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En los últimos tiempos, el wéstern está viviendo una suerte de segunda juventud (o, mejor dicho, de tercera, no vayamos a ofender a Clint Eastwood). Solo en los últimos meses nuestra cartelera ha recibido cintas como Los odiosos ocho, catedralicia a la par que íntima, la pintoresca Slow West o la sorprendente Bone Tomahawk, aún en las salas de cine. Nos encontramos ante todo un revival que aporta al primer gran subgénero de la historia del cine las innovaciones técnicas y narrativas de nuestro tiempo.

Es inevitable pues que entre esta oleada de películas aparezcan propuestas menos sorprendentes o arriesgadas, como la que hoy nos ocupa. Hablamos de La venganza de Jane (Jane Got a Gun), sexto largometraje del neoyorquino Gavin O’Connor, quien prueba suerte con el wéstern tras haber dirigido filmes tan variopintos como El milagro, drama deportivo sobre hockey, o la policíaca Cuestión de honor. La cinta relata la historia de Jane (Natalie Portman), una joven que, con la ayuda de un viejo conocido (creíble Joel Edgerton), deberá proteger a su familia de la banda de forajidos a la que pertenecía su marido, totalmente incapacitado para combatir. Esa cuadrilla está liderada por Ewan McGregor, convertido sorprendentemente en antagonista, en un golpe de efecto similar al visto en Hasta que llegó su hora, obra maestra de Sergio Leone cuyo mayor reclamo publicitario en el momento de su estreno fue el de ver a Henry Fonda por primera vez en el bando de “los malos” (eso y las curvas de Claudia Cardinale, por supuesto).

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El argumento sigue el clásico esquema del género, en el que los protagonistas se avituallan y atrincheran a la espera de la llegada de sus perseguidores. En este caso, una serie de flashbacks irán explorando el oscuro pasado de los personajes y la relación que les une (la mayoría de estos flashbacks tienden al subrayado y nos hacen añorar la virtud de no explicar). Así las cosas, nos encontramos con un guion con el que cuesta conectar (pese a la correcta ambientación de la cinta) debido a sus múltiples agujeros e incoherencias, su falta de ritmo y por lo previsible de su desarrollo (a excepción del giro final, engañoso y mal traído, y que nos retrotrae al peor Shyamalan). Por el lado actoral, cabe destacar la labor de Joel Edgerton, quien sabe transmitir la complejidad de su personaje muy por encima de Portman y McGregor. La israelí resulta demasiado delicada para la dureza que exige su personaje y el escocés no acaba de convencer en su papel de villano caballeroso y letal, pese a transmitir la sensación de estar encantado alejándose, por una vez, de sus roles más habituales.

El apartado técnico cumple sin grandes excesos, con un montaje en la línea plomiza del guion y una fotografía demasiado limpia, alejada de la estética polvorienta y calurosa que las localizaciones nos sugieren. Las escenas de acción, escasas, resultan correctas, pero transmiten la desgana general con la que O’Connor dirige la cinta, sin tener muy claros los referentes y códigos del género.

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La venganza de Jane llega a nuestras salas con la pólvora mojada y transmitiendo que podría haber sido mucho más de lo que es. Un guion más cuidado, un reparto mejor escogido y, sobre todo, un director con las ideas más claras y convencido de a dónde llevar su película hubiesen hecho de este un wéstern más que digno, pero nos toca conformarnos con un descafeinado relato de venganza. Óptima para rememorar tardes de verano con nuestro abuelo y que nos diga por enésima vez aquello de que “las del John Wayne eran mejores”. En este caso, razón no le va a faltar.

Lo mejor:

  • La interpretación de Joel Edgerton.
  • Que una mujer protagonice un wéstern, género históricamente plagado de hombres.

Lo peor:

  • Un guion acribillado a balazos.
  • La falta de ritmo.
  • Su director, al que la estrella de sheriff le viene grande.

 

Tomás Ruibal

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