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Si hay una verdad cinematográfica casi tan antigua como la vida es que las segundas partes generalmente no son buenas. Muchas veces, los argumentos se empobrecen de tal forma que apenas hacen falta diez minutos de duración para colmarnos de vergüenza ajena por lo que vemos en pantalla. En otras ocasiones, la utilización de intérpretes diferentes para dar vida a los mismos personajes que ya aparecieron en la primera parte hacen que la atmósfera de la película se pierda por completo. Por supuesto, existen varias excepciones que confirman una regla haciendo necesario mencionar largometrajes clásicos e incombustibles como EL PADRINO II (FRANCIS FORD COPPOLA, 1974) o TERMINATOR 2: EL JUICIO FINAL (JAMES CAMERON, 1991). Sin embargo, muchas veces la existencia de una segunda película que continúe o anticipe la primera condiciona la decisión del espectador, haciendo que este realmente tenga que pensarse si de verdad quiere pasar por el trago de ver una segunda parte que, según esta regla general sin normas, con toda probabilidad será decepcionante. Y, así, muchas veces nos preguntamos por qué ver la secuela de una película cuando la primera fue suficientemente buena como para no estropearla con otro largometraje sobre el mismo tema.

 

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LA MUJER DE NEGRO: EL ÁNGEL DE LA MUERTE centra sus esfuerzos argumentales en una continuación a la primera parte (LA MUJER DE NEGRO, 2012), aquella protagonizada por un DANIEL RADCLIFFE soberbio, dirigido por JAMES WATKINS, que huía de la sombra de HARRY POTTER para dar vida al joven abogado Arthur Kipps. Siguiendo las pautas anteriores y situando la trama de esta segunda película cuarenta años después de lo ocurrido en la primera, el director TOM HARPER (WAR BOOK, 2014) utiliza el incombustible contexto de la Segunda Guerra Mundial para construir un relato que se desarrolla en el mismo lugar en el que sucedieron los hechos que vivió Kipps. Así, se esfuerza por crear una ambientación que no solo enmarque la trama sino que también atraiga al espectador hacia un mundo ficticio en el que la oscuridad, el terror y los sustos sin precedentes abunden durante toda la cinta. El problema surge, evidentemente, por la inevitable comparación con su predecesora, lo que supone la aceptación de que HARPER ha olvidado la atmósfera que caracterizó a la primera película para centrar su guion en una continuación de sobresaltos que logran un efecto a medias. Sin embargo, a pesar de obviar algunas de las características fundamentales que una película de terror debe tener entre sus cualidades, el entretenimiento no está reñido con la mala predisposición al terror, haciendo de LA MUJER DE NEGRO: EL ÁNGEL DE LA MUERTE una buena solución para pasar un rato intrigante sin demasiadas complicaciones.

 

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Uno de los valores añadidos de esta secuela es la calidad de sus interpretaciones, empezando por una protagonista que sobresale por encima del resto del reparto. PHOEBE FOX (WAR BOOK, 2014) se pone de nuevo a las órdenes de HARPER para dar vida a una mujer que, en ocasiones, incluso puede llegar a desquiciar levemente al espectador más apoltronado en su butaca. Sin embargo, destaca el carácter de FOX para ponerse en la piel de un personaje que resulta ya conocido por cualquier aficionado al cine de terror corriente. Además de FOX, HELEN MCCROY (HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE, PARTES I Y II) y JEREMY IRVINE (WAR HORSE, 2011) completan un reparto que gana fuerza a medida que la película va tomando forma, lo que supone un valor a tener en cuenta en una segunda parte que resulta bastante predecible.

El conjunto final de LA MUJER DE NEGRO: EL ÁNGEL DE LA MUERTE funciona por una cuestión de entretenimiento y no por el objetivo que parece tener al inicio. La predisposición al susto fácil y los tópicos del cine de terror que abundan durante todo el largometraje, así como un guion insulso y convencional, suponen un lastre para conseguir atrapar al espectador. Sus intenciones principales distan en gran medida del resultado final, a pesar de intentar evitar la comparación con la película anterior.

 

 

LO MEJOR

  • La ambientación de los hechos introduce al espectador en una atmósfera terrorífica ideal.
  • Las interpretaciones de los niños que acompañan al trío principal.

LO PEOR

  • Las intenciones que parecen tener la película se pierden entre sobresaltos que apenas tienen sentido.
  • El exceso de convencionalismos y tópicos.

 

 

Sheyla López

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