, un acierto del primero al último, como Juan Gea, Pepa Aniorte, Rosario PardoRocío Molina, Joaquín Núñez o Carmen Flores, ganadora de la Biznaga de plata en Málaga por su desternillante papel de la vecina Juana.

LA SORPRESA

Como espectador, comedia costumbrista y Semana Santa en la misma ecuación, así a priori, puede ser un motivo más que justificado para el escepticismo. Porque, con esos ingredientes, que una película caiga en el chascarrillo y el humor simple no sería algo tan descabellado, pero no es el caso de Mi querida cofradía. Al contrario. Desde el primer fotograma el espectador se encuentra con un rara avis difícil de etiquetar, pero a la que es muy fácil engancharse.

Crítica de mi pequeña cofradía

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Las mujeres vestidas de mantilla, a punto de salir en procesión, desafían la tradición (y de paso, a los arcaicos mandamases de la cofradía) acortándose los atuendos y maquillándose vistosamente. Alguna de ellas suelta una verdad como un templo que resume con contundencia la razón de ser de la película. “No es el largo de la falda; es que son los hombres los que lo deciden por nosotras”.

TE GUSTARÁ SI…

Te gusta sorprenderte con el cine español que se renueva y se aventura a tomar nuevos derroteros.

LO MEJOR

  • La elección del reparto merece un 10. Desde la extraordinaria Gloria Muñoz al memorable plantel de secundarios, el casting del filme es un cargamento de frescura.
  • Muestra la Andalucía más auténtica y natural. Sin acentos forzados, ni parodias, ni personajes sin más sustancia que los estereotipos. Es un filme de una directora andaluza y cimentado en un conocimiento realista de su idiosincrasia.
  • El atrevimiento a mostrar una realidad polémica y tabú nunca antes abordada en el cine español. 

LO PEOR

  • Le falta, quizás, un poco de chispa, de humor gamberro, para terminar de ser una película redonda entre lo que propone y lo que logra.

 

María Robert

No hay comentarios

Dejar una respuesta