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IMG_6355Estrella Damm ha presentado su cortometraje Las pequeñas cosas, y es que para muchos, el verano no termina de arrancar oficialmente hasta que los spots de las cerveceras toman la pantalla para recordarnos, año tras año, que estamos haciendo las cosas muy mal si no empezamos con urgencia a vivir experiencias acompañados por nuestros amigos, los de toda la vida, o esos que acabamos de conocer pero cuya amistad promete ser honesta y longeva, gracias a ese feeling que envuelve de manera tan especial (y utópica) los encuentros más fortuitos con los mejores paisajes de fondo.

Estrella Damm lleva ya varios años regalándonos bellas (y motivadoras) piezas publicitarias que funcionan especialmente bien a la hora de despertar en el espectador esa sensación de feel-good que tanto nos gusta practicar, especialmente en verano, en nuestro tiempo para el descanso. Y, desde el año pasado, ha elegido el cine como lenguaje para transmitirnos sus valores. Si el pasado año nos mostrábamos gratamente sorprendidos al descubrir el cortometraje Vale!, dirigido por Alejandro Amenábar y protagonizado por Quim Gutiérrez y Dakota Johnson, este año lo que nos ha invadido es la alegría al comprobar que la marca está decidida a seguir rodando sus spots emblemáticos con un marcado sabor cinematográfico. Porque aunque Estrella Damm lleva desde 2009 trabajando para alinear los valores conceptuales de su marca en torno a una serie de ejes tradicionalmente mediterráneos como son la cultura, la gastronomía o la particular visión de sus gentes y su manera de percibir, entender y transmitir un estilo de vida en el que los momentos y las cosas más sencillas priman sobre el artificio o el postureo más consumista, desde el año pasado el contenido musical de sus anuncios (no es raro encontrarnos con varios himnos veraniegos si repasamos sus últimas campañas) comparte protagonismo con el plano narrativo.

Y así, este año la cervecera catalana ha vuelto a hacer un esfuerzo para ratificar su compromiso con el cine en general y con nuestro cine en particular. De nuevo un director de primera división, y de nuevo todo un equipo (actores y técnicos) que se mueven en ese nivel. Porque no solo han colocado a Alberto Rodríguez tras las cámaras (Grupo 7, la inmensa La isla mínima o la inminente El hombre de las mil caras), o a Laia Costa junto a una reconocida estrella internacional como Jean Reno, eterno Léon para muchos y fantástico profesional para todos los que se jactan con orgullo de haber trabajado a su lado, sino que también han contado con un equipo de profesionales muy reconocidos por su labor en diferentes campos técnicos y artísticos dentro de la industria. Todos ellos trasladados a la isla de Mallorca, cuyas calas de Sóller, Escorca y Santanyí han sido platós naturales de una historia universal que deja en manos de sus protagonistas, y en la fuerza de sus personajes, la responsabilidad para que la trama avance y la lección vital cale con fondo en el espectador.

En apenas unos minutos, y con una exquisita factura técnica (ojo a la fotografía), Alberto Rodríguez vertebra un mensaje universal y firma un spot con un discurso narrativo tan sencillo, limpio y eficaz como redondo en su ejecución. No necesita más el director sevillano. Y lo hace divirtiéndose (ese plano secuencia inicial es puro metacine), con carta blanca, y confiando en dos pesos pesados la labor de transmitir y convencer con sus gestos, con sus miradas, con sus sonrisas. Porque si el talento de Jean Reno es poco discutible, tampoco lo es el futuro de Laia Costa, una actriz que ha enseñado sus cartas dentro de nuestras fronteras (Citas) y más allá de ellas (su papel en Victoria le valió ser la primera actriz no alemana en ganar el Premio Lola a Mejor actriz protagonista), y que está aún por terminar de hacerse con un sólido hueco en la mesa de juego. Quizá su próximo proyecto, junto a Ricardo Darín, termine por asentar (y confirmar) a una estupenda actriz aún poco conocida, lamentablemente, por el gran público en nuestro país, y cuyo talento ha sido alabado por actores como James Franco, que cayó rendido ante su labor en la mencionada Victoria.

Jean Reno acabará aprendiendo el valor de las pequeñas cosas gracias a a Laia Costa
Jean Reno acabará aprendiendo el valor de las pequeñas cosas gracias a a Laia Costa

Y aunque Las pequeñas cosas no cuente nada nuevo, recupere mensajes que ya hemos visto en otras ocasiones y no encierre dobles sentidos o giros de guion que busquen sorprendernos (o desorientarnos), el cortometraje está tan bien concebido, rodado y montado que cumple objetivos con la mayor de las comodidades. Alberto Rodríguez firma un máster comprimido sobre cómo gestionar recursos para llevarse al espectador a su terreno. Su ciclo narrativo, el viaje vital de los protagonistas, y el necesario temazo musical (interpretado por la barcelonesa banda de Ramón Mirabet, que ya aparecía en el cortometraje del año pasado de Amenábar), conducen un visionado que despierta irremediablemente la empatía del espectador y culmina con unos créditos bañados por esa sensación feel-good que nos invita, aunque sea por unos instantes, a parar y recapacitar, a observar y aprender a valorar (y a descubrir) los pequeños detalles y los momentos que la vida nos brinda de manera constante. En definitiva, a ser mejores personas. Y eso hoy en día hay que aplaudirlo con rabia.

Estrella Damm vuelve a dejar muy claro que sigue apostando por llegar al consumidor construyendo un compromiso firme y sólido con el cine y reconociendo este arte como un vehículo sin rival para contar historias. Historias que viven en un espacio colectivo y que en cualquier momento podemos protagonizar cualquiera de nosotros. Historias, en cualquier caso, que aleccionan y enriquecen. Historias que son grandes porque nacen de las pequeñas cosas.

¿El argumento? Casi mejor que veáis el cortometraje que os dejamos a continuación. 15 minutos que acabarán dibujando una sonrisa en vuestro rostro.

Ya es verano, damas y caballeros. Es tiempo para disfrutar de las pequeñas cosas.

 

Alfonso Caro

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