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LOREAK, o FLORES en castellano, se convierte en más que el título de la segunda película de JON GARAÑO y JOSE MARI GONEAGA, después de su ópera prima en los largometrajes con 80 EGUNEAN. Las flores en la película se convierten en el hilo conductor de la historia cruzada de unos personajes en los que el hermetismo, la soledad y el estado de ánimo de estos te trasladan a una profunda fábula sobre la pérdida, la desolación y el recuerdo de quienes ya no están entre nosotros.

Sus protagonistas, en un principio con historias totalmente paralelas y sin un núcleo común entre ellos, tienen unas vidas monótonas y sin ningún atisbo de que esa apatía vaya a cambiar.  Todo cambia el día en que Ane, NAGORE ARAMBURU, recibe en su casa un ramo de flores de procedencia desconocida. Y no uno, sino cada semana a la misma hora comienza a recibir ramos de las mismas características. El entorno hostil en el que se encuentra sumida, con una relación de pareja que hace aguas y consciente del paso del tiempo,  hace que estas flores den un vuelco a su vida y comience a sentir la ilusión y el despertar de una nueva etapa. La otra protagonista de esta historia es Tere, ITZIAR AIZPURU (EL GRAN VÁZQUEZ), que lleva una rutinaria vida familiar hasta que sobreviene una tragedia y se tiene que enfrentar a la soledad. Los caminos de ambas mujeres se cruzarán a través de las flores. Ane llevará flores cada mes al lugar del siniestro donde perdió la vida el marido de Tere, y ésta tendrá que investigar las razones que tiene una desconocida para haber establecido esta especie de ritual tan especial.

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Se trata de una película intimista, que recae sobre ambas protagonistas, ARAMBURU y AIZPURU, que transmiten con sus interpretaciones ese abatimiento y melancolía que rodea la película. También es de destacar al resto del reparto, en el que se encuentran nombres como JOSEAN BENGOETXEA, GOTZON SÁNCHEZ o ANE GABARAIN, que dan vida a las personas cercanas con las que conviven ambas. Las interpretaciones están minuciosamente realizadas, por lo que el espectador se puede sentir identificado con cualquiera de las situaciones y emociones en la que se ven inmersos los protagonistas del film. En cierto modo, se podría denominar como cine social, sobre todo gracias a la descripción de las rutinas de Ane y Tere, y la manera en las que ellas se insertan dentro de su medio laboral (una trabaja en una obra y otra en una estación de peaje), convirtiéndose este espacio en fundamental a la hora de establecer sus particulares estados de ánimo.

Tanto GARAÑO como GONEAGA logran crear un ambiente repleto de estancias silenciosas, luces mortecinas, lluvia y quietud. Ése es el universo de LOREAK, el del tiempo suspendido, la soledad y la incomunicación. Ambos directores conceden a los escenarios una importancia significativa, puesto que el ambiente recrea el estado de ánimo de los protagonistas. También lo recrea muy bien el ritmo de la película, pausada pero firme. La sencillez con la que se ha creado resulta un gran contraste con el resultado final de la historia, llega al espectador de una forma abrumadora, contagiándonos esas sensaciones y sentimientos que transmiten con ese acierto los personajes. Es un gran ejemplo de que menos es más. 

Es de resaltar que es la primera película grabada íntegramente en euskera en participar en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián. Y su humildad y sencillez la convierten en una obra viva que va calando poco a poco tras su visionado, llegándose a convertir en una de los grandes descubrimientos del año en el cine nacional.

 

LO MEJOR:

  • Las interpretaciones de sus protagonistas, NAGORE ARAMBURU e ITZIAR AIZPURU, nombres a tener muy en cuenta en el panorama cinematográfico español.
  • La atmósfera cargada y melancólica que domina el relato y que se entrelazan con el ánimo de sus protagonistas.
  • El argumento con las flores como hilo conductor de la historia, un recurso muy bien aprovechado.

LO PEOR:

  • El cierto desasosiego con el que el espectador saldrá de la película.
  • En ciertos momentos, su ritmo pausado puede llegar a cansar y ralentizar la misma historia en sí.

 

Sonsoles Caro

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