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Bajo un ojo poco acertado, podría parecer que Los archivos del Pentágono está filmada como todas las películas actuales. Pero en realidad todas las películas actuales están rodadas como Los archivos del Pentágono. Spielberg, Lucas, Coppola, Scorsese y De Palma reinventaron el cine norteamericano hace ya varias décadas y cambiaron el mundo del entretenimiento. No tendríamos esta gran cantidad de blockbusters de no ser por Star Wars y Tiburón. Por ello la gran mayoría de películas de Hollywood se parecen tanto entre sí, porque se acogieron al estilo y la forma de Steven Spierlberg y compañía. Una vez aclarado eso, hablemos de la película que nos ocupa como lo que es: la obra de un genio en sus mejores momentos.

La acción nos sitúa principalmente en 1971, cuando The Washington Post y The New York Times publicaron archivos del Gobierno que demostraban un brutal encubrimiento de secretos sobre la participación de EE. UU. en la guerra de Vietnam. Aquello los condujo a un enfrentamiento directo con el gobierno de Nixon, que básicamente intentó restringir la primera enmienda, que impide vulnerar la libertad de prensa y reducir la libertad de expresión.

Un gran escándalo social y periodístico que se vivió en medio del estallido del movimiento hippie contra la guerra de Vietnam, que seguía en curso mientras los archivos secretos afirmaban que era imposible de ganar. Fue un pulso en toda regla de la prensa contra el Gobierno que visto en pleno 2018 se siente extrañamente fresco. Tal vez lo mejor de la película de Spielberg sea la potencia de su mensaje, casi es una carta de amor a los periodistas valientes, un sonoro aplauso para que sigan publicando la verdad pase lo que pase.

Lo que hace de Los archivos del Pentágono una gran película es el buen hacer de Spielberg sobre el pulcro y bien definido guion de Liz Hannah (jovencísima escritora que ha visto su sueño cumplido). Juntos han logrado contar la historia de forma cercana al documental, con cada pequeño detalle muy bien explicado sin necesidad de ahondar en subrayados. El guion recuerda al trabajo de Josh Singer (colaborador de Hannah en la escritura) en la reciente y también notable Spotlight, que sin embargo no llegaba a las cotas de Los archivos del Pentágono.

Es la mano de un Steven Spielberg en estado de gracia lo que eleva la película a tan altas cotas. Parece un manual de estilo del autor consagrado que es, con un dominio impecable de la cámara y la narración. Convierte una conversación telefónica en una de las mejores secuencias del año; mide cada corte con exactitud dejando que la cámara siga a sus personajes en planos largos para luego mostrar los peores momentos con múltiples planos llenos de cambios de ángulo. Nunca la confección de una portada periodística ha funcionado como un increíble ejercicio de catarsis hasta ahora. Y por si fuera poco todo el tramo central y el magnífico clímax de la película, nos vemos obligado a hablar del comienzo. Un pequeño prologo bélico magistralmente rodado que combina a la perfección con un misterioso y esperanzador epílogo, ambas secuencias prácticamente mudas y llenas de imágenes poderosas.

Crítica Los archivos del pentágono

Para terminar de rellenar el cupo de nominaciones está su reparto, encabezado por Meryl Streep y Tom Hanks, que ofrecen dos interpretaciones mayúsculas, en estado de gracia, lo que para estas dos fieras significa un nivel altísimo. Y se ven rodeados de grandes secundarios, desde Bob Odenkirk hasta Bradley Whitford. No hay intérprete que no se luzca ante la cámara de Spielberg y bajo la excelente música de John Williams, que ofrece una de sus mejores bandas sonoras recientes donde destaca la terrorífica pieza dedicada a las apariciones de Nixon en la Casa Blanca, rodadas como la gran amenaza que supone en la película. Porque plantear a un presidente como un villano terrible y cruel es otro de los grandes atrevimientos de la película.

En definitiva, Los archivos del Pentágono es una película valiente. Se atreve a mostrar el reflejo con la era Trump (¿o es que ya todo nos recuerda a él?) y la necesidad de un periodismo justo, ético y libre, tanto en 1971 como en un 2018 que se augura tan lleno de fake news y periodismo basura como lo ha sido el año que hemos abandonado. Una obra necesaria. Una obra repleta de verdad.

 

LO MEJOR:

  • Una película valiente, necesaria y con un gran mensaje.
  • Meryl Streep y Tom Hanks, soberbios.
  • La música de John Williams.
  • Las apariciones de Nixon y la Casa Blanca como un terrible villano.
  • Steven Spielberg nunca ha sido tan Steven Spielberg. Aquí está todo lo que es.

LO PEOR:

  • Quizá se podría haber dado aún más protagonismo al personaje de Streep.

 

Ignasi Muñoz

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