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A la industria le gusta hacer remakes, eso es algo de sobra conocido, y a menudo son un éxito en taquilla pero un fracaso para la crítica. Por eso, cuando nos topamos con un título como Los siete magníficos no podemos evitar entrar en la sala con cierto resquemor y resentimiento. Lo cierto es que la experiencia final no defrauda, porque de lo que nada se espera nada se pierde, y aunque a ratos se diluya en su propia simpleza, tampoco naufraga en su propósito. Contar con estrellas como Denzel Washington, Chris Pratt o Ethan Hawke encabezando su reparto no es suficiente para que Antoine Fuqua apruebe con nota. La cinta está bien resuelta y cuenta con un hilo argumental fácilmente desgranado, pero el director de películas como Southpaw o El tirador tan solo ha sabido rodearse del mejor equipo para, sin embargo, abandonar la originalidad a su suerte. Los siete magníficos (los nuevos) no pasarán a la historia por haber reinventado el clásico, pero tampoco lo han asesinado a punta de pistola.

Así es. Los siete magníficos han regresado. Pero ni Yul Brynner ni Steve McQueen encabezan la comitiva. En esta ocasión les toca tomar el relevo a Denzel Washington y a Chris Pratt. El segundo acompañará al primero en su afán de formar un equipo capaz de frenar a Peter Sarsgaard en su sangriento intento de controlar la tierra de Rose Creek. Veteranos actores como Ethan Hawke o Vicent D’Onofrio se unirán a la empresa.

A simple vista tenemos un punto de partida similar al de su referente, aquella que John Sturges rodó en 1960 basándose a su vez en Los siete samuráis de Akira Kurosawa. Pese a que en otras cintas versionadas el peligro reside en alejarse demasiado de su original, podríamos decir que en esta nueva Los siete magníficos su director precisamente ha pecado de lo contrario. Durante al menos la primera hora de película ambas tramas cabalgan en paralelo y las coincidencias no se limitan al argumento, sino que el propio perfil de los protagonistas e incluso algunas frases se han traído a colación (aunque revisionadas). Se trate de un homenaje o no a la original, se echa en falta un punto ácido que justifique la existencia de una nueva cinta y no meramente el hecho de que la tecnología ha cambiado y los disparos cruzados en pleno oeste norteamericano ahora son en HD.

Haley Bennet y Denzel Washington El Palomitrón

Gusta el nuevo carácter de cada magnífico y no solo porque ahora sean (al fin) multirraciales. Cada destreza y cada chascarrillo dicho por cada uno de los protagonistas cobra aquí una individualidad que tal vez se pudiera echar en falta en los sesenta. Ese es su gran valor en alza. Los protagonistas están perfectamente definidos, y las alianzas y resquemores entre unos y otros quedan claros con solo mirarse. Encontramos así un trabajo contenido por parte de Denzel Washington, que da vida a Sam Chisolm, el auténtico líder del grupo. No ocurre así con Chris Pratt, quien a todas luces resulta excesivo, desde principio a (sobre todo) fin. El Josh Faraday al que da vida está sobredimensionado; conocemos incluso demasiado de él, con largas escenas que lejos de hacerle carismático resulta tedioso. Por su parte, el tándem formado entre Ethan Hawke como Goodnight Robicheaux, y Billy Rocks (Lee Byung Hun) funciona. Tanto es así que nos parece imposible imaginar el sentido dentro de la trama de uno de los personajes sin el otro. Cierto es que otros magníficos como Vasquez (interpretado por Manuel García Rulfo) o Cosecha Roja (Martin Sensmeier) quedan relegados a un segundo plano, pero es sobre todo un desaprovechado Vincent D’Onofrio el que permanece en último lugar.

“¿Pero dónde están las mujeres?” podríamos preguntarnos tal vez tras ver la película. Todo el peso de la acción recae en Haley Bennett quien, al igual que tuvo que defender Rosenda Monteros, se caracterizó por ser la única fémina en el oeste. En este caso Emma Cullen (el personaje interpretado por Bennett) se adapta a los tiempos y pasa a la acción, aunque lo hace solo cuando uno de los forajidos abandona el campo de tiro. Es ahí donde se esboza un concepto clásico de toda narrativa fílmica, el de la flaqueza del héroe, encarnado por un Ethan Hawke cuya trama se resuelve atropellada y vacía. Algo así ocurre con Peter Sarsgaard, cuyo personaje, Bartholomew Bogue, apunta tics y maneras para ser un malo de esos de los que merece la pena odiar. Pero llega el final y apenas sabemos de él, solo que su manera de comportarse y de hablar ya nos aterra, y eso ya es algo.

Manuel García Rulfo y Chris Pratt El Palomitrón

Los diálogos fluyen ágiles, con guiños a la original que suenan en boca de Denzel Washington tan bien como lo hacía en la de Yul Brynner: “Me ofrecieron mucho por un trabajo, pero nunca todo“. Frases idénticas, pero en épocas distintas. Y es que aquí el humor es mucho más llano, más directo, y al final lo consigue: la dura formación de los campesinos es tan desastrosa como divertida.

Pero ¿es este un nuevo wéstern clásico? Lo consiga o no, lo cierto es que Fuqua se ha esforzado en que su realización traiga a la pantalla (y a la mente del espectador) todos y cada uno de esos clichés que nos encantan del cine del oeste. No, no faltarán los planos corto de ceños que se fruncen bajo una mirada desafiante, las manos que se posan sobre los revólveres un segundo antes de disparar y el árido desierto norteamericano que cobra vida en una fotografía impecable acompañada por una música difícil de mejorar. James Horner hace un trabajo de composición tan magnífico como lo son sus protagonistas, y nos regala, justo en los albores de los títulos de crédito, la deseada melodía que Elmer Bernstein creó hace más de cinco décadas y que todos estábamos esperando.

Por eso decimos que Los siete magníficos se mueve en la épica de una batalla final extenuante pero desoladora al tiempo que se desaprovecha a sí misma en un guion plano y con giros de principiante. Demasiado tiempo para contar lo que se puede mostrar en mucho menos, pero cuyo final, como barco que navega a velocidad de crucero, llega sin imprevistos ni contratiempos finales.

LO MEJOR:

  • El perfil de cada personaje.
  • La música y fotografía.
  • Bien resuelta.

LO PEOR:

  • Escenas innecesarias.
  • Guion simple.
  • Calco de su predecesora.

Noelia Salcedo

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