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El stop – motion es un arte que compite duramente con las imperantes obras facturadas digitalmente. El modesto estudio Laika se enfrenta a Pixar, el dios gigante de la animación. Un David frente a Goliat. Una labor ardua donde los trabajos manuales sustituyen al uso del ratón y el teclado. ¿Resultado? Un segundo de película stop-motion requiere de una semana más o menos de maniobra. LOS BOXTROLLS es la última muestra de estas labores artesanas dentro del séptimo arte.

¿Quiénes son los que señala el título? Pues son unos monstruitos muy feos pero muy majos que habitan en las alcantarillas, que como única prenda de vestir llevan una caja que reciclan de los desperdicios de la ciudad. Los habitantes de la villa de  Cheesebridge les temen porque creen que les quieren robar, y no es cierto. Sus horrendos vecinitos se dedican a cuidar de Egg, un niño huérfano, desde que éste era un bebé. La película es una adaptación del libro de fantasía de ALAN SNOW.

 

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El guion viene en forma de sátira dirigida a toda la familia: es una metáfora sobre la lucha de clases, sobre los ricos y  los repudiados de las escalas inferiores, algo que viene ni pintado a la situación en la que España está inmersa. El aparentar, la egolatría o el ansía por pertenecer a una clase social se sobrepone a las necesidades básicas de la educación o la igualdad (discrepancias muy bien traídas a la cinta, por cierto). De modo que éste es un buen símil para mostrar a los pequeños las consecuencias del egoísmo y los peligros de la ambición. La acción se desarrolla en Cheesebridge (Puente de queso), y todas las áreas hacen referencias lácteas; de hecho el queso es símbolo de status social.

El rango de edad adecuado para entender esta película se situaría a partir de los 8 ó 9 años, dado que posee demasiados detalles para que los más peques los asimilen y entiendan. Pero la moraleja final más directa es de lo más infantil y ya se ha repetido varias veces en el cine de niños: la belleza está en el interior.

La obra rezuma un aire “timburtoniano”. Es inevitable, el director de BATMAN VUELVE abrió un sendero con su –hoy de culto- PESADILLA ANTES DE NAVIDAD. La presente historia se parece además a la nublosa pero refinada NOVIA CADÁVER. Y es que para expresar tales sensaciones de decadencia, ampulosos refinamientos, qué mejor que la época victoriana con su pomposidad y su rancio abolengo. Cuánto juego da el estilismo estirado y caduco a la vez.

 

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La paleta de colores es pastel, y todos los tintes van hacia el gris (tonalidad de los Boxtrolls) y las luces tenues recogen con delicadeza las formas de las figuras: desde los sombreros de los altos cargos, hasta las coletas de Winnie, o la cartelería de las cajas.

Además de ser enrevesada su tecnología, también lo es la trama, más que las predecesoras EL ALUCINANTE MUNDO DE NORMAN o LOS MUNDOS DE CORALINE. Con varios puntos aparte, la historia tiene numerosos detalles narrativos; válidos todos, pero quizá excesivos. Hay mucha ironía dentro del guion. Éste está muy bien redactado y, por las ansias de contar mucho detalle, supera los 100 minutos, algo extraño en una película animada; por ello provoca cierta sobrecarga para el espectador, aunque éste, sea mayor o menor de edad, simpatiza con el filme.

Cada personaje está expresado en la forma perfecta, llevados a los extremos. Las voces de la versión original, se encuentran eminencias como BEN KINGSLEY acompañado de actores solventes como NICK FROST o TONY COLETTE, y nuevas promesas como ELLE FANNING e ISAAC HEMPSTEAD-WRIGHT (Bran en JUEGO DE TRONOS).

Y así, entre niños que descubren su identidad, intolerantes a la lactosa y criaturitas provenientes de las profundidades, se desarrolla una historia con personalidad propia.  Halloween no podría celebrarse con mayor joya en las salas. LOS BOXTROLLS es el ejemplo perfecto de enseñar la ironía a los niños. ¡Que nadie se pierda los títulos de crédito ni su divertida conversación!

 

 

LO MEJOR:

  • La sorprendente carga metafórica
  • El retrato de los personajes
  • Una estética que detalla y mejora el texto
  • La escena post-créditos

LO PEOR:

  • Su duración
  • El exceso de detalles y los numerosos giros

 

 

María Aller

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