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En los últimos años estamos asistiendo a un bombardeo de adaptaciones (remakes) por parte de la industria hollywoodense. POLTERGEIST, ROBOCOP o ANNIE son solo tres ejemplos de la multitudinaria oferta que se ha presentado desde los estudios americanos ¿Falta de ideas o simplemente fetichismo de los directores por hacer suyas aquellas películas que marcaron su infancia? A lo mejor no es tan complicado y se trata solo de un método para ganar dinero reinventando las joyas del pasado con las fórmulas de éxito del presente, quien sabe.

Surgen muchas dudas al respecto ¿Cómo de “fiel” debe ser la adaptación? ¿Hasta que punto esto no supone un desprestigio hacia las películas que marcaron época y que ahora se ven sustituidas en el imaginario colectivo por una copia que, normalmente, es peor que la original? En la variedad está el gusto sin ninguna duda, y el cine sabe mucho sobre eso. Tenemos remakes de todos los gustos y colores; en unos se observa esa marcada intención de rentabilizar la propuesta, véase ejemplos como CARRIE (KIMBERLY PEIRCE) o la última de SPIKE LEE, OLDBOY; en ambas se sacrifica la esencia del film en pos de una espectacularidad que sustituye los mecanismos que hicieron grande a la original, el eterno debate de Hollywood, la sombra monetaria que oculta la expresión personal y artística del director.

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En la otra cara de la moneda (no todo iban a ser malas noticias) grandes películas que, independientemente de su respeto y fidelidad por la original, no sólo han conseguido mantener su esencia, sino que han aportado rasgos novedosos, firma de sus directores, y han logrado un resultado final bastante respetable. En esta lista, no tan numerosa como la de los fracasos, podemos encontrar grandes cintas como el remake de MATT REEVES de DÉJAME ENTRAR o del casi siempre genio, MARTIN SCORSESE, con INFILTRADOS.

En el futuro se atisban adaptaciones de todo tipo, desde la inmortal JUMANJI hasta la tierna LA HISTORIA INTERMINABLE pasando por la AMERICAN PSYCHO de CHRISTIAN BALE. Pinta bien (creemos) pero centrémonos en el presente que es lo que nos concierne ahora mismo. La última película en sumarse a esta interminable lista que nombramos es POINT BREAK, la mítica LE LLAMAN BODHI como se conoce en nuestro país. ¿Quién no recuerda a PATRICK SWAYZE con su melenaza rubia surfeando las mejores olas de la costa californiana? O mejor aún ¿Cómo olvidar a un KEANU REEVES en estado de gracia atormentado por la amistad y el amor? Acción ochentera (aunque la película es del 91) y palomitas, la convergencia perfecta entre entretenimiento y calidad. No pasará a la historia como la mejor, pero si como una de esas películas que nunca decepciona y salva tardes de domingo: un gran guión, escenas de acción inolvidables y buena música  ¿Somos los únicos con ganas de verla de nuevo?

 

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Pues estamos de enhorabuena… a medias. ERICSON CORE (INVISIBLE) dirige el LE LLAMAN BODHI del siglo XXI y (por desgracia o no) parece que tiene todos los elementos propios del cine de este siglo. Habrá que esperar por supuesto, no demos nada por sentado aún pero tiene todas las papeletas, o al menos eso parece insinuar el tráiler, de que esto ocurra. Habrá algunos conformes con esta idea y otros no tanto pero la esencia que hizo grande a la primera se ha perdido desde luego. Acción a raudales (demasiada quizá), escenas imposibles y las mismas y repetitivas fórmulas del cine comercial.

La cinta mantendrá la trama original de la primera donde el detective del FBI, Johnny Utah, se infiltrará en una banda de surfistas sospechosos de realizar atracos ocultos bajo máscaras con rostros de antiguos presidentes de los Estados Unidos. Protagonizada por LUKE BRACEY (LO MEJOR DE MÍ, LA CONSPIRACIÓN DE NOVIEMBRE) en el papel de Johnny Utah y ÉDGAR RAMÍREZ (IRA DE TITANES, LÍBRANOS DEL MAL) en el de Bodhi, la película tiene previsto aterrizar en nuestras salas en enero del próximo año gracias a TRIPICTURES. Juzguen ustedes mismos:

 

 

Víctor Camarero

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