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Libro sobre Clarence Brown

A los que amamos el cine nos encanta descubrir nuevas películas y artistas que han caído en el olvido por diversos motivos: que en el momento de su estreno sus obras no fueran comprendidas por el público, que los “especialistas” las demolieran vorazmente con sus pérfidas críticas periodísticas, o sencillamente que hayan sido destruidas por el efecto del paso de los años o a causa de una catástrofe inesperada (es bien sabido que cientos de rollos de película se perdieron en incendios como consecuencia de las características inflamables del celuloide). No obstante, tras ese halo de misterio que envuelve centenares de cintas teóricamente inencontrables, siempre aparece un destello de fortuna. Es el caso del maravilloso monográfico sobre Clarence Brown escrito por la investigadora Carmen Guiralt y editado por Cátedra dentro del marco de la colección Signo e Imagen / Cineastas.

Libro sobre Clarence Brown

Cuando alguien sostiene entre sus manos un libro de Cátedra pueden pasar dos cosas: que se sienta abrumado por los tecnicismos y la saturación de información de un estudio teórico formal sobre alguien o algo, o que, más allá de los prejuicios, sepa confraternar con el autor o autora en sus extenuantes labores de investigación. Clarence Brown es un libro denso en sus referencias pero práctico en su contenido: es el único publicado en español íntegramente sobre el cineasta, alguien extraño para ojos del gran público y hasta para los círculos de cinéfilos. Se trata de un personaje que ha quedado relegado al olvido más absoluto y que necesitaba de una incursión literaria en su vida y obra. Entre otras razones, porque muchas de sus películas o han desaparecido o tan solo se conservan pocas copias bien guardadas en museos que no han sido digitalizadas ni comercializadas en formatos domésticos.

Guiralt ha conseguido recuperar a través de esta edición la figura del que se consideraba el cineasta preferido de Greta Garbo (aunque esta historia es desmentida por la escritora) y resulta difícil comprender por qué, a pesar de su cine perdido, el tiempo ha empolvado tanto su figura. Es cierto que sus películas nunca llegaron a ser tan dinámicas y visualmente deslumbrantes como las de algunos de sus coetáneos, pero varias de sus obras de juventud fueron grandes éxitos: La torre de la señal (1924), su primera película en solitario, Smouldering Fires (1925) (traducida: Fuegos humeantes) y Anna Karenina (1935), probablemente su cinta más famosa e influyente (hay referencias en El gran dictador e Iván el Terrible), obtuvieron grandes beneficios y convirtieron a Brown en uno de los cineastas mejor cotizados de su época. Trabajó durante sus primeros años para la Universal y desarrolló el resto de su carrera, hasta el final, en la Metro Goldwyn Mayer, dos de los mayores estudios que operaban durante el star system.

Libro sobre Clarence Brown

Otras obras de Clarence Brown tuvieron gran influencia en la historia del cine: aparte de Smouldering Fires, La mujer ganso dejó su impronta en películas como Hembra (1933, Michael Curtiz) y El apartamento (1960, Billy Wilder). También Anna Karenina (1935) ejerció un gran poder de influencia sobre Wilder. Su película Edison, el hombre es una de las únicas cintas que se centra en la poco agraciada figura del famoso precursor del cine, Thomas Alva Edison, y su Intruder in the dust (1949), conocida en España como Han matado a un hombre blanco, constituye una de las mejores adaptaciones de una obra de William Faulkner.

Los temas de su filmografía han girado siempre en torno a tres argumentos medulares, según Guiralt: “la imposibilidad de la mujer trabajadora y a la vez esposa” que debe renunciar a su profesión (mujeres protagonistas en una época dominada por hombres); “la reprobación categórica del alcohol” y “la condena a la gran ciudad y la glorificación de la vida en el campo”. Su cine, pictoricista debido a la influencia que ejerció su maestro, Maurice Tourneur, padre de Jacques Tourneur, aunque pecaba de cierto maniqueísmo, gozó de una gran salud narrativa. Hasta artistas como Jean Renoir lo consideraron un pilar del cine clásico junto a Chaplin y Lubitsch debido a la influencia de algunas de sus cintas. Hoy, treinta años después de su muerte, Cátedra revitaliza la figura de un cineasta caído en el olvido.

David G. Maciejewski

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