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Muchos serán los títulos que se incorporen a nuestra cartelera aprovechando el año nuevo, pero la joya de estas Navidades ya tiene nombre y apellidos: ¡LEVIATÁN! Las impactantes imágenes de este áspero drama ruso provocarán más de un orgasmo fotográfico este 1 de Enero.

¿Dónde? Los gélidos y cinematográficos páramos del país soviético. ¿Quién? Un hombre que ha vivido siempre allí y ahora se enfrente a las presiones del alcalde para que abandone la única casa que queda habitada alrededor del agua. ¿Cómo? Primero coaccionando legalmente y luego… ¿Por qué? Las motivaciones que mueven al cacique local son tan oscuras como la densa noche siberiana. Nikolay (ALEKSEY SEREBRYAKOV), junto con su mujer Lilya (ELENA LYADOVA) y su hijo de otro matrimonio Roma (SERGEY POKHODAEV), están a punto de ser desahuciados. Su última esperanza reside en Dmitriy (VLADIMIR VDOVICHENKOV), amigo del protagonista y abogado en Moscú. Enseguida quedará latente que la honestidad de Mer (ROMAN MADYANOV), el mandamás del lugar, no es ni de lejos la esperada en un hombre de su posición. La tensión y el extraño ambiente familiar no ayudarán para que la vida de todos ellos siga un sendero tranquilo y apacible.

 

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Siempre es una experiencia gratificante ir a ver cine ruso y descubrir qué se cuece en el enorme universo cinematográfico del país más extenso de este mundo. Si a esto le sumamos que la prensa internacional ya ha nombrado LEVIATÁN como una de las obras indispensables de este 2014, tenemos una combinación perfecta para los amantes del cine europeo y los films llenos de historia, espacios y mucha verdad. Puede que ANDREY ZVYAGINTSEV, el director, sea una cara nueva (este es justamente su cuarto largometraje), pero está acompañado por unos actores que ya llevan décadas apareciendo en la apasionante cinematografía de este país. El triangulo creado entre SEREBRYAKOV, LYADOVA y VDOVICHENKOV es sencillamente impresionante. El nivel interpretativo roza niveles estratosféricos y es toda una pena que vaya a costar tanto volver a ver estos rostros en nuestras pantallas.

También se nota la acertada importancia que esta producción ha concedido al look, a la imagen. Junto con MR. TURNER y SUEÑO DE INVIERNO, LEVIATÁN posee la estética más deslumbrante y perfecta que un servidor ha podido visionar durante todo este año. Además comparte con la cinta turca la especial sensibilidad para mostrar la desolación más profunda. Un sentimiento muy visual y que se ha intentado reproducir infinidad de veces, pero jamás con la inmensa dimensión que consigue abarcar la obra de ZVYAGINTSEV.

No sorprende que, en nuestra mediatizada sociedad, nos veamos sorprendidos por la atrevida ignorancia y creamos que en Rusia, un país 34 veces mayor que el nuestro, cada zona sea parecida y tengan unas costumbres y una manera de ver el mundo similar. Pero mientras Unamuno avisaba que el fascismo se combate leyendo y el racismo viajando, nosotros sabemos que el cine es la herramienta idónea para acercarnos a realidades que quedan tan alejadas de la nuestra como esta. Gracias a esta hermosa película descubrimos parte de estas diferencias culturales que dividen y dan color a un sitio tan frío e inhóspito como es el coloso euroasiático. Con esto no queremos insinuar que LEVIATÁN sea la versión rusa de OCHO APELLIDOS VASCOS; no, este es uno de esos dramas duros, uno de esos dramas que te dejan hecho polvo y atesoran un final que invita a reflexionar sobre la misma esencia de la condición humana.

 

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Es evidente que esto del cine, y en particular la parte de la dramaturgia (la creación de la historia, las estructuras, personajes, diálogos,…), no es una ciencia exacta. Pero, del mismo modo que cualquier otra expresión artística, hay unas fórmulas y unos “trucos” que se sabe que funcionan y otros que no. Al igual que en pintura o fotografía existen normas de encuadre, en el guión hay recursos como el de los tres actos que están empíricamente demostrados (¿que qué es lo de los famosos tres actos? Pues básicamente lo del colegio de “introducción, nudo y desenlace”, pero mucho más complejo y lleno de matices). LEVIATÁN decide, consciente o inconscientemente, esto no lo sabemos, alterar estos parámetros y juguetear con el eterno desafío de encontrar una alternativa a esta tendencia histórica. Este atrevimiento, que se mire como se mire siempre es de agradece, puede causar un efecto de “acabar-volver a empezar-acabar-volver empezar” que suele resultar molesto y crea una sensación de que a la pieza en cuestión le sobran unos minutos (¿Se acuerdan de EL CABALLERO OSCURO?). ¿Se puede considerar esto como un error? Que lo juzgue cada uno por sí mismo, pero lo que está claro es que la trama es pegadiza y demuestra solvencia en las lógicas bajadas de tensión.

LEVIATÁN es una oportunidad única para disfrutar de dos horas de cine de altísimo nivel. Anímense y pasen estas fiestas navideñas con esta pieza que rebosa calidad por los cuatro costados. Todo un lujo.

 

 

 

LO MEJOR:

  • La manera de mostrar los espacios naturales es alucinante. Si siguen sin estar convencidos busquen imágenes del film; es impagable.
  • El perverso trasfondo con el que transcurre toda la historia.

LO PEOR:

  • Una estructura que, sobretodo en la parte final, transmite señales algo difusas.
  • Un abuso de planos de transición; aunque si son con esta calidad, bienvenidos sean.

 

 

 

Adrià Naranjo

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