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Matar al padre Mar Coll - El PalomitrónSi hay algo de lo que puede presumir Mar Coll con mucha tranquilidad, entre otras cosas, es de su habilidad para diseccionar núcleos familiares. Y Matar al padre, una serie que llega a Movistar+ este viernes 25, es su último estudio. Complejo y juguetón, el último trabajo de la directora catalana dosifica en cuatro entregas la historia de una familia totalmente disfuncional, tocada de lleno por un trauma infantil y herida de muerte por la falta de comunicación entre padres e hijos.

Poco más de 200 minutos en total necesita la (muy esperada) primera mujer que firma una serie del nuevo catálogo de ficción propia de la plataforma para retratar el descenso a los infiernos de Jacobo, el cabeza de familia y protagonista de Matar al padre, y su redención. Y acomete la faena con una precisión quirúrgica que flirtea con la comedia negra cuando de extremar las conductas humanas se trata. Porque Matar al padre es un drama, casi una tragedia, pero reparte con mucha eficacia momentos hilarantes, producto de la absoluta falta de empatía que asola a esta familia acomodada, condenada a la fractura y al eterno conflicto generacional.

Una trama heredera de un disparo

Quizá si Jacobo no hubiese perdido a su perro (al que su padre mató de un disparo cuando él era un niño) todo sería diferente para esta familia, pero la vida es caprichosa y poco o nada benevolente. A partir de este episodio traumático, Mar Coll dibuja con dureza un cuadro de aniquilación dentro del seno de la familia, el fracaso de esta como institución. Y lo articula alrededor de la figura de Jacobo, que termina minando a todos los que le rodean con su neurosis y sus miedos. Toda la serie gira en torno a Jacobo, que mientras se esfuerza en poner orden a su alrededor asiste al desmoronamiento de su propia realidad, la que con tanto esfuerzo y precaución ha ido levantando, sacrificando por el camino, y con mucha decisión, los aspectos más frívolos y profanos que todos podemos encontrar en esta vida, y que para más de uno suponen verdaderas razones de peso para disfrutar de esta vida implacable que nos ha tocado a todos.

Si bien Jacobo es un personaje que agarrota, el gran as que juega Mar Coll en este relato es el de destapar a un personaje que, aunque a primera vista todo podríamos odiar con cierta facilidad, finalmente se revela como un hombre mucho más humano de lo que podíamos esperar, y desde luego sensato. Su gran talón de Aquiles en toda la narración es el miedo a que sus hijos se equivoquen o actúen sin cabeza. Un miedo enfermizo a que algo salga mal, y que se instala en Jacobo de manera permanente, y ligado profundamente a la paternidad. Porque el arco de Matar al padre no lo viven Jacobo o sus personajes: lo vive el espectador, y esa es una de las (magníficas) claves de esta arriesgada ficción.

La elipsis como herramienta narrativa

Matar al padre tira de elipsis para articular un relato concebido inicialmente como un largometraje que finalmente ha acabado en miniserie, pasando a formar parte del catálogo de ficción propia de Movistar+ y alimentando así la diversidad del contenido que poco a poco está dando forma a la oferta de la plataforma, cuya estrategia está dirigida por Domingo Corral. Y este uso de las elipsis finalmente luce con mucho acierto para dotar a la ficción de una entidad propia, ya que a través de estas podemos asistir como espectadores a cuatro momentos vitales de Jacobo modelados por el entorno y la actualidad social y económica de cada uno de ellos. “Lo que nos permite jugar con las elipsis es que el espectador haga su propia proyección y conjeture hacia dónde va cada personaje, y quizá acabe sorprendido durante el desarrollo y con la suerte de cada personaje, porque la vida es así, imprevisible”, apunta Mar Coll, que también ve en la elipsis un aliado en esta narración en concreto: “La idea de que pasara el tiempo era una idea central desde el principio. Este proyecto es la historia de una derrota, de una decepción, y era obvio que teníamos que confrontar al personaje de Jacobo con el paso del tiempo. Vimos muy interesante estructurar todo en momentos, empezando por un momento de máximo esplendor para la economía española, en 1996, y acabando en plena crisis financiera, ya en 2012, lo que potencia la frustración de un personaje que se da cuenta de que no solo no puede controlar su devenir o el de los suyos, sino que tampoco puede hacer nada por el destino de un país o una sociedad”.

Matarl al padre de Mar Coll

Una familia intoxicada: los personajes

Aunque el trabajo coral del reparto de Matar al padre es bastante notable, no cabe duda de que Gonzalo de Castro funciona a otro nivel, aupado por una trama que confía en sus hombros el peso del relato y por el enorme talento que el actor despliega en cada uno de los cuatro capítulos. Para su regreso a la televisión (en cine su regreso se materializará con Sin novedad, la ópera prima de Miguel Berzal de Miguel) el actor ha escogido un papel que le permite volar muy alto, regalando al espectador un recital sobre el oficio que huele a premios aunque aún quede más de la mitad del año para que lleguen nuevos títulos. Con parche o sin parche, con peluca o sin ella, con más o menos canas, lo cierto es que Gonzalo de Castro se mimetiza con Jacobo y su neurosis sin perder de vista ese plano humano, de sólidos valores, que será definitivo para que a lo largo del transcurso de la narración el espectador vaya cogiendo cariño a un personaje que acapara y se adueña de Matar al padre. Y todo esto teniendo al lado a Paulina García (Gloria), otra bestia parda de la interpretación. Tanto ella como los jóvenes Marcel Borrás y Greta Fernández, también muy bien los dos en sus papeles de hijos, quedan relegados a un segundo plano, limitados a ser meros espejos o resultados del comportamiento de Jacobo. Para Mar Coll era clave acertar dando forma al personaje de Jacobo: “Los personajes como Jacobo, con muchas patologías, no son tan fáciles de encontrar en el cine, pero sí lo son en la vida cotidiana. Todas estas disfunciones le convierten en un personaje tóxico que intoxica el espacio en el que vive. Es imposible que la personalidad de este padre no se traduzca en una herencia directa sobre sus hijos, que heredan sus miedos (Tomás) y su agresividad (Valeria)”. Un caldo de cultivo perfecto para que los personajes suelan acabar lesionados, ya sea física o psicológicamente. Y aquí es donde la narración no se corta en extremar las conductas, abriendo la puerta a la “comedia no buscada”, producto de situaciones tensas para sus protagonistas y muy inesperadas para los personajes secundarios que se pasean por Matar al padre.

El paso de los años y el desplazamiento vital, el proteccionismo parental, la pérdida del empoderamiento por parte de los progenitores, la vida truncada y la pérdida del control… Todo ello compilado en cuatro episodios que premian al espectador con un broche final de función que nos transporta al concepto más primitivo del seno familiar, y que nos reconcilia con Jacobo, uno de los personajes más entrañables que nos ha regalado nuestra ficción en los últimos años.

Una serie que desde mañana viernes podéis descubrir (y disfrutar) completita en Movistar+.

 

Alfonso Caro

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