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La mujer del animal - El PalomitrónVíctor Gaviria es un director incómodo y se niega a bajar la cabeza ante tal consideración. Lo sugirió con Rodrigo D: No futuro (1990). Y lo reafirmó en La vendedora de rosas (1998). Ambos, retratos descarnados de los suburbios de la ciudad colombiana de donde es originario, Medellín. Le valieron la entrada en la carrera por la Palma de Oro en Cannes, pero sobre todo, conseguir poner el foco en un colectivo destinado a la miseria silenciosa. Coherente consigo mismo, el cineasta continúa colocando la cámara en lugares donde nadie quiere mirar. Su nuevo trabajo, La mujer del animal, también ha sido alabado por la crítica. Además, se fue del Festival de Málaga con las Biznagas de Mejor dirección y Mejor montaje debajo del brazo. Eso sí, no es un filme soportable para cualquier público: el relato de Gaviria es, una vez más, de una extrema crueldad.

La mujer del animal es un retrato hiperrealista de la violencia machista y, de paso, un ensordecedor grito de denuncia contra la pasividad de los que la contemplan impasibles desde detrás de sus ventanas. La protagonista es Amparo, una adolescente que huye del internado de monjas donde vive y acaba en un barrio marginal colombiano en casa de su hermana. Allí, un primo de su cuñado queda embaucado con ella, la rapta y la obliga a casarse, convirtiendo su existencia en una espiral de maltrato y humillaciones.

La mujer del animal en el Palomitrón

Si la historia fuera ficticia, al espectador ya se le revolverían las tripas, por lo que el malestar se hace insostenible conociendo que la infamia que el director coloca en la pantalla es completamente verídica. De principio a fin, y sin permitirse ninguna licencia de la ficción. El director no se corta ni lo más mínimo a la hora de obligar al público a contemplar el maltrato más brutal y la ignominia de toda una comunidad que se cruza de brazos ante las mayores salvajadas cometidas hacia una mujer indefensa. Es inevitable retorcerse, desviar la mirada en unas cuantas ocasiones a lo largo de las dos horas de metraje del filme. Nadie con el estómago en su sitio y un mínimo de conciencia resiste impasible a semejante festival de golpes, insultos y humillaciones.

Es precisamente esa realidad subrayada sin sutilezas la contradicción máxima del largometraje. Porque, por un lado, se hace necesaria y está planificada con toda la intención para conseguir, cuando menos, incomodar, y, como fin último, denunciar una realidad que el común de los mortales se niega a mirar de frente. No cabe duda de que la finalidad del director es más que loable y valiente por atreverse a destapar las miserias que la mayoría prefiere esconder debajo de la alfombra por pura comodidad.

También lo es que escoja a unos actores no profesionales y víctimas de situaciones parecidas para manifestar todavía más nítida la cara del dolor. La protagonista, Natalia Polo, quedó huérfana siendo una niña y cuando se fue a vivir con su abuela sufrió abusos por parte de los hombres de su barrio. Alexander Gómez, el villano, perteneció de joven a una banda de delincuentes y perdió a un hermano durante un robo. La realidad misma expresada a través de todos los elementos del filme.

Sin embargo, la violencia reiterada hasta la saciedad acaba provocando un agotamiento emocional y un deseo egoísta de que el grotesco espectáculo termine por imposibilidad de digerirlo.

Como consecuencia, el guion se desarrolla con algún que otro altibajo y muy poco margen para marcar un perfil humano de los distintos personajes. Es especialmente destacable en el caso de  Libardo (Animal), en quien esta carencia se hace superlativa. De hecho, acaba dibujando a un antagonista caricaturizado del macho misógino, siniestro y dominante con poco o ningún trasfondo. En cualquier caso, sea cual sea el resultado final, es encomiable la labor de denuncia social que hace Víctor Gaviria en toda su obra, y en La mujer del animal sigue fiel a sus principios como director. Por eso, y por su empeño en hacer visible el sufrimiento humano de los invisibles, La mujer del animal merece una visita al cine.

LO MEJOR:

  • El estilo propio del director.
  • Los actores, sin experiencia pero del todo creíbles.
  • El tema en sí, por valiente y comprometido.

LO PEOR:

  • El abuso salvaje de la violencia.
  • Un villano caricaturesco.

María Robert 

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