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Manhunt Cabecera El Palomitrón

Netflix ha decidido aprovechar el último mes del año para estrenar Manhunt: Unabomber, uno de esos casos que mantuvo al FBI en vilo y a medio Estados Unidos atemorizado por los ataques de un terrorista al que llamaron Unabomber. Ambientada en la segunda mitad de la década de los 90, el agente Fitzgerald (Sam Worthington) irá tras Unabomber (Paul Bettany), pero su método será tan inusual como eficaz. Os damos cinco razones para que no os perdáis estos ocho episodios.

1. Basada en hechos reales

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La marca definitiva para atraer nuestra atención es que todo lo que vamos a ver es parte de la historia de algún país. Siguiendo la estela de American Crime Story: The People v. O. J. Simpson (juicio que, por cierto, se menciona un par de veces en esta serie), nos cuentan el paso a paso en el caso Unabomber. A este terrorista se le llamó así porque sus paquetes bomba estaban dirigidos a la universidad o a las aerolíneas (UN-A-BOMBER), a las que culpaba de la “idiotización” del ser humano mediante la tecnología. Si esta idea era potente en los años 90, las décadas posteriores se han reforzado en esta idea, teniendo su mayor referente televisivo en Black Mirror.

2. La fina línea entre policía y criminal

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James R. Fitzgerald es nuevo en el FBI y Unabomber es su primer caso. Su don es el de ver en las palabras lo que nadie más consigue apreciar: uniones, significados ocultos, incluso procedencia del que escribe por el estilo y los modismos. Pero eso, en 1995, no constituye una prueba sólida para encarcelar a nadie. La obsesión de Fitzgerald por atrapar al terrorista es tal que pierde todo contacto con su realidad, llegando incluso a empatizar con él. Y esta es una de las claves de la serie, ese margen difuso que reside entre el bueno y el malo, mientras el sistema lo complica todo.

3. Un Paul Bettany irreconocible

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Esta serie no pretende jugar con nosotros al gato y al ratón porque sabemos quién es el asesino, solo hace falta atraparlo. Paul Bettany (Capitán América: Civil War) es el encargado de interpretar con maestría a Ted, el terrorista conocido como Unabomber. Su físico, cómo habla, cómo se mueve y su forma de actuar facilitan la construcción que hacemos del personaje, olvidándonos por completo de quién lo está interpretando. Su actuación se ve reforzada por el gran trabajo de Sam Worthington (Hasta el último hombre), que nos ofrece aquí una de las mejores interpretaciones de su carrera.

4. La lingüística forense

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Si no sabes lo que es la lingüística forense, después de estos ocho episodios serás un experto. Este método de investigación es la pieza clave sobre la que pivotará todo el caso. Las palabras serán el camino que el FBI construya hasta llegar a su objetivo, aunque Fitzgerald sude tinta para que escuchen sus teorías sobre el lenguaje. Y es que a mediados de los 90, proponer un perfil de un objetivo basándose en su escritura constituía poco más que hablar de intuición o corazonadas.

5. Formato breve y conciso

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Ocho episodios de menos de 45 minutos es el margen que tiene esta serie para presentarnos el caso, la investigación y la conclusión del mismo. Sin embargo, si tenemos una pega que ponerle a esta serie quizás sea en su aspecto técnico: capítulos en los que se salta de 1995 a 1997, mezclados con episodios que se dedican por entero a una fecha concreta o a un personaje específico, o fundidos a negro para cambiar de escena que descolocan, frente a la fotografía más que correcta de algunos planos.

Manhunt: Unabomber es una de nuestras recomendaciones para estas navidades. Una serie corta, magistralmente interpretada y basada en un caso real. Además, la reflexión está asegurada de la mano del propio terrorista, con una filosofía sobre la Revolución Industrial digna de escuchar. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para recuperar tu verdadera libertad?

Lorena Rodríguez

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