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Los telediarios nos tienen acostumbrados a mostrar imágenes de las desgracias de países lejanos. Y seamos honestos, son imágenes que ya no causan impacto en el espectador. La sociedad ha sufrido lo que se llama la tan temida (pero extendida) insensibilización. Las lágrimas de África logra desbloquear (o por lo menos lo intenta) este sentimiento de indiferencia.

En Las lágrimas de África, la actriz y activista de los derechos humanos Amparo Climent da voz a los refugiados subsaharianos. En una visita al monte Gurugú, punto de encuentro de los inmigrantes que se disponen a cruzar la frontera de Melilla, Amparo Climent se encuentra con aquellas personas que huyen de sus países de origen y que intentan cruzar el Mediterráneo.

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La autora de este documental no adopta una posición meramente informativa de la situación de los refugiados subsaharianos, sino que, a través de voz en off y con cámara en mano, traspasa el aire documentalista para meterse de lleno en esta problemática, tratando de transmitir a través de sus palabras el dolor y sufrimiento de las víctimas de la situación. Precisamente una de sus formas para describir lo que sentía al pisar el monte Gurugú era que Dios nunca había estado ahí. Expresiones como esta le otorgan al documental un aire distinto, fresco y, sobre todo, más cercano al espectador para poder “curar” esa insensibilidad a la que anteriormente nos referíamos.

Las lágrimas de África se encuentra estructurada en varios capítulos, comenzando por El despertar, y abarcando a continuación El viaje, El descubrimiento, y reflexionando sobre La vida hasta llegar a las conclusiones. Además, incluye testimonios varios de víctimas, como el presidente del movimiento contra la intolerancia o la cantante Macu Sanz. Esta cinta también se nutre de numerosas imágenes, curiosamente de cartas y dibujos. A pesar de su acertada estructura (que siempre es de agradecer, sobre todo en este tipo de cintas), estamos ante un documental distinto, lo que no implica que se haya logrado del todo. Distinto por la fuerte implicación personal de su directora Amparo Climent y su tono poético.

Sin embargo, este continuo aire poético no encaja del todo con el conjunto, y llega a crear momentos demasiado edulcorados. El tono de voz de Climent también recuerda a voces de documentos trasnochados y da la sensación de estar ante el recital de un poema, lo cual choca con la temática y, sobre todo, con la historia narrada. Sí, es diferente, pero no siempre el distinguirse del resto resulta eficaz. La banda sonora es otro de los elementos que no acaba de integrarse en armonía con las palabras e imágenes, lo que en algunos momentos provoca que el espectador se despegue del hilo e incluso pueda estar desconcertado ante tales ritmos, totalmente desentonados con las imágenes que se muestran. Esto último sí que debe ser destacado positivamente de Las lágrimas de ÁfricaCliment logra conmover con imágenes y trata de llegar a la sensibilidad aparentemente perdida del espectador a través no solo de imágenes, sino también de cartas y poemas.

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Las lágrimas de África es una propuesta interesante y arriesgada que seguramente hubiera podido ser más efectiva y conmovedora si hubiesen prescindido de su voz en off y si hubiesen elegido otra música. Con respecto a los comentarios de Climent, estos restan fuerza a la cinta en su conjunto, y ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras (o por lo menos, en este caso, hubiera sido más acertado).

Las lágrimas de África por lo tanto puede ser considerado como un documental distinto y de visión recomendada, aunque con varias mejorías que podrían haberla catapultado como uno de los mejores documentales de este año.

LO MEJOR:

  • Sus ganas de innovar.
  • Sus imágenes.

LO PEOR:

  • La música que lo acompaña.
  • La excesiva voz en off.

Gabriela Rubio

Reseña Panorama
Nuestra valoración
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Abogada defensora de las causas perdidas que nunca ha dejado de soñar. El cine ha sido mi fiel compañero desde que tengo uso de razón, así que toca devolverle todo lo que me ha dado durante todos estos años. Ya no vale ser mera espectadora desde la butaca, ha llegado el momento de actuar, de ir más allá. Ya era hora, ¿no? Luces, cámara y acción.

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