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¿Te imaginas que aquí hubiera una guerra de verdad?

¿Pero dónde te has creído que estás? Para que haya una guerra de verdad se necesita mucho campo o un desierto para hacer trincheras, pero ¿aquí? ¿en una ciudad? ¿en Madrid?

Tienes razón.

Además, tan lejos de la frontera, ¿con quién podía España tener una guerra? ¿Con los franceses? ¿Con los portugueses? En lo que tardan en llegar aquí, ya se acaba la guerra.

 

Este diálogo pertenece a la escena inicial de la película LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO. En ella, dos adolescentes fantasean con la guerra en el Madrid republicano anterior a la Guerra Civil. Con el paso de los meses, los dos chicos se darán cuenta de que sí podía haber una guerra en Madrid, pero no contra portugueses o franceses, sino entre los propios españoles.

La guerra civil española fue el conflicto militar más importante de la historia reciente de nuestro país. Devastó España entera, destruyó ciudades y pueblos, separó a familias y amigos, fue la causa de miles de muertes y demostró hasta qué punto la ideología puede ser causa de la separación de un mismo pueblo.

 

LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO (JAIME CHÁVARRI, 1984)
LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO (JAIME CHÁVARRI, 1984)

 

Este artículo no es una clase de historia (no se trata de describir lo que pasó antes, durante y después de la contienda, eso ya es de sobra conocido). Aquí lo que se trata es un repaso por las principales películas del cine español que representaron en pantalla el mismo conflicto con distintas historias y diferentes tonos. Unos directores se centraron en la vida en el frente, y otros, en la ciudad o en el pueblo.

Ya durante los años de la Guerra Civil los dos bandos se afanaron en crear producciones cinematográficas con un objetivo puramente propagandístico. De este tipo son las producciones NOSOTROS SOMOS ASÍ (VALENTÍN R. GONZÁLEZ, 1936), AURORA DE ESPERANZA (ANTONIO SAU OLITE, 1937), del bando republicano, y ESPAÑA HEROICA (JOAQUÍN REIG, 1938), del bando sublevado. Especialmente recomendable es el breve documental ESPAÑA 1936, dirigido por JEAN-PAUL LE CHANOIS y con guion de LUIS BUÑUEL, que cuenta los orígenes y causas de la guerra a la vez que muestra imágenes reales seleccionadas por el director aragonés.

Ya terminada la guerra, el régimen franquista no encontró demasiado interés en las producciones cinematográficas que hablaran de la situación que se dio en el país entre los años 1936 y 1939. Sin embargo, dos películas merecen ser destacadas: la película RAZA (JOSÉ LUIS SÁENZ DE HEREDIA, 1941), y ROJO Y NEGRO (CARLOS ARÉVALO, 1942). Aunque la segunda es mejor que la primera (artísticamente hablando), RAZA es más interesante por estar basada en una novela que escribió el mismo Francisco Franco bajo el pseudónimo de Jaime de Andrade. Eso sí, las dos no dejan de ser puros panfletos fascistas no recomendables para aquellos con menor nivel de paciencia.

 

RAZA (JOSÉ LUIS SÁENZ DE HEREDIA, 1941)
RAZA (JOSÉ LUIS SÁENZ DE HEREDIA, 1941)

 

Los ciudadanos no volvieron a ser dueños de su libertad hasta los años 80 y 90, pasada la transición y de vuelta a un país en paz, y el cine español empezó a mirar a un pasado no tan olvidado y lejano como se creía. Una de las primeras películas (y de las más importantes) con la Guerra Civil de fondo es, precisamente, la que se cita al principio del artículo: LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO (JAIME CHÁVARRI, 1984). Esta cinta cuenta la historia de Luisito, un niño que vive con su familia en el Madrid republicano y que, justo antes del inicio de la guerra, convence a su padre para que le compre una bicicleta. Pero en ese verano se subleva el ejército y empieza la guerra, con lo que la compra de la bicicleta se pospone. Esta película está protagonizada por una serie de actorazos españoles de primer orden: MARISA PAREDES, VICTORIA ABRIL, AMPARO SOLER LEAL o AGUSTÍN GONZÁLEZ (junto con un por aquel entonces principiante y bastante fallido GABINO DIEGO), y está basada en una obra de teatro escrita por FERNANDO FERNÁN GÓMEZ. Muestra cómo fue aquel Madrid que resistió a los sublevados, en el que el lema “No pasarán” se convirtió en la insignia de la República, además de ser un retrato cercano de cómo la gente de a pie soportó los bombardeos, la falta de comida y la desesperanza como buenamente pudo, ansiosa de una paz que tampoco les trajo la felicidad que prometía.

Mientras Madrid era asediada, los pueblos y las ciudades de provincia no estaban en una situación mejor. Películas como RÉQUIÉM POR UN CAMPESINO ESPAÑOL (FRANCESC BETRIU, 1985) o LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS (JOSÉ LUIS CUERDA, 1999) cuentan cómo se vivió la guerra en pequeños pueblos. La primera está basada en la famosa novela de Ramón J. Sender, en la que, por medio de la vida del protagonista, Paco (ANTONIO BANDERAS), se ejemplifica cómo la guerra supo acabar con los adelantos sociales de los campesinos. Por su parte, LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS es una preciosa y triste película. En ella, Moncho empieza el colegio en su pequeño pueblo. Desde el principio se crea una relación muy especial entre él y su maestro, don Gregorio, pero su amistad se verá repercutida para siempre con el comienzo de la violencia.

 

LA VAQUILLA (LUIS GARCÍA BERLANGA, 1985)
LA VAQUILLA (LUIS GARCÍA BERLANGA, 1985)

 

Si bien la guerra afectó a la vida de los pueblos, de las ciudades y de sus gentes, fue en las trincheras donde verdaderamente se gestó. Fue allí donde miles de soldados de los dos bandos perdieron su vida, donde sucede la acción de dos películas que, aunque con temática similar (la verdadera guerra en el campo a golpe de fusil), no pueden ser más antagónicas en su tono: LA VAQUILLA (LUIS GARCÍA BERLANGA, 1985)  y LIBERTARIAS (VICENTE ARANDA, 1996). La película de BERLANGA es una comedia disparatada que narra los esfuerzos de un grupo de soldados republicanos por robar la vaca que los sublevados tienen guardada para la fiesta del pueblo. Por supuesto, el intento no sale bien, lo que da pie a situaciones totalmente inverosímiles pero desternillantes. El filme de VICENTE ARANDA es totalmente opuesto, pero absolutamente conmovedor: en los inicios de la Guerra Civil un grupo de mujeres anarquistas recluta a varias prostitutas y a una monja para que luchen contra el enemigo en campo abierto. Un grupo de mujeres lideradas por ANA BELÉN (me declaro fan absoluto) que exigían ser tratadas como los hombres, de igual a igual, y si tenían que morir en el campo de batalla, morirían como ellos, ni más ni menos.  Lamentablemente este tema queda lastrado por la lentitud de la película y algunos personajes difícilmente creíbles (MIGUEL BOSÉ y LOLES LEÓN, sí, estoy hablando de vosotros).

De otro grande de nuestro cine es una de las películas más emotivas y poderosas de esta temática: ¡AY, CARMELA! (1990), dirigida por CARLOS SAURA. En este drama, Carmela (la mejor CARMEN MAURA), Paulino (ANDRÉS PAJARES) y Gustavete (GABINO DIEGO) son tres cómicos que, hartos de pasar penurias en el frente intentando animar a los soldados republicanos con su espectáculo, deciden poner rumbo a Valencia. En el camino acaban por equivocación en zona nacional, donde son hechos prisioneros y se dan cuenta de que la única forma de sobrevivir es adaptar su representación a la ideología de sus carceleros, un espectáculo que no tiene el final que estos esperan.

Muy recomendables son también LA HORA DE LOS VALIENTES (ANTONIO MERCERO, 1998), sobre la evacuación de las obras de arte del Museo del Prado, DRAGON RAPIDE (JAIME CAMINO, 1986), sobre el avión que llevó a Franco desde las Islas Canarias al Marruecos español para reunirse con las tropas sublevadas, o EL VIAJE DE CAROL (IMANOL URIBE, 2002), película algo simplona y previsible en su contenido con momentáneas dosis de sensiblería, que cuenta la historia de Carol, interpretada por CLARA LAGO, una niña hija de padre estadounidense y madre española, que viaja a España por primera en su vida durante la guerra. En el pueblo de su madre vivirá aventuras que recordará para siempre, a la vez que se dará cuenta de cómo funciona el mundo de los adultos, con sus guerras y sus mentiras, pero también con su cariño y sabiduría.

 

LIBERTARIAS (VICENTE ARANDA, 1996)
LIBERTARIAS (VICENTE ARANDA, 1996)

 

Podríamos nombrar muchas más películas que tienen la Guerra Civil como escenario; sin embargo, es momento de ir al quid de la cuestión. Si vemos todas las películas nombradas (y más que no han sido recogidas en este artículo), nos damos cuenta de que casi la totalidad o la gran mayoría están vistas desde la perspectiva republicana, es decir, que ponen al bando republicano como la víctima de la contienda. Está claro que en la guerra hay tanto buenos como malos en todos los bandos, nunca un bando es la víctima total de otro. Pero uno se puede preguntar: ¿es realmente una casualidad esto? ¿Por qué actualmente no se ruedan películas desde el punto de vista nacional? Y si se hicieran, ¿tendrían éxito?

Si no se hacen películas desde la perspectiva de ambos bandos (e imaginárselo resulta extraño), será quizás que el conflicto no se ha superado. Si no se puede tratar un tema con naturalidad, será que todavía está de algún modo vigente. Seguramente la culpa de todo esto la tenga el franquismo y su desmesurado orgullo español. Tanto alzamiento nacional y tanto ensalzamiento del patriotismo español han dejado como consecuencia que sentirse orgulloso de ser español y llevar sus símbolos sea visto como algo negativo y ya un poco pasado de moda, algo que no pega con la sociedad actual.

 

EL VIAJE DE CAROL (IMANOL URIBE, 2002)
EL VIAJE DE CAROL (IMANOL URIBE, 2002)

 

La historia, el saber qué pasó, cómo y por qué, es la mejor manera y más importante que una sociedad tiene de conocerse a sí misma, de conocer los errores que se cometieron para, entre otras cosas, poder evitar que se vuelvan a cometer. Que la Guerra Civil se trate en el arte, en la literatura y en lo que aquí nos ocupa, el cine, es vital, de gran importancia y muy provechoso, porque nos permite conocer historias que, de otra manera, seguramente no llegaríamos a conocer.

 

Al final de la película LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO, padre e hijo pasean por Madrid y tienen esta conversación:

¿Sabes, papá? Parece mentira. Antes de la guerra un día Pablo y yo paseábamos por aquí. Hablábamos de novelas, libros de guerra… Y en un momento nos pusimos a imaginar una batalla, ya sabes, aquí jugando. Los dos estábamos de acuerdo en que aquí nunca podía haber una guerra, figúrate.

Sí… se ve que todo puede ocurrir.

Y mamá que estaba tan contenta porque había llegado la paz.

Es que no ha llegado la paz, Luis, ha llegado la victoria.

 

 

Nacho B. Gutiérrez

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